Caso Nóos

Monarquía anacrónica

El juicio del caso Nóos ha hecho un daño tan grande a la Jefatura del Estado. Desde luego por la falta de ejemplaridad demostrada por sus protagonistas pero, sobre todo, porque ha sincronizado el entorno de la familia real con lo peor del tiempo que vivimos.

La infanta Cristina durante el juicio de Nóos.
La infanta Cristina durante el juicio de Nóos. EFE

Anacrónico es, según el DRAE, aquello que no es propio de la época de la que se trata. Por lo tanto la monarquía es, sin duda, una institución anacrónica, puesto que, si fue la norma en otros tiempos, hoy es excepción. Sin embargo, precisamente en ese anacronismo, en esa desincronización con el tiempo que le rodea tiene la Corona su principal fortaleza. Cuando los tiempos que se viven son de barullo, incertidumbre y ruido, estar desacompasado con ellos se convierte en virtud y no en defecto.

Posiblemente la monarquía sea, junto con la Lotería Nacional, la única institución que todavía tiene un significado único para toda España

El valor de los símbolos, y la monarquía es sobre todo un símbolo, reside en gran medida en su permanencia por encima de los cambios cotidianos y en su virtud de ser previsibles. Por eso en medio de las tormentas políticas en que tanto nos gusta enredarnos nos viene muy bien que haya una institución a la que no le podamos meter mano cada pocos años y que permanezca. No como les pasa a otras, como la educación, por ejemplo. 

Posiblemente la monarquía sea, junto con la Lotería Nacional, la única institución que todavía tiene un significado único para toda España. Ni la bandera, ni el territorio, ni el himno, ni siquiera el idioma lo consiguen. Solo la selección de fútbol ha logrado en alguna bendita ocasión generar cierta sensación de unión de este país, aunque la cosa no pasó de hacer más ricos a los comerciantes chinos que vendieron miles de banderas rojigualdas a quienes jamás hubiesen pensado antes en adquirir una.

La actuación del yerno y sus cómplices no ha tenido nada de anacrónica. Por el contrario, se ajustaba perfectamente al momento actual

Por eso el juicio del caso Nóos ha hecho un daño tan grande a la Jefatura del Estado. Desde luego por la falta de ejemplaridad demostrada por sus protagonistas pero, sobre todo, porque ha sincronizado el entorno de la familia real con lo peor del tiempo que vivimos. La actuación del yerno y sus cómplices no ha tenido nada de anacrónica. Por el contrario, se ajustaba perfectamente al momento actual en el que los escándalos de corrupción están día sí y día también en los medios y en las conversaciones de la gente. Maldita sincronía. 

Por si fuera poco, el juicio popular, mediático y en la Red, que ya dictó sentencia hace tiempo, no iba a aceptar (y no lo ha hecho) otra resolución que no fuese la condena de la infanta Cristina, por lo que, aunque pocos hayan seguido con atención el caso, las reacciones más repetidas, fuera de las institucionales, han sido tan rotundas como cabía esperar y la Justicia ha tenido que pagar también su peaje de descrédito al que estaba condenada desde el minuto uno, salvo que hubiese ignorado la Ley y se hubiera plegado sin más a la ira pública o publicada.

Para la monarquía no es nada fácil encontrar el equilibrio entre la permanencia a la que siempre alienta la tradición, pero que podría llevar a la Corona a la inanidad o al ridículo, y una modernidad acorde con las costumbres y los valores actuales que, sin embargo, es imposible evitar que choquen con el concepto mismo de monarquía. Pero si a esta dificultad, inevitable, se le añaden escándalos perfectamente evitables, la cosa se pone aún más cuesta arriba.

La ventaja de todo este bullicio es que el caso Nóos pronto será arrinconado, sustituido por otro escándalo

Pero antes de decir que lo anacrónico es defectuoso por no estar sincronizado con la moda de su tiempo piense que leer periódicos y libros de papel es anacrónico, que leer periódicos digitales como este, en los que no todo lo que pone nos da siempre la razón, también es anacrónico, que simplemente leer más de 140 caracteres es cada día más anacrónico, que el debate mesurado y respetuoso es de lo más anacrónico y que lo que sí está acompasado a este tiempo es el espectáculo, el grito, el insulto, el gobierno a base de tuits y eso de la “postverdad” y de los “hechos alternativos”. Esas cosas sí que son estar al día. Además de la corrupción, claro.

La ventaja de todo este bullicio es que el caso Nóos pronto será arrinconado, sustituido por otro escándalo que será el que ocupe la rabiosa actualidad (nunca mejor dicho) y la monarquía de Felipe VI podrá volver a su virtuoso anacronismo y alejarse de la polémica mientras los demás lidiamos con el estruendo y las peleas que tanto nos complacen a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a los bien sincronizados.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba