OPINIÓN

Los dos espejismos de las primarias del PSOE

Tras una campaña electoral interna que se anuncia jugosa informativamente, sabremos quién será el próximo secretario o Secretaría General, pero quedará pendiente saber cuál va a ser de verdad la senda que el PSOE emprenderá para encarar su futuro.

Pedro Sánchez, y la presidenta andaluza, Susana Díaz.
Pedro Sánchez, y la presidenta andaluza, Susana Díaz. EFE

Por fin la carrera por la secretaría general del PSOE ha comenzado de verdad. La multitudinaria presentación de Susana Díaz en IFEMA ha abierto definitivamente las hostilidades. Y no es una frase hecha: las reacciones en las redes internas socialistas han pasado de calientes a incendiarias, de ahí lo de hostilidades. 

Sin embargo, el futuro del PSOE que decidirán sus militantes el próximo 21 de mayo es solo el más inmediato. Tras una campaña electoral interna que se anuncia jugosa informativamente, sabremos quién será el próximo secretario o Secretaría General, pero quedará pendiente saber cuál va a ser de verdad la senda que el PSOE emprenderá para encarar su futuro en una sociedad que ha cambiado mucho y que cambiará aún más.

Aunque todo el mundo apela a la militancia, lo que se decide en estas primarias es cuál va a ser la estructura de mando en el PSOE

Aunque todo el mundo apela a la militancia, lo que se decide en estas primarias es cuál va a ser la estructura de mando en el PSOE o, mejor dicho, cómo van a convivir la compleja estructura territorial que eligen los militantes, con la máxima dirección nacional que ahora también eligen los militantes. Justamente en esa doble legitimidad, paradójicamente sustentada en el mismo cuerpo electoral, está la contradicción que desgarra a los socialistas.

Si a esa tensión añadimos los malísimos resultados electorales obtenidos y la dificultad para asimilarlos que ha padecido esa misma militancia, tenemos todos los ingredientes para el conflicto que vive el todavía primer partido de la oposición.

Pero volviendo a lo que queda pendiente, que es la actualización del funcionamiento y del mensaje del PSOE, sospecho que tendremos que seguir esperando a que todo este proceso de primarias y congreso termine.

El atajo rápido que propone Sánchez hacia un partido rejuvenecido, dinámico en las redes sociales y dotado de un hiperliderazgo personal sin demasiados controles, choca con el largo y lento camino que defiende Susana Díaz

El atajo rápido que propone Sánchez hacia un partido rejuvenecido, dinámico en las redes sociales y dotado de un hiperliderazgo personal sin demasiados controles, choca con el largo y lento camino que defiende Susana Díaz, que reivindica el valor y los éxitos del PSOE de siempre, el de la Casa del Pueblo local y el de la cadena de mando que sustenta el mucho poder institucional que tienen los socialistas.

Estas dos posiciones aparentemente tan nítidas esconden, sin embargo, dos espejismos que no deben confundirnos. Si Sánchez incide con tanta vehemencia en la modernización y renovación del PSOE y en su adaptación al siglo XXI es, sobre todo, porque sabe que su contrincante principal es percibida como la heredera de lo tradicional, por eso él busca para sí el posicionamiento contrario, el de atractivo líder del nuevo PSOE, más izquierdista y asambleario que lo que era mientras efectivamente él mismo fue su Secretario General.

Susana, por su parte, sabe muy bien que quienes van a votar en estas primarias no son los periodistas ni los ciudadanos ni, menos aún, los ruidosos twiteros, sino los militantes del PSOE con carnet y al día de cuotas. Por eso no perderá el tiempo ahora tratando de cautivar a los votantes o simpatizantes ideológicamente periféricos. Lo que no debería hacernos pensar que no vaya a hacerlo cuando ya haya ganado.

Será cuando esto acabe cuando empecemos a saber si uno era tan moderno y asambleario como parecía o si la otra era tan tradicional y continuista como aparenta

Así que, para no perdernos en los tópicos, mejor que no olvidemos que esta no es una campaña electoral dirigida a la ciudadanía y que la simpática modernidad de uno contra la orgullosa tradición de la otra tienen mucho de decisión de marketing interno.

Será cuando esto acabe cuando empecemos a saber si uno era tan moderno y asambleario como parecía o si la otra era tan tradicional y continuista como aparenta. Eso, si el PSOE no salta por los aires en medio de este huracán en el que se ha metido.


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