OPINIÓN

ETA quiere pasar su página negra sin hincar la rodilla

E.T.A. ha dejado constancia de la conocida vocación de los vascos a martirizarse entre sí y del etéreo comportamiento del PNV y de la propia sociedad vasca durante más de medio siglo, ejemplo de sociedad que, mayoritariamente, vivió y vive, como la catalana, en su propio microcosmos, pensando auténticamente como contrasociedad.

Los tres encapuchados que anunciaron el 20 de octubre de 2011 el 'cese definitivo' de la violencia.
Los tres encapuchados que anunciaron el 20 de octubre de 2011 el 'cese definitivo' de la violencia. EFE

Al otear los horizontes de los años de plomo, Mariano Rajoy e Íñigo Urkullu habrán comprobado que, tras el aterrador espectáculo dejado por E.T.A., los casi mil asesinados por la banda y el sufrimiento que hemos padecido las víctimas, no han servido para nada; para absolutamente nada.

E.T.A. ha dejado constancia de la conocida vocación de los vascos a martirizarse entre sí y del etéreo comportamiento del PNV y de la propia sociedad vasca durante más de medio siglo

E.T.A. ha dejado constancia de la conocida vocación de los vascos a martirizarse entre sí y del etéreo comportamiento del PNV y de la propia sociedad vasca durante más de medio siglo, ejemplo de sociedad que, mayoritariamente, vivió y vive, como la catalana, en su propio microcosmos, pensando auténticamente como contrasociedad.

¿Cómo pasamos ahora esa página negra? ¿A la ligera, con dignidad, perdonando, exigiendo más justicia, mirando a las familias de los presos de E.T.A., mirándonos sólo a nosotros, las víctimas, o a todos a la vez? ¿Lo arreglamos entre nosotros los vascos o dejamos que lo arreglen Mariano, Soraya y Urkullu, al fin y al cabo nuestros empleados públicos, como se les llamaba a los políticos en el País Vasco durante el siglo XIX?

De la Europa desarmada y descompuesta de 1919 surgió la necesidad de buscar al hombre nuevo capaz de reconstruir sobre el odio. Pero quienes podían prestarse a aquella ardua tarea eran aún hombres antiguos

De la Europa desarmada y descompuesta de 1919 surgió la necesidad de buscar al hombre nuevo capaz de reconstruir sobre el odio. Pero quienes podían prestarse a aquella ardua tarea eran aún hombres antiguos, implicados en la Gran Guerra, manchados con el barro de las trincheras. La sociedad europea no se hallaba en condiciones de cicatrizar las heridas ni de buscar al hombre nuevo, capaz de reconciliarla con ella misma. Algo parecido ocurre hoy con nuestros dirigentes politicos en el País Vasco. Casi todos ellos, con mayor o menor responsabilidad, están manchados con el barro de las viejas trincheras.

Cuando todo esté clarificado, cuando sepamos quienes asesinaron a nuestros muertos –hay más de trescientos casos sin resolver, entre ellos el de nuestro padre–, entonces podremos decir como Morrie a Mitch en "Martes con mi viejo profesor": "No tiene sentido guardarse la venganza ni el odio. Está bien. Hemos vivido esa [terrible] emoción. Reconozco esa emoción. Ahora necesito desligarme de esa emoción por un momento”.

Cuando nos devolvieron su cadáver introducido en un saco de plástico para protegerlo de las intensas lluvias de aquellos días, devolvieron el rosario, pero se quedaron con su reloj

Antes de que el Estado se precipite a proclamar que su fortaleza le permite hacer uso de la generosidad, pediríamos a Iñigo Urkullu que, cuando el 8 de abril, día del desarme de E.T.A,. hable con los antiguos asesinos, les pregunte por el reloj de nuestro padre.

Cuando nos devolvieron su cadáver introducido en un saco de plástico para protegerlo de las intensas lluvias de aquellos días, devolvieron el rosario, pero se quedaron con su reloj. Era un reloj que todosmirábamos con admiración. Había sido el regalo de nuestro abuelo por terminar, con buenas notas, la carrera de Derecho.

Ojalá que Urkullu, que apadrina el desarme de E.T.A., acierte en sus decisiones. Ha demostrado ser un hombre prudente y realista. Únicamente le diría que es preferible guiarse por la inteligencia que por los ideales. 

(*) Javier Ybarra Ybarra es autor de “Nosotros los Ybarra”


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