OPINIÓN

La parábola del mal ladrón

Mientras en la Europa veterana se disipa la amenaza de la izquierda totalitaria, con un laborismo británico renqueante y un socialismo francés en graves apuros, en España renace el populismo de izquierdas.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, antes de su intervención en la tercera sesión del debate de investidura.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, antes de su intervención en la tercera sesión del debate de investidura. EFE/JuanJo Martín

España es especialista en cogérsela con papel de fumar tras años de vergonzante desidia. Cuando en 2015 Pablo Iglesias se personó cual Gil de las Calzas Verdes en la escena política española, traía como carta de presentación un eximio argumento que incendió el proscenio: los partidos nacionales son una estirpe infecta que ha condenado a España al fracaso. No es ningún diamante metafísico, efectivamente, pero la detonación de “la casta” fue tal que todavía ‒desde Antonio Escohotado hasta Enrique de Diego‒ le disputan la autoría. El mérito de Pablo Iglesias fue situarse fuera de la élite política y decir la verdad, cosa que hasta entonces no había hecho nadie (y pocos osan todavía).

Crónica de un robo anunciado

En la España que había logrado estrenar el siglo XXI con el franquismo subconsciente y el clasismo intactos, el discurso de la casta cayó como una bomba. Los corresponsales internacionales cayeron rendidos a los pies de Pablo Iglesias, el upstartleftist con nombre de patriarca socialista que bautizó su formación anticapitalista radical con una españolización del “Yes, We Can” de Obama, presidente del país más capitalista del mundo. Esta incoherencia no es la única lastra de este madrileño de 38 años que ha sacudido los cimientos de la política nacional. La extrema izquierda española siempre ha compartido con el dictador Franco su proyecto de España como país desconectado y con normas diferentes a las del resto del planeta. En 2014 en una conferencia organizada por las Juventudes Comunistas Pablo Iglesias adoctrinaba a sus oyentes explicando que “la palabra democracia mola y habrá que disputársela al enemigo. Pero no hay quien venda que la palabra dictadura mola”.

Iglesias ha logrado vender la dictadura como democracia a cinco millones de personas

Dos años después Iglesias ha logrado vender la dictadura como democracia a cinco millones de personas, aterrizando en el Congreso con 71 escaños y con las mismas ganas de incordiar. La quiebra del socialismo español que nos lega Pedro Sánchez había dejado temporalmente vacante el flanco izquierdo del bipartidismo español. El PSOE, tras pasar meses deshojando la margarita esquizofrénica de su crisis de identidad, podía haber abandonado su papel de diva y ocupar el puesto de la oposición responsable de un país occidental. El jueves 27 Pablo Iglesias despejó en el Congreso las dudas que pudieran quedar sobre esa plaza vacante. Con un PSOE noqueado y grogui, el novato Podemos ha dado un empellón macarra a la izquierda tradicional, usurpando su lugar sin miramientos y tratando de tú a la derecha gobernante, que ha ganado dos elecciones generales precisamente como autoproclamada salvaguarda anticomunista.

¿Por qué existe Podemos?

Mientras en la Europa veterana se disipa la amenaza de la izquierda totalitaria, con un laborismo británico renqueante y un socialismo francés en graves apuros, en España renace el populismo de izquierdas, oreado por el descontento que genera el terco segundo puesto en el escalafón del paro europeo. En 2007 fracasaron los mecanismos institucionales que hubieran podido frenar la crisis que Zapatero llamaba “desaceleración”, una recesión grave cuyos efectos aún colean: 20% de desempleo y 44% de desempleo juvenil. Esta es la explicación del rápido crecimiento e implantación del partido Podemos, que no tiene homólogos de su tamaño en las democracias veteranas europeas.

Nadie parece haber reparado en que mientras acusa a sus congéneres de ladrones, Pablo Iglesias ha robado por birlibirloque el lugar de la izquierda española

Como sucedió en el siglo XX de los fascismos y los marxismos, de nuevo en el XXI el desempleo enfurece a sectores amplios de la población. La energía política española se perderá estos días en insultar a Pablo Iglesias por haber inaugurado la legislatura hablando de los “delincuentes potenciales” que hay en el Congreso. La meta principal de los partidos españoles debe ser la contención del paro. El Partido Popular de Mariano Rajoy abandonó todo su programa político ‒que le dio una mayoría absoluta holgada‒ para dedicarse a la crisis, pero tras cuatro años el paro continúa en cotas dolorosamente elevadas en comparación con Alemania, Reino Unido, e incluso Francia o Italia.

Gestas fue uno de los dos delincuentes crucificados junto a Jesús. Conocido como el Mal Ladrón, insultó a Jesús y no se arrepintió de sus pecados como hizo el otro malhechor, el Buen Ladrón ‒San Dimas‒ recompensado con el paraíso. Nadie parece haber reparado en que mientras acusa a sus congéneres de ladrones, Pablo Iglesias −¿nombre anunciador del escarnio o astuta pantalla?− ha robado por birlibirloque el lugar de la izquierda española.


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