OPINIÓN

Cuentas pendientes para la economía española

El hecho de que el crecimiento del empleo y el PIB vayan prácticamente parejos es un indicio muy claro de que la mejora económica se está apoyando en actividades de escaso valor añadido. Es la hora de impulsar el empleo de calidad.

Cuentas pendientes para la economía española.
Cuentas pendientes para la economía española. Europa Press

El desempeño económico de España está siendo notablemente mejor del que esperábamos a comienzos de año. Así, la demanda interna está realizando una aportación notable al crecimiento, ya que el consumo privado se beneficia del renovado auge en el empleo, que está sorprendiendo con mucha fuerza, la facilidad de crédito propiciada por la política expansiva del BCE y factores como los bajos precios del petróleo; adicionalmente, empresas y administraciones públicas están acelerando su política de inversiones, reforzando el dinamismo de la demanda interna.

La reactivación del comercio mundial, dentro y fuera de la UE, ha dado un nuevo impulso al sector exterior español

Por otra parte, la reactivación del comercio mundial, dentro y fuera de la UE, ha dado un nuevo impulso al sector exterior español, que saca partido de las fuertes ganancias en competitividad conseguidas en los últimos años y que hacen que España sea uno de los pocos países de la OCDE que consigue mejorar su cuota de mercado en el comercio mundial. Además, los temores de comienzos de año en relación a un eventual encarecimiento abrupto de los tipos de interés en Europa y de una fuerte subida precio del crudo no han llegado a materializarse. Por todo lo anterior, hemos revisado al alza nuestra previsión de crecimiento para 2017 hasta el 3,1%, y, como señalamos en nuestro último boletín trimestral de coyuntura FOCUS, estamos convencidos de que la expansión económica va a continuar con fuerza en los meses venideros, con excelentes perspectivas para 2018. Sin embargo, eso no significa que no haya cuentas pendientes en nuestra economía. Y la buena situación económica representa una gran oportunidad para abordarlas. A continuación, vamos a repasar algunas de las cuentas pendientes de España sobre las que, a nuestro juicio, convendría actuar con la diligencia debida.

Esto es más que evidente en el caso del desequilibrio de las cuentas públicas. No esperamos que España pueda salir del protocolo de déficit excesivo de la UE antes del año que viene y nuestra previsión inicial es que este año se incumplirá el objetivo de déficit pactado con Bruselas del 3,1%, aunque la mejora de la economía puede ayudar mucho a acercarse a esa meta. En todo caso, la deuda pública española ronda el 100% del PIB. Cada año, el Estado se ve obligado a desembolsar más de 30.000 millones de euros para satisfacer el servicio de la deuda, prácticamente el doble que antes de la crisis, a pesar de que los tipos de interés están a cero y de que el Tesoro ha logrado colocar algunas emisiones de corto plazo a tipos negativos. Por hacernos una idea de las dimensiones de estas exigencias, la partida contemplada en los Presupuestos Generales del Estado para 2017 en materia de prestaciones a los desempleados es de 18.318 millones de euros. A la luz de estos datos, queda claro que la consolidación de las cuentas públicas no es un dogma caprichoso impuesto por burócratas, sino una obligación real.

España debe seguir emitiendo al mercado señales de fortaleza ante el exceso de endeudamiento público que se extiende a nivel mundial

Y además perentoria, pues España debe seguir emitiendo al mercado señales de fortaleza ante el exceso de endeudamiento público que se extiende a nivel mundial. En la UE hay hasta 16 países con un volumen de deuda pública por encima del 60% del PIB, que es el límite que los propios socios de la Unión se han marcado como frontera para unas cuentas públicas sostenibles. No es solo la amplia mayoría de la UE, sino que además este conjunto de países representa prácticamente el 90% del PIB europeo. Los mercados son conscientes de esta fragilidad y es un hecho que el sistema financiero global está altamente interconectado. El nerviosismo que pueda introducir en el sector un Brexit de derroteros ahora más difusos que nunca o las nuevas ambiciones proteccionistas de EE UU puede contagiarse con rapidez. Los bancos centrales tendrían entonces que emplearse a fondo para moderar los tipos de interés, pero, sin duda, los menos afectados serán aquellos países que transmitan al mercado una clara sensación de solidez.  

Una de las claves para dicha fortaleza reside en la salud del mercado laboral. El panorama ha cambiado a ojos vista a lo largo de los últimos tres años. La creación de empleo es una excelente noticia que además se retroalimenta, ya que el consumo no solo depende de la renta disponible, sino también del factor psicológico de las expectativas de los consumidores y cuanto más empleo haya, mejores serán dichas expectativas. Pero como venimos señalando desde hace mucho tiempo, el hecho de que el crecimiento del empleo y el PIB vayan prácticamente parejos es un indicio muy claro de que la mejora económica se está apoyando en actividades de escaso valor añadido. Es la hora de impulsar el empleo de calidad. Por otra parte, la última encuesta de la EPA revela que el número de parados es de 4,25 millones de personas, más de dos millones por encima de los que había hace 10 años. Un dato de especial relevancia es que el 37% de estos (casi 1,6 millones) son mayores de 45 años, más del triple que en 2007. Se trata de personas que van a tener más dificultades de reengancharse al mercado laboral, especialmente en esta era de la economía digital, que está acelerando el ritmo de la actividad y la destrucción de determinados tipos de empleos. En suma, es muchísimo lo que queda todavía por mejorar en el mercado laboral, con especial incidencia en el empleo de calidad y la empleabilidad de los trabajadores.

Las empresas españolas han hecho un enorme esfuerzo de internacionalización

Y el camino para avanzar en esa dirección pasa por la transformación del modelo económico. Las empresas españolas han hecho un enorme esfuerzo de internacionalización. Cabe llamar la atención sobre el sector de bienes exportables, cuyo buen comportamiento ha hecho posible que “solo” hayamos tenido una década perdida en términos de PIB en lugar de un periodo aún más largo. Es cierto que los datos récord del turismo son un motivo de alegría, si bien presenta no pocos desafíos y máxime en un entorno de incipiente sequía como el actual, pero es en el sector exterior de la industria de bienes y servicios donde convendría apoyarse para conseguir un modelo económico más robusto.

En este sentido, otra de las cuentas pendientes de especial relevancia de la economía española radica en la necesidad de avanzar en la reducción de la dependencia del tejido empresarial de la financiación exclusivamente bancaria. Es una tarea harto difícil en una economía en la que, según datos del Ministerio de Industria, las microempresas representan prácticamente el 96% del  total de empresas. Sin embargo, los últimos acontecimientos vividos en el sector bancario ponen de manifiesto lo positivo que sería avanzar en esta línea, tanto para las empresas como para la propia banca, que vería así reducidas las exigencias de capital derivadas del nivel de riesgo de sus activos.

Estos son solo algunos de los asuntos pendientes de una economía que está evolucionando considerablemente bien. Como señalábamos al principio, razón de más para evitar cualquier actitud contemplativa y aprovechar las buenas circunstancias para abordar con mayor comodidad y facilidad los retos que aún están por resolver.


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