OPINIÓN

Fotografías contra la corrupción

Si realmente queremos acabar con la corrupción, hay que tener voluntad y fortalecer el sistema, mejorar la independencia judicial y tener una ley criminal eficiente. No 150 medidas propias para una bonita foto.

Mariano Rajoy y Albert Rivera una de las reuniones tras los comicios del 26J.
Mariano Rajoy y Albert Rivera una de las reuniones tras los comicios del 26J. EFE

El martes se cumplían más de 6 meses desde que PP y Ciudadanos firmaban el "pacto por la regeneración y contra la corrupción". El acuerdo contenía una serie de reformas como limitar mandatos, eliminar aforamientos, reducir indultos y reformar la ley electoral. Es cierto que estas medidas son positivas para dotar de mayor salud democrática a nuestro sistema, pero también son más propias para la foto, que de una verdadera necesidad para atajar y acabar con la lacra de la corrupción. ¿Y por qué? Porque ninguna de estas medidas ataja el verdadero origen para combatir la corrupción, que no es otro sino el de tener una eficiente ley criminal y una justicia realmente independiente.

No se trabajará realmente contra la corrupción, ni se acabará con ella, hasta que no exista una investigación criminal realmente ágil, y una judicatura totalmente blindada de injerencias políticas

No se trabajará realmente contra la corrupción, ni se acabará con ella, hasta que no exista una investigación criminal realmente ágil, y una judicatura totalmente blindada de injerencias políticas. Hablar de atajar la corrupción, con 150 medidas, sin actuar en la esencia de como erradicar el problema de ésta, no es más que un brindis al sol.

Para conseguir verdaderos resultados, existen dos pilares fundamentales que se deben reformar: la Ley Orgánica del Poder Judicial y la Ley de Enjuiciamiento Criminal. La primera, es la columna vertebral del ordenamiento jurídico, regula no sólo la cúpula de los jueces sino también los ascensos, destinos y sanciones dentro de la judicatura. Controlando la cabeza se controla el cuerpo y por ello, no podremos hablar realmente de lucha contra la corrupción hasta que nuestro sistema judicial este totalmente blindado como tercer poder del Estado. En segundo lugar, la Ley de Enjuiciamiento Criminal es una ley arcaica, lenta e ineficiente por sus tiempos y estructuras, que producen profundas disfuncionalidades en la investigación, y produce una profunda desigualdad jurídica entre Tribunales. 

En España quien investiga el delito, a diferencia de lo que se hace creer a la opinión pública, no es el juez sino la policía

En España quien investiga el delito -para bien o para mal- a diferencia de lo que se hace creer a la opinión pública, no es el juez sino la policía. Esta Ley limita el verdadero derecho a proponer toda la prueba necesaria para investigar al culpable o proteger a la víctima, lo que produce que en algunos casos los delitos queden impunes. Por último, esta Ley no merma la existente y terrible inseguridad jurídica que campa en ciertos Tribunales, donde lo que es delito en Málaga, puede no serlo en Madrid pero sí en Barcelona, resoluciones judiciales y arbitrariedad de criterios, que no dejan indiferentes.

La corrupción es un mal que lo contamina todo y hace que la ciudadanía se sienta súbdita de un sistema que la utiliza

Todas estas disfuncionalidades producen una terrible desafección y sentimiento de arbitrariedad hacia una justicia que debería ser lo más ciega posible en la aplicación de la Ley. Es cierto que el PP reformó el código penal, y la ley criminal, para intentar mermar el mal endémico que es la corrupción, sin embargo, estas medidas a pesar de haber sido necesarias, no son suficientes ya que el problema persiste debido a una falta verdadera de voluntad política para impedir esta lacra. La corrupción es un mal que lo contamina todo y hace que la ciudadanía se sienta súbdita de un sistema que la utiliza. La falta de soluciones nos lleva a fáciles populismos y al alza de tentaciones totalitarias.

Si realmente queremos acabar con la corrupción, hay que tener voluntad, y para ello es necesario fortalecer el sistema, mejorar la independencia judicial, tener una ley criminal eficiente, y no basta con 150 medidas propias para una bonita foto, y que no mejoran la realidad. Recordemos, "Cuánto más corrupto es el estado, más leyes tiene”, Tácito.


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