OPINIÓN

Mucho cuidado con Interpol

Una de las últimas barbaridades del Estado policial chino ha sido la persecución y arresto de doscientos cincuenta abogados que defendían a los ciudadanos en casos de violaciones de sus Derechos Humanos, y esto ha ocurrido justo bajo el mandato de Meng.

Meng en el atril de la reciente reunión de Bali.
Meng en el atril de la reciente reunión de Bali. J.P.

En general, los organismos internacionales solían ser bastante inocuos. Servían como cementerios de elefantes y como destinos de lujo para el exilio dorado de dirigentes políticos incómodos. Apenas algunos de ellos, como los de la Unión Europea, tenían verdadera vocación ejecutiva. Los demás, normalmente, carecían de poder auténtico, pasaban bastante desapercibidos y por lo tanto no generaban demasiado rechazo. Como mucho, provocaban un lógico gesto de desprecio entre los pocos ciudadanos conscientes de estar pagando todo ese despilfarro estéril y la vida regalada de sus prebostes.

Sin embargo, estamos asistiendo a un incremento de la fuerza de muchos de estos organismos. Los dos centenares de élites estatales que se tienen repartida la tierra firme del planeta, gran parte de los mares y hasta el espacio aéreo, han estrechado su colaboración para someternos y emplean para ello infinidad de organismos antes poco relevantes pero dotados hoy de mayores capacidades.

Un caso relevante es el de la OCDE, que se presentaba prácticamente como un centro de estudios. Como mucho, se percibía como un foro para el intercambio de información económica entre los países desarrollados y para la coordinación y estandarización de la misma. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la OCDE ha ido adquiriendo una autoridad cada vez mayor. Y la ha empleado para recortar la libertad económica, sobre todo mediante una cruzada tan salvaje como injusta contra los legítimos refugios fiscales. La siguiente fase ya se vislumbra: la proscripción del dinero en efectivo y la obligación de que todas las transacciones que realizamos pasen por el Gran Hermano estatal.

Otro caso de un organismo internacional reconvertido en tenaza liberticida puede ser, a partir de ahora, el de Interpol. Fundada en los años veinte, Interpol es una de las organizaciones más veteranas en el ámbito de la cooperación entre Estados, y también una de las menos cuestionadas por la sociedad civil. A fin de cuentas, se supone que se dedica a coordinar los esfuerzos de las policías nacionales para mejor combatir el delito, sobre todo cuando alcanza dimensiones de crimen organizado y atraviesa las fronteras estatales. Sin embargo, Interpol se ha visto cuestionada en el pasado por su colaboración extraoficial con los regímenes dictatoriales, al perseguir a presuntos delincuentes que en realidad eran disidentes o exiliados.

Interpol está comandada ahora por un militante formal del Partido Comunista, hasta ahora viceministro del Interior chino. No, no estamos ante un simple burócrata

En su reunión de Bali, celebrada hace once días, este organismo policial internacional ha cometido una imprudencia que debería pagar cara. Se trata del nombramiento de Meng Hongwei como presidente. El problema no es, por supuesto, que este señor sea chino. El problema es que se trata de un altísimo cargo del régimen sanguinario de su país, cuyo desempeño en materia de Derechos Humanos rivaliza con el de Corea del Norte por los últimos lugares de la tabla. Interpol ha pasado así a estar comandada por un militante formal del Partido Comunista, que desde los años setenta ha ostentado diversos cargos políticos, siempre en el área de la seguridad del Estado. El último de ellos ha sido nada menos que el de viceministro del Interior. No estamos ante un simple burócrata, sino ante un personaje siniestro que sin lugar a dudas utilizará su puesto al frente de las policías del mundo para reforzar, más allá de los intereses del régimen chino, la noción de unas sociedades humanas absolutamente vigiladas y controladas por el aparato de poder. Con Meng al frente de Interpol, estamos un paso más cerca de un Estado policial planetario.

Esto no puede ser casualidad. Es cierto que en estos organismos hay siempre un considerable politiqueo y un complejo cambalache de turnos y apoyos, pero este nombramiento sucede justo en el momento de mayor debilidad del estatismo como metaideología, acosado como está por la revolución de las tecnologías de la información, por el consiguiente empoderamiento del individuo y por su propia insostenibilidad económica, que ya es clamorosa. Y justo ahora, el club de Estados decide darle una vuelta de tuerca al control social a escala mundial, y coloca al frente de la cooperación interpolicial, qué coincidencia, al máximo cerebro de las cloacas de Interior del régimen chino.

El viejo sueño estatal es convertir Internet en una gran intranet, siempre en aras de nuestro bienestar y de nuestra seguridad, cómo no

Una de las últimas barbaridades del Estado policial chino ha sido la persecución y arresto de doscientos cincuenta abogados que defendían a los ciudadanos en casos de violaciones de sus Derechos Humanos, y esto ha ocurrido justo bajo el mandato de Meng, aunque concluyó unos meses antes de la cumbre de Bali, seguramente para evitar problemas de imagen que pudieran afectar al nombramiento. Pero, por supuesto, esto es una gota de agua en el océano de represión del régimen comunista, cuyo recurso sistemático a la pena de muerte pone los pelos de punta. Y como no podía ser de otra manera, también bajo el mandato de Meng se ha reforzardo hasta extremos inéditos la “seguridad informática”, es decir, el control de las comunicaciones de los ciudadanos chinos. El régimen de Beijing es creativo en este campo, y ahora falta saber si Meng compartirá generosamente su conocimiento en esta materia con el conjunto de Interpol, para hacer realidad el viejo sueño estatal de convertir Internet en una gran intranet, siempre en aras de nuestro bienestar y de nuestra seguridad, cómo no.

El estatismo, amenazado por la realidad, necesita reprimir más y mejor, y lógicamente acude a los expertos

Secretario adjunto del comité del partido único, Meng arengó hace apenas un par de años a la cúpula policial china para que antepusiera a cualquier otra consideración “la organización del Partido y nuestra ideología”. Las organizaciones de Derechos Humanos han cuestionado duramente el nombramiento de este destacado azote de disidentes. Amnistía Internacional ha expresado su preocupación por el más que probable uso de Interpol para la persecución mundial de exiliados chinos. Pero lo realmente grave es cómo los Estados “normales” no tienen el menos empacho en colocar a este esbirro del régimen comunista al frente de Interpol. Ah, y como jefe para Europa nos han puesto a Alexander Prokopchuk, de la policía de Putin. Otra coincidencia. El estatismo, amenazado por la realidad, necesita reprimir más y mejor. Y, claro, acude a los expertos. Convendrá estar alerta.


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