OPINIÓN

Rivera no ganará sin hooligans

Nada cabe reprochar a un partido nuevo como el de Arrimadas que no tenga historia y militantes visibles y aun ruidosos en todos y cada uno de los pueblos, barrios y aldeas de España. No ha tenido tiempo de crearlos.

Rivera no ganará sin hooligans.
Rivera no ganará sin hooligans. EFE

Sus críticos acusaban al presidente Clinton de ser partidario de la última opinión que hubiera escuchado. Fuera o no cierta una diatriba tan inmisericorde, procuremos no caer en ese grave defecto y no nos dejemos llevar alegremente por lo último que haya pasado ayer o por la última encuesta publicada. Es cierto que Ciudadanos ha ganado las elecciones en Cataluña. Lo ha hecho sin la menor duda y con autoridad. Y también es innegable que da fenomenal en los sondeos, pero le queda aún mucha mili para asaltar el poder que hoy ostenta el Partido Popular.

Si estamos en que Cataluña vive una situación excepcional y de especial gravedad, convendremos también en que muy poco de lo mucho que allí sucede podría trasladarse al resto del país. Que un partido nuevo, como Ciudadanos, haya obtenido un resultado tan espectacular en las elecciones catalanas es importante pero no determinará, así sin más, el futuro electoral de España.

Cataluña seguirá en portadas, dando titulares y espectáculo, me temo, pero el resto de España no vive la situación de excepcionalidad que allí se padece

Cataluña seguirá en portadas, dando titulares y espectáculo, me temo, pero el resto de España no vive la situación de excepcionalidad que allí se padece, así que tengamos cuidado al extrapolar las cosas, más aún en pleno calentón electoral.

No se trata de menospreciar a Arrimadas y los suyos, pero a su indiscutible y meritorio éxito ha contribuido muy principalmente la polarización del enfrentamiento político en Cataluña. La vinculación inevitable del PP local a las impopulares decisiones que se tomaron en Moncloa y el fracaso del experimento de bienintencionado equilibrismo de Iceta, no dejaban a los votantes contrarios a la independencia otra opción que los naranjas, y a ella han ido.

Pero, como escribió Muñoz Seca

Pobres locos,

para asaltar torreones

cuatro Quiñones son pocos,

hacen falta más Quiñones.

Y esos “Quiñones” que le faltan a los de Rivera son los militantes de “toda la vida”, los incondicionales, la base social que vota con el corazón (y con las tripas) pase lo que pase, mande quien mande, pongan a quien pongan en la lista. Es el segmento que llena los mítines, que pega los carteles, que se deja ver, al que todo su barrio o pueblo conoce, sea para admirarle, despreciarle u odiarle, que los tres sentimientos valen a estos efectos. Es el militante, a menudo la familia entera, que siempre ha votado, vota y votará a “a los suyos”. Esa base social de afiliados que sienten en lo más profundo la política y a su partido, que critican a sus líderes con fiereza pero que aceptan mal que los de fuera lo hagan son, como los hinchas futbolísticos, los que llenan las gradas más ruidosas, los que no faltan con sus banderas al partido que saben perdido de antemano. Tal vez no sea justo llamarles hooligans, que es un nombre vinculado a actitudes violentas, algo que esos militantes populares, nacionalistas o socialistas no son, pero el lector o lectora me disculpará esa licencia en el titular, sobre todo si es un incondicional de los suyos, apasionado pero cívico, como lo son la gran mayoría.

El PP hace bien en atarse los machos y pensar en que tiene un problema serio, porque es verdad que lo tiene

Por supuesto que el PP hace bien en atarse los machos y pensar en que tiene un problema serio, porque es verdad que lo tiene. Su socio ciudadanos es un competidor que, aun no ganándole, podría hacerle perder el poder. También Pedro Sánchez debería tener las antenas puestas en los naranjas, a los que no hace tanto halagaba como “partido del cambio” y que ahora desprecia como simple partido conservador. Se comprende que su táctica siga siendo atraerse al votante de un Podemos en declive, pero desdeñar el peligro que le puede llegar desde el lado de Rivera podría ser peligroso para el nuevo PSOE, incluso aunque aceptásemos como absolutamente excepcional e irrepetible lo ocurrido en el antiguo cinturón rojo de Barcelona.

Nada cabe reprochar a un partido nuevo como el de Arrimadas que no tenga historia y militantes visibles y aun ruidosos en todos y cada uno de los pueblos, barrios y aldeas de España. No ha tenido tiempo de crearlos y tal vez su propio carácter de partido moderno no encaje ya con ese perfil. Su carencia no es, por tanto, ningún defecto criticable pero, tan cierto es que solo con ese tipo de militantes no se ganan las elecciones como que sin ellos también es muy difícil, acaso imposible, alcanzar el poder.

Así que, como dicen los hinchas: queda partido.


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