OPINIÓN

Madrid tendrá aire limpio. Seguro

Es obvio que Madrid no puede resignarse indefinidamente a tener que parar una y otra vez al alcanzarse los niveles de alarma.

Madrid tendrá aire limpio. Seguro.
Madrid tendrá aire limpio. Seguro. EFE

Cuando alguien de Bilbao, y de mi generación, observa las polémicas acerca de la contaminación atmosférica de Madrid y de las incómodas restricciones de tráfico que causa, nos viene inevitablemente el recuerdo de lo que era una ciudad contaminada de verdad. La nuestra era gris, sucia, con sus majestuosos edificios del Ensanche llenos de chorretones negros de aquello que no era capaz de barrer la insistente lluvia de mi tierra. Y, lo peor de todo, estaba aquella ría maloliente, insultantemente sucia, de colores indescriptibles a la que, con toda lógica, la ciudad daba la espalda. En los años 80 se inició el saneamiento de la cloaca en la que habíamos convertido el Nervión. A sus aguas se vertían entonces cada día ochenta toneladas de metales, novecientas de residuos sólidos y cuatrocientas toneladas de ácidos. ¡Cada día!

Como un déjà vu, oigo ahora decir en Madrid las mismas cosas que se oían entonces en Bilbao: básicamente que limpiar el aire de la villa es una tarea inalcanzable

Como un déjà vu, oigo ahora decir en Madrid las mismas cosas que se oían entonces en Bilbao: básicamente que limpiar el aire de la villa es una tarea inalcanzable. Nosotros también creímos de verdad que sería imposible. Nosotros también escuchamos voces que sostenían que aquel era el precio del progreso (y en alguna medida lo era). Se nos dijo que no era para tanto e incluso se nos amenazó con la misma ruina de la ciudad si se prohibía seguir ensuciándola, lo mismo que se oye ahora en Madrid. A los bilbaínos se nos propusieron también soluciones fáciles, inmediatas y falsas como la de aquel candidato que prometió cubrir la alcantarilla a cielo abierto para convertirla en una alcantarilla de verdad y que no se viera, ni se oliera. Aunque no lo hizo, llegó a ser alcalde, lo que demuestra que los vascos no somos más espabilados que los demás. 

Pasaron alcaldes, directores del Consorcio de Aguas (que ahora cumple 50 años), políticos distintos y técnicos expertos, y poco a poco la cosa fue adelante. El desplome de la industria pesada ayudó, muy a nuestro pesar, pero eso no abarató los 2.000 millones que hubo que gastar a lo largo de tres décadas, 1.200 de ellos para limpiar la ría en la que hoy hay piraguas, competiciones de natación, saltos de clavadistas y en la que viven hasta 50 especies acuáticas.

La limpieza del aire de Madrid se convertirá en una tarea ineludible, indiscutida y cotidiana, gobierne quien gobierne en el Palacio de Cibeles

Claro que se hizo, por supuesto. Como se limpiará también el cielo de Madrid porque es obvio que la ciudad no puede resignarse indefinidamente a tener que parar una y otra vez al alcanzarse los niveles de alarma. La limpieza del aire de Madrid se convertirá en una tarea ineludible, indiscutida y cotidiana, gobierne quien gobierne en el Palacio de Cibeles. Se tardará, no será fácil, costará mucho dinero y habrá que cambiar costumbres y rutinas, pero no tengo ninguna duda de que la tarea saldrá adelante.

Y cuando ocurra la ciudad será mejor, más rica y más bella aún y habrá entonces quienes recuerden con pudor las tonterías que se dicen hoy, tan parecidas a las que yo escuchaba en aquel Bilbao sucio y oscuro de mi juventud. Así que no se preocupen, la polémica remitirá, se impondrá la cordura, Madrid tendrá su aire limpio y madrileños y acogidos, como yo mismo, lo contaremos con la misma satisfacción con la que los bilbaínos enseñamos ahora nuestra ciudad y nuestra ría. Ya lo verán.


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