La tribuna de Gabriela Bustelo

Dioses y monstruos

El primer recuerdo religioso es con frecuencia un acto litúrgico cuya teatralidad ha quedado grabada en la tierna tabula rasa del cerebro infantil. Los encuentros iniciáticos con la religión pueden ser –dependiendo del entorno socioeducativo de cada cual–, positivos o negativos, aislados o reiterativos, indiferentes o determinantes. Mi primer recuerdo religioso es una escena que sucedió en Estados Unidos a comienzos de los años setenta. Un funeral en una iglesia episcopaliana con las filas delanteras ocupadas por familias negras y cuyos asistentes nos levantamos para cantar llorando el Let It Be de los Beatles. En el colegio estadounidense donde yo estudiaba entonces –a los diez años–, un niño había matado, sin querer, obviamente, a su hermano con una escopeta de balines. Recordaré mientras viva a los alumnos, los profesores y los padres sobrecogidos ante la trágica muerte de aquel niño negro. El colegio episcopaliano se llama Saint Patrick’s y está en un barrio céntrico de Washington DC, cerca del edificio Watergate. (Es interesante puntualizar que la población de la capital estadounidense ha sido mayoritariamente negra hasta la segunda década del siglo XXI, cuando por primera vez quedó por debajo del 50%.)

Maneras de creer

De las confesiones cristianas que coexisten en Estados Unidos, una de las más antiguas es la episcopaliana. Fundada por los colonos anglicanos en Filadelfia a finales del XVIII, hoy tiene unos tres millones de fieles por todo el país. El anglicanismo lo llevaron a Norteamérica los pilgrims –peregrinos– asentados en Virginia a principios del XVII. La mayoría de los firmantes de la Declaración de Independencia estadounidense eran anglicanos. Cuando las colonias se independizaron, la congregación anglicana rompió lazos con sus orígenes británicos y fundó una orden propia. Hoy la Iglesia episcopaliana es independiente y se define como “protestante, pero católica”. La primera mujer obispo de la congregación, la reverenda Barbara C. Harris, fue consagrada en 1989.

En 2015 un juez del Tribunal Supremo de Nueva Jersey desestimó la denuncia de un estudiante no creyente que se consideraba discriminado por la mención de Dios

Una nación indivisible ante Dios

La religión episcopaliana es una de las muchas religiones que conviven pacíficamente en Estados Unidos con las minorías agnósticas y no creyentes. Un 70% de la población se considera cristiana (50% protestante y 20% católica). El resto de las religiones, incluyendo judaísmo, budismo, islam e hinduismo, suman un 6% del total. En los colegios del país lo primero que hacen por la mañana los niños de todas las razas y confesiones es ponerse en pie con la mano sobre el corazón –como hacía yo en mis primeros años del Saint Patrick’s– y jurar lealtad a una nación ante Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos. La mención de Dios se incluyó a mediados del siglo XX y genera polémica desde entonces. En 2015 un juez del Tribunal Supremo de Nueva Jersey desestimó la denuncia de un estudiante no creyente que se consideraba discriminado por la mención de Dios, dictaminando que “De acuerdo con nuestra tradición histórica, eliminar las palabras ‘ante Dios’ de la conciencia nacional sería tan imposible como eliminar las palabras ‘En Dios confiamos’ de todas las monedas del país, o las palabras ‘Con la ayuda de Dios’ de todos los juramentos presidenciales desde 1789, o de la oración con que se han inaugurado todas las sesiones del Congreso desde 1787”.

Religión organizada versus Religión individual

En efecto, Estados Unidos es un país profundamente religioso, pero que traza una clara línea de separación entre religión y política. En 1969, la Unión por las Libertades Civiles impidió la colocación de un belén navideño en el parque de la Elipse de Washington DC, alegando que la financiación gubernamental de este símbolo cristiano violaba la separación entre iglesia y estado. Desde entonces se ha evitado en todo el país la colocación de símbolos religiosos en espacios comunes gestionados por organismos públicos. El atentado del 11 de septiembre abrió el debate sobre religión organizada versus religión individual. Según los últimos sondeos, cada vez es mayor el número de estadounidenses que emplea el adjetivo “espiritual” para definirse, rechazando explícitamente formar parte de ninguna organización religiosa. Es decir, estos estadounidenses –cristianos en su mayoría– creen en Dios sin ir a misa ni considerar necesaria la Iglesia (católica, anglicana, episcopaliana, etc.). Conforme avance el siglo XXI es previsible que en los países occidentales continúe esta corriente de individualización de la religión. La campaña letal del Estado Islámico, con su flagrante manipulación política de la religión musulmana, servirá como acicate. El intento humano de explicar el cosmos convertido en cruzada y empleado como argumento asesino… ¡Qué cruel imbecilidad!


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