OPINIÓN

La primavera venezolana

Las imágenes que llegan de Venezuela muestran los crímenes de un régimen despiadado pero también la determinación y la esperanza de todo un país. La primavera venezolana está en marcha, que el próximo muerto sea el comunismo.

La primavera venezolana.
La primavera venezolana. EFE

El vaso del hartazgo ciudadano se ha colmado ya en Venezuela. La Oposición —que, con honrosas excepciones, había exhibido durante años una pusilánime carencia de sangre en las venas— ha comenzado por fin a actuar. El régimen ha recrudecido la represión hasta niveles de preguerra civil. Al escribir estas líneas se aproxima a cuarenta la cifra de víctimas mortales, a varios centenares la de heridos y al millar la de detenidos sin las debidas garantías procesales en un país donde la Ley, incluso la “bolivariana”, ha dado paso de forma explícita a la mera voluntad del dictador y de la nomenklatura chavista. El estallido de indignación ha alcanzado hasta los últimos rincones del país y es transversal a edades, género y nivel socioeconómico. Constantemente nos llegan de Venezuela imágenes. Imágenes que valen por mil palabras y que provocan un millón, imágenes que dan la vuelta al mundo y se graban a fuego en la historia universal de la lucha por la libertad.

La imagen de una mujer frenando una tanqueta nos retrotrae a la plaza de Tian An Men en 1989. La de un manifestante desnudo sobre un blindado simboliza la desprotección de todo un país

La imagen icónica de una mujer frenando una tanqueta nos retrotrae a la plaza pequinesa de Tian An Men en 1989, con la duda de si Maduro habrá mandado ejecutar al conductor por no atropellarla, como sucedió en la capital china.

La imagen de un manifestante desnudo subiendo a un blindado simboliza la desprotección extrema de todo un país frente a la dictadura feroz, automática y gélida que tuvimos aquí al lado, en Europa del Este, hasta no hace tanto. 

La imagen de la universidad acordonada por escudos de antidisturbios que lanzan gas pimienta a los estudiantes recuerda demasiado a las carreras estudiantiles delante de los grises en las postrimerías del franquismo.

La imagen de los sicarios del chavismo esperando impacientes a que fallezca un manifestante moribundo, para cargarlo como un fardo en una motocicleta, resume la inhumanidad de un sistema que sustituye la razón por la fuerza, la acción humana por la mecánica del poder y al individuo por el “hombre nuevo” socialista: un ser alienado, un robot obediente, un número, un engranaje sin mente al servicio de la máquina totalitaria, una abeja más de la colmena. 

La Oposición debe ser consciente de que sólo vencerá con una auténtica primavera venezolana, como las que en algunos países europeos y árabes derribaron regímenes similares

La imagen del bailecillo simiesco de Nicolás Maduro tras ordenar una asamblea constituyente ilegal para culminar la estalinización del país, mientras se ve por la ventana cómo sus antidisturbios disparan sin piedad contra la población civil indefensa, expresa el cinismo impasible de un régimen delincuente que se ha colocado en situación de rebeldía contra el mundo y que ya ni siquiera se esfuerza en disimularlo.

La imagen de angustia de la familia de un preso político incomunicado sin motivación jurídica alguna, y la imagen del número dos del régimen presentando por sorpresa dudosas pruebas de vida, como el capo de una vulgar banda de secuestradores, señalan el infecto gulag en el que esta mafia ha convertido a Venezuela. 

La imagen digna y unánime de un parlamento acosado, que se resiste a que el chavismo sustituya su propia cartamagna por vaya usted a saber qué, y a que el país abandone ilegalmente la OEA y, con ella, los tratados de Derechos Humanos, iconiza el despertar torpe pero bienintencionado de una Oposición no exenta de culpa, porque durmió durante demasiado tiempo.

Las imágenes de un régimen desacreditado que intenta alzar su voz en un concierto internacional ahora ya completamente adverso, señalan la agonía del proyecto revolucionario venezolano. Y esa agonía es la de todo el llamado “socialismo del siglo XXI”, idéntico en realidad a las peores versiones del implantado en el XX. Si desaparece de la ecuación la Venezuela petrolera, habrá fracasado la última aventura exterior del castrismo, el último intento de armar un bloque neocomunista latinoamericano. Los experimentos de Bolivia, Ecuador, etcétera, pasarán a la historia como un exabrupto más del realismo mágico en su versión política, un exageración latina más, un movimiento pendular simétrico al de las juntas militares de extrema derecha de los setenta. Los extremos no es que se toquen, es que son uno solo.

En esta hora crucial de Venezuela, la Oposición debe ser consciente de que sólo vencerá si hace de este mayo una auténtica primavera venezolana, como las que en algunos países europeos y árabes lograron derribar regímenes similares al de Maduro. Caracas y el resto de grandes ciudades necesitan algo parecido al euromaidán de Kiev. No bastan las largas y vistosas manifestaciones cotidianas, se necesita una concentración permanente que ocupe los centros urbanos sin tregua y recupere para la ciudadanía, uno a uno, los edificios oficiales. Se necesita un cierre patronal indefinido y una huelga general, junto a una desobediencia civil que paralice el país impidiendo el cumplimiento de las órdenes del régimen. Hace falta valentía en el exilio venezolano para internacionalizar la visibilidad del problema actuando sobre sus embajadas y consulados. Es necesario poner a policías y soldados de parte de la ciudadanía para que el régimen se quede sin represores y para minimizar las bajas.

¿A quién representan Rajoy y Dastis? Prácticamente están aplicando la política exterior de Podemos. Nos están manchando a todos y están cubriéndose de ignominia

Y es preciso que la comunidad internacional actúe de una vez. De nuestro gobierno, en cambio, no espero mucho. ¿A quién representan Rajoy y Dastis? Prácticamente están aplicando la política exterior de Podemos. Nos están manchando a todos, están cubriéndose de ignominia y demuestran una vez más que el PP gobierna para los lobbies. Por cuatro multinacionales españolas presentes aún en Venezuela, están manteniendo a España ausente de esta crisis, pero luego bien que alardean del supuesto papel especial de España en América Latina, ejerciendo un paternalismo obsoleto que suele molestar. Los accionistas de empresas como Repsol y Telefónica deberían exigir a sus directivos una salida inmediata de Venezuela, no ya por solidaridad sino porque el riesgo es mayor que los posibles beneficios. Total, Maduro les puede quitar todo en cualquier momento. Ya confiscó la fábrica de General Motors, y esa empresa ya se ha marchado. ¿A qué esperan las empresas españolas?

A cien años de la Revolución Rusa, el comunismo sigue causando muerte y miseria. Venezuela merece salir de ese pozo. Con determinación puede conseguirlo. Que el próximo muerto sea el comunismo.


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