OPINIÓN

Urnas sorpresa

Se ve que el vértigo del cambio ya no está solo en la tecnología y en el software y ha llegado a las urnas.

Urnas sorpresa.
Urnas sorpresa. EFE

No se preocupen que no voy a aburrirles más hablando de Cataluña, ni de Guardiola. No hablo de esas urnas de cartón aún ni compradas. Me refiero a la reiterada costumbre que en los últimos tiempos están mostrando las urnas (o sea, los votantes) de desmentir con rotundidad todas las previsiones “razonables” que se hacen en torno a los posibles resultados de cualquier elección o refrendo. Por avaladas que parezcan estar por la demoscopia, los influencers o los más rancios y solventes tertulianos.

El último batacazo se lo ha dado Theresa May. Creyendo que una mayoría absoluta como la que tenía no le valdría para encarar el Brexit se lanzó a unas elecciones muy anticipadas, convencida –le dijeron- de que iba a arrasar. Que podría presentarse en Bruselas el próximo lunes “ruling the wawes”, pertrechada de una aplastante mayoría contra la fuerza de la Unión. El resultado ha sido que ya no tiene esa mayoría y veremos cómo y con qué armada se presenta el día 19 ante los líderes europeos ¡Esas urnas!

El propio Brexit fue una enorme sorpresa deparada también por las urnas británicas, contra todo lo que parecía previsible

El propio Brexit fue una enorme sorpresa deparada también por las urnas británicas, contra todo lo que parecía previsible. A Cameron también le habían informado mal, casi tan mal como al americano Rick cuando le recomendaron “tomar las aguas” en Casablanca.

Hablando de americanos; ya nos hemos acostumbrado a ver a Trump de presidente, pero no hace tanto que Jeb Bush, Chris Christie, Ted Cruz o Marco Rubio sonaban como candidatos republicanos más creíbles que el excéntrico millonario que finalmente les ganó a todos ellos, como hizo con la que partía como indiscutible ganadora: Hillary Clinton ¿Qué sorpresa, verdad?

También a aquel lado del océano el resultado del referéndum colombiano de paz nos trajo un inesperado sobresalto. Nadie lo demostraba mejor que los consternados enviados especiales que habían ido a Bogotá para cubrir en vivo el momento histórico que no fue tal ¡qué caras!

Ya dentro de casa hemos visto el reciente asombro del PSOE de siempre, que no creyó posible ni de lejos que Sánchez se hiciera con la victoria

Ya dentro de casa hemos visto el reciente asombro del PSOE de siempre, que no creyó posible ni de lejos que Sánchez se hiciera con la victoria como, sin embargo, ocurrió. Un mazazo que recordaba al que recibió PODEMOS en las últimas Elecciones Generales y cuyas consecuencias da la impresión que el compañero de viaje Alberto Garzón empieza a entender justo ahora.

Por último, el desembarco de Emmanuel Macron en el Elíseo, arrasando con los partidos tradicionales, sorprendió, y mucho, por su rotundidad, máxime con un líder que había formado parte del establishment hasta hacía bien poco. Tan poco como el tiempo de vida de su partido/movimiento “En Marche” que acaba de pasar brillantísimamente la reválida en la primera vuelta de las legislativas francesas.

Excuso decir que a muchos de los finos analistas (entre los que no me incluyo) que vaticinaban con gran autoridad lo contrario de lo sucedido, les sobran ahora argumentos y datos para explicar con profundidad y detalle cómo de inevitable era eso que antes de ocurrir ni se olieron.

Es como si, de pronto, se hubiera producido una rebelión contra los pronósticos, contra los listos, contra los denostados expertos

En Alemania las primeras estimaciones sobre el duelo Merkel/Schulz, que parecían impulsar fuertemente al socialdemócrata, se desinflaron en cuanto se abrieron las urnas regionales del Sarre, de Schleswig-Holstein y de Renania del Norte-Westfalia. No era lo esperado. Veremos lo que pasa el 24 de septiembre en las generales. Casi mejor no preguntar.

Es como si, de pronto, se hubiera producido una rebelión contra los pronósticos, contra los listos, contra los denostados expertos. O puede que simplemente lo que pasa es que hay ahí una sociedad que se mueve, que cambia a un ritmo mayor que el que la opinión publicada es capaz de entender y seguir.

Se ve que el vértigo del cambio ya no está solo en la tecnología y en el software y ha llegado a las urnas ¡Qué mareo! ¿Estaremos a punto de caer en la maldición china de vivir tiempos históricos? Esperemos que no.


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