OPINIÓN

Hong Kong, veinte años bajo la bota china

Veinte años más tarde de una anexión indeseada, los ciudadanos de Hong Kong han logrado a duras penas mantener un marco de libertades civiles y personales constantemente amenazado por el régimen comunista chino. Y sobre todo, liderar el planeta entero en materia de libertad económica.

Hong Kong, veinte años bajo la bota china.
Hong Kong, veinte años bajo la bota china.

Hong Kong cumplió anteayer veinte años desde su entrega a la China comunista. Fue, como la de Macao, una cesión arbitraria e injusta porque no se consultó a la única parte del contencioso realmente legitimada para decidir: la población. Londres y Lisboa traspasaron los respectivos territorios a la fuerza, y no precisamente a Suiza sino a una terrible dictadura. Merece reconocerse, sin embargo, que Portugal se portó mucho mejor con los ciudadanos de Macao que Gran Bretaña con los de Hong Kong. Lisboa incluso otorgó la ciudadanía portuguesa a los habitantes de la colonia que lo solicitaron, y se calcula que un cuarto de la población aún mantiene la doble nacionalidad. Londres, en cambio, entregó maniatados a los habitantes de Hong Kong. Portugal, que mantuvo Macao dos años más, mandó inversiones y negoció duramente con China por el futuro bienestar de la población. Gran Bretaña mandó al príncipe Carlos a leerle a Jiang Zemin, en nombre de su madre, un discurso empalagoso sobre las grandezas de los dos Estados.

Hong Kong lidera el Índice de Libertad Económica, con casi noventa puntos sobre los cien posibles. En comparación, la España de Rajoy sigue en caída libre y ya no alcanza ni los sesenta y cuatro

El régimen de Beijing ha cumplido hasta ahora con la promesa de mantener durante medio siglo el sistema económico capitalista tal como exige la Ley Básica que el parlamento chino aprobó para la nueva Región Administrativa Especial, en cumplimiento del acuerdo de retrocesión firmado con Gran Bretaña. En realidad, la incorporación de Hong Kong y Macao sirvió al régimen para consolidar el camino hacia el modelo conocido como “un país, dos sistemas”, no sólo para suavizar la incorporación de esa colonia y de Macao, sino para facilitar una eventual anexión de la China aún libre (Taiwán) y, sobre todo, para justificar otras zonas económicas especiales. El régimen pretendía así, también, rebajar la presión exterior al presentarse como un país mixto donde hay zonas comunistas y zonas libres. 

Naturalmente, la asunción del capitalismo y su confinamiento a ciertas regiones, entrañaba ya por entonces un reconocimiento tan implícito como obvio del fracaso del sistema comunista. La potencia económica mundial que hoy es China se debe fundamentalmente al vibrante capitalismo de las zonas privilegiadas del país, y muy especialmente a Hong Kong. Esta región especial lidera el Índice de Libertad Económica del planeta entero, con casi noventa puntos sobre los cien posibles. En comparación, la España de Rajoy sigue en caída libre —pierde casi cinco puntos en un solo año— y ya no alcanza ni los sesenta y cuatro puntos, quedando clasificada sólo como “moderadamente libre”, por debajo de Albania, Rwanda o Vanuatu.

La asunción del capitalismo y su confinamiento a ciertas regiones de China entraña un reconocimiento tan implícito como obvio del fracaso del sistema comunista

Pero también debemos recordar que Hong Kong ya era así de libre, si no más, antes de su inclusión forzosa en un Estado comunista. No es exagerado afirmar que, hoy, Hong Kong es lo que es a pesar de China, que cada vez le pone más palos en la rueda. Aún lejana, la espada de Damocles que pende sobre Hong Kong es el final, en 2047, de las obligaciones inicialmente adquiridas por China, incluyendo la separación de poderes, la independencia total de la Justicia de Hong Kong frente a la continental, y el propio mantenimiento del sistema capitalista.

La semana pasada, el dictador chino Xi Jinping aterrizó en la ex colonia para conmemorar la anexión y se deshizo en elogios al modelo económico del territorio. Cabe preguntarse por qué no lo aplica, entonces, a todo el país. ¿O es que los demás chinos no merecen vivir en libertad económica? ¿O es que lo que funciona en unas zonas debe contenerse cuidadosamente, no sea que llegue a funcionar en todas?

Xi Jinping se deshizo en elogios al modelo de Hong Kong. Cabe preguntarse por qué no lo aplica, entonces, a todo el país. ¿Acaso los demás chinos no merecen libertad económica?

Para un régimen tan nacionalista como el de China, la anexión de Hong Kong fue una victoria política. No faltan quienes pretenden trazar paralelismos entre la ex colonia y los demás casos de reivindicación de un territorio dependiente por parte de un tercer Estado. Sin embargo, es necesario recordar que en Hong Kong existía una obligación jurídica de retrocesión asumida por la potencia administradora, por lo que el caso no es extrapolable. Y sin embargo, incluso con una obligación así, resulta de sentido común en la etapa contemporánea entender superior la legitimidad de la población afectada, criterio que debería guiar la resolución de cuantos contenciosos similares quedan por el mundo.

Singapur es un ejemplo de una ex colonia similar a Hong Kong, con una población china en sus tres cuartas partes, y donde la solución descolonizadora fue la más sensata en términos generales: la constitución de un microestado. El mundo que viene ya no puede ni debe ser el de los grandes Estados-nación omnipotentes sino el de las zonas y ciudades libres, el poder local y controlable, la competencia entre territorios, la libre asociación y desasociación territorial, la atomización de los viejos gigantes estatales.

No podemos seguir repitiendo el mantra de que a largo plazo la libertad comercial traerá a China las demás libertades. El largo plazo ya ha pasado y la China comunista sigue siendo una espantosa tiranía

Estos veinte años han visto el éxito de los ciudadanos de Hong Kong en su lucha por preservar su libertad económica —y la prosperidad inherente— ante las intromisiones chinas, pero también han visto un retroceso paulatino de las libertades personales y de los derechos civiles. China, que mantiene un fuerte destacamento militar en Hong Kong, se ha pasado estas dos décadas resistiéndose a implantar el sufragio universal y socavando los derechos civiles, contraviniendo así la Ley Básica. Sólo unas horas antes de la llegada de Xi Jinping, la policía china detenía a una treintena de activistas por la libertad política, para demostrar quién manda.

Es obvio que lo de “un país, dos sistemas” no se aplica fuera del ámbito estrictamente económico, y los occidentales ya no tenemos excusa para seguir repitiendo el viejo mantra de que a largo plazo la libertad comercial traerá a China las demás libertades. El largo plazo ya ha pasado y la China comunista sigue siendo una espantosa tiranía que tortura y mata a sus disidentes en todo el país menos en dos pequeñas regiones administrativas especiales que tolera, por ahora, como experimento y como válvula de escape. Y pese a ello, Hong Kong y Macao son dos de los lugares más prósperos del mundo porque, sencillamente, la libertad económica funciona y el comunismo no.


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