OPINIÓN

Tampoco hace falta que los banqueros canten

Quien hoy se hace el tonto para ver si le reintegran una inversión fallida es porque sabe que muchos responsables bancarios se hicieron antes los tontos para vender productos complejos a personas que ni los entendían ni los podían entender.

María Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter.
María Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter. Bankinter.com

Hace unos días la consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, mostraba su preocupación porque la imagen del sector bancario sea tan mala y consideraba un despropósito que se les crea perversos por naturaleza. Su expresión “no somos los banqueros de Mary Poppins” triunfó en los titulares.

Tiene razón Dancausa cuando dice que la banca española ha hecho una profunda reconversión, pero resulta evidente que ha sido un cambio motivado por la crisis, no por la voluntad

Tiene razón Dancausa cuando dice que la banca española ha hecho una profunda reconversión, pero resulta evidente que ha sido un cambio también traumático, motivado por la crisis, no por la voluntad. La percepción pública de que ha habido ese gran cambio que reivindica la jefa de Bankinter no será inmediata. Llevará su tiempo y mientras llega, habrá de convivir con la imagen negativa que arrastra el sector bancario en la opinión pública y publicada.

La ardiente actualidad de las cláusulas suelo, las preferentes, las indemnizaciones millonarias, las hipotecas multidivisa y la sentencia que declara abusivo cargar al cliente los gastos de tramitación de las hipotecas hacen volver la vista casi a diario sobre unas prácticas que fueron justas causantes de esa mala prensa que tanto irrita ahora, pero que no debería sorprender.

Para que un sector tenga una imagen no ya buena, sino normal, lo mejor es que se comporte como un sector normal

Para que un sector tenga una imagen no ya buena, sino -digamos- normal, lo mejor es que se comporte como un sector normal, en donde el trato con los clientes no se base en abusos de posición, en donde se expliquen con honestidad las características de lo que se vende y en donde se haga entender al cliente lo que compra y lo que no puede comprar.

Quien hoy se hace el tonto para ver si le reintegran una inversión fallida es porque sabe que muchos responsables bancarios se hicieron antes los tontos para vender productos complejos a personas que ellos sabían perfectamente que ni los entendían ni los podían entender, pero la presión comercial y los objetivos trimestrales mandaban. Todo se fiaba a la burbuja que haría crecer el valor rápida e indefinidamente. Cuántos profesionales de la banca no pensarían en su cama, con la luz ya apagada, “esto nos va a estallar cualquier día”

El camino para que la banca recupere la confianza de la gente pasa porque al entrar en una oficina tengamos la sensación de que nos van a tratar como a adultos, que nos dirán sí a algunas cosas y a otras no y nos razonarán tanto lo uno como lo otro. Pasa también porque los clientes entendamos que son profesionales de un negocio con la legítima expectativa de ganar dinero pero que eso no lo hacen siempre trasladándonos el riesgo entero a nosotros. La decisión de Bankia de devolver “de oficio” las cláusulas suelo apunta buenas maneras en este sentido.

No faltan quienes, incluso desde dentro de la propia banca, dudan de que ellos mismos sean capaces de evitar la tentación cuando esta les asalte de nuevo

De momento no estamos del todo seguros, el recelo sigue ahí y no faltan quienes, incluso desde dentro de la propia banca, dudan de que ellos mismos sean capaces de evitar la tentación cuando esta les asalte de nuevo. Así lo expresaba hace unos días el director general adjunto del Santander en un alarde de sorprendente sinceridad: “volveremos a cometer los mismos errores. La avaricia acabará pudiendo con la prudencia”.

Esperemos que no sea así, que no volvamos a las andadas y que la imagen de la banca mejore porque se haya creado un entorno razonable y cabal, donde la relación con los clientes se apoye en la seriedad, la verdad (toda la verdad) la profesionalidad y la claridad.

Por tanto, para mejorar la imagen de su sector, tampoco va a hacer falta que los banqueros canten, como hacían los de Mary Poppins, pero sí convendría que no prometiesen, como también hacían aquellos, “por solo dos peniques … trenes en África, saltos en Brasil, transatlánticos y canales donde se cobra por pasar” porque eso no es “financiar los sueños de la gente”, como decía Dancausa, sino alimentar delirios e hinchar burbujas.


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