OPINIÓN

Gestación en libertad

El viernes tuvimos que encajar el golpe inesperado y durísimo que un comité asesor del gobierno asestó a la gestación subrogada. Más allá de la solidaridad con las familias afectadas, cabe reflexionar sobre la falta de ética que rezuma este nuevo liberticidio.

Gestación en libertad.
Gestación en libertad.

El viernes pasado, los ciudadanos preocupados por la Libertad tuvimos que encajar un duro golpe a manos de uno de tantos comités asesores del gobierno. En inglés se suele emplear la expresión death by committee para referirse a la práctica consistente en impedir algo llevándolo a un comité. Todo comité asesor sirve para eternizar un debate y terminar recomendando lo que le convenga a quien lo ha nombrado y paga la fiesta. No podía ser diferente el Comité de Bioética de España (CBE).

Hace poco, una iniciativa parlamentaria abordó la maternidad subrogada. Lo hizo de una manera tan moderada que resulta claramente insuficiente para encauzar la prestación del servicio con las debidas garantías para todas las partes. Además, la propuesta comete el típico error buenista de proscribir el lucro, al exigir que el servicio se preste gratuitamente (como si eso pudiera comprobarse). Incurre por lo tanto en un antijurídico juicio moral, pues la licitud de un acto es independiente de que las partes  decidan una contraprestación económica o de otra índole. El texto, presentado por Ciudadanos, rezuma colectivismo, ya sea por convicción propia o buscando suavizar la reacción de los demás partidos para obtener su apoyo. Sin embargo, para los estatistas liberticidas de la izquierda y de la derecha, incluso un texto tan moderado es excesivo. Los moralistas de ambos extremos del espectro ideológico convencional, aliados en esta cuestión como en tantas otras (drogas, prostitución, etcétera) parecen decididos a impedir incluso esta pequeña apertura a la gestación subrogada, y para ello han echado mano del comité correspondiente.

El CBE, cómo no, apela a la dignidad de la mujer y del niño, como si le correspondiera a él, o al Estado, decidir qué es digno y qué no lo es. Esa decisión corresponde a cada individuo

La nota de prensa del viernes no tiene desperdicio y, a mi juicio, constituye una infamia realmente deplorable. Lejos de permitir que las personas acuerden libremente la gestación de su hijo en nuestro país —cortando así de raíz los fraudes que puedan darse y las posibles dudas sobre la libertad de las prestadoras— el CBE pide al gobierno que impida a los ciudadanos españoles incluso acudir a este servicio en otros países. Para ello propone nada menos que perseguir a las agencias que intermedian entre las familias españolas y las posibles prestadoras del servicio.

Por si fuera poco, se considera a lo largo del comunicado la supuesta conveniencia de impedir la filiación de los hijos nacidos así. El CBE, que dice preocuparse por los niños, juega tranquilamente con la idea de dejarles sin padres legales, padres que, además, son normalmente los biológicos. Si este atropello jurídico llegara a cometerse, cursándose las instrucciones correspondientes a la administración consular, el resultado sería dramático para infinidad de parejas y de recién nacidos que se verían privados de la ciudadanía de sus padres. Sin embargo, tras considerar esta salvajada a lo largo de la nota de prensa, el CBE esconde la mano y se limita a recomendar una “transición” para que no queden desprotegidos los niños “resultantes de procesos de gestación subrogada”. Sólo la expresión empleada resulta ya denigrante. Los niños son niños, sus padres son los biológicos, y éstos, ante la imposibilidad de gestar de forma directa, han encargado esa función a una tercera persona, con pago o sin pago (lo cual es irrelevante). ¿Cómo puede un comité supuestamente dedicado a la ética incurrir precisamente en la falta de ética de instar al gobierno a perseguirles?

El único marco posible para la coexistencia entre éticas diversas es la Libertad, y ésta sólo puede limitarse allí donde el consenso para hacerlo resulta prácticamente general

El CBE apela a la manida “dignidad de la mujer y del niño”, como si le correspondiera a él, o al Estado, decidir qué es digno y qué no lo es. Esa decisión corresponde a cada individuo. La primera obligación de un órgano que se ocupa de la ética debería ser considerar las diferentes visiones de la misma. Llegará así a comprender la imposibilidad de compatibilizarlas y la necesidad, por tanto, de establecer —como único marco posible para la convivencia entre cosmovisiones divergentes—, un mínimo común denominador que no se incline hacia ninguna de ellas. Y no basta considerar la visión colectivista, en sus versiones marxista y conservadora-tradicionalista. Sería muy recomendable que los miembros de ese comité de ética leyeran también La ética de la Libertad, de Murray Rothbard, y tal vez llegaran a la conclusión obvia de que el único marco de coexistencia entre éticas enfrentadas es la Libertad. Ésta sólo puede limitarse allí donde el consenso es general (por ejemplo, ante el asesinato). En el caso de la gestación subrogada no se da ni mucho menos ese consenso, y sí se dan miles de situaciones particulares merecedoras de mucho más respeto que el mostrado por el CBE.

Ante este ataque injustificable de un comité gubernamental a las parejas que recurren a la gestación subrogada, conviene releer el artículo magistral de Juan Ramón Rallo sobre esta cuestión, publicado en este mismo periódico. Poco más puedo añadir porque suscribo cada punto y cada coma. Rallo concluía deseando que “la pinza entre reaccionarios y feministas fanatizadas no siga conculcando las libertades de millares de familias por mucho más tiempo”. Es muy triste que trece meses más tarde tengamos que asistir a este posicionamiento del CBE, que, no me cabe duda, responde a un encargo del gobierno para justificar alguna medida contra las familias afectadas.

La cooperación voluntaria entre una persona que necesita un servicio y otra que se lo puede prestar, sea a cambio de algo o no, es una fuerza que los burócratas no pueden detener

Pero más allá del dolor que siempre provoca el liberticidio irracional, y de la necesaria solidaridad con las víctimas de la incomprensión, que sólo buscan una salida legítima y racional a su problema, cabe una reflexión esperanzadora. La ciencia no se detiene en las fronteras nacionales ni en la pluma de los comités represivos. La gestación subrogada va a generalizarse como una opción legítima de las parejas con dificultades para procrear, como antes se generalizó la reproducción asistida. Todo este debate, como el del aborto, concluirá cuando la gestación en incubadora sea viable desde el principio. Entre tanto, no se pueden poner puertas al campo, y este intento de hacerlo fracasará como todos los anteriores. La cooperación voluntaria entre una persona que necesita un servicio y otra que se lo puede prestar, sea a cambio de algo o no, es una fuerza imposible de detener. La acción humana no responde a los comités de burócratas.


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