OPINIÓN

Empresas “Michelin”

En lugar de polemizar sobre la flexibilidad del mercado laboral, sobre la derogación de la reforma del PP, sobre los problemas de la robotización o de amenazar con “calvarios empresariales”, tal vez sería interesante saber primero cómo funcionaría de verdad nuestro mercado laboral.

Empresas “Michelin”.
Empresas “Michelin”. RTVE

Estos días las redes se han inflamado con la polémica acerca de los becarios que trabajan gratis en los restaurantes de alta cocina, sometidos a la presión propia de un entorno de trabajo tan especial, pero sin cobrar. La bronca ha destapado que en muchas de esas cocinas los aprendices (llamados stagier) suponen entre el 50% y el 80% del total de cocineros, aunque también las hay que prescinden de esa figura.

Jordi Cruz, famoso por su cocina y por ser uno de los jurados de un concurso gastronómico televisivo ha defendido tal práctica, apelando a que esos becarios están “aprendiendo de los mejores en un ambiente real” y que tal oportunidad “es un privilegio”. Posiblemente tenga razón. Al menos una parte de razón: tener ocasión de adquirir experiencia con los mejores maestros tal vez sea una buena elección para un aprendiz, aunque porcentajes como los citados resulten sospechosamente altos en un centro no educativo. Cuando añadió que “un restaurante Michelin es un negocio que, si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable” ya la sospecha empieza a adquirir cierta entidad y el privilegio a cambiar de bando, pasando del aprendiz al gerente.

Muchísimas empresas, que en absoluto ofrecen ningún entorno excepcional como estos restaurantes, se han apuntado raudas al carro de los trabajadores baratísimos o incluso gratuitos

Lo peor es que la figura de los becarios se ha generalizado de forma exacerbada y que muchísimas empresas, que en absoluto ofrecen ningún entorno excepcional como estos restaurantes, se han apuntado raudas al carro de los trabajadores baratísimos o incluso gratuitos, probablemente porque piensan -como Cruz- que si tuvieran a toda la gente en plantilla, sus empresas no serían viables.

De ahí la afición a trampear con la legislación laboral que ya contempla modalidades de contrato laboral dirigidas precisamente a facilitar la transición a quienes disponen de cualificación pero precisan experiencia. Sin embargo esas opciones se desdeñan porque, aunque tales contratos resultan claramente ventajosos para las empresas, nunca lo serán tanto como no pagar nada a quien, además, tampoco tendrá reconocido más derecho laboral que coger la puerta.

Las llamadas prácticas curriculares superan las horas permitidas por la universidad correspondiente

El pasado 20 de febrero el Consejo de la Juventud y otras organizaciones promovieron una huelga mundial de becarios y denunciaron los muchos casos en que, en España y en otros países de la Unión Europea, las llamadas prácticas curriculares superan las horas permitidas por la universidad correspondiente, se suscriben con entidades no homologadas o no están vinculadas a un proyecto de formación. Es decir, que son fraudulentas.

Algo parecido ocurre con el inmenso número de contratos a tiempo parcial que no es que no sean lo que hubiera querido el trabajador o trabajadora que los padece sino que, simplemente no son a tiempo parcial sino “a lo que dé el día”, aunque se declare y se remunere solo un parte de las horas realmente trabajadas. En los casos en que se pagan esas horas complementarias (no obligatorias pero muy convenientes si no se quiere perder el empleo) lo habitual es que se haga al mismo precio que las normales.

Cierto nivel de fraude siempre es inevitable en una sociedad compleja pero la decencia exige al menos que no se reivindique, que no se tome como algo normal

Cierto nivel de fraude siempre es inevitable en una sociedad compleja pero la decencia exige al menos que no se reivindique, que no se tome como algo normal, que la ilegalidad no sea una opción más en manos de los responsables de RRHH.

Así que en lugar de polemizar sobre la flexibilidad del mercado laboral, sobre la derogación de la reforma del PP, sobre los problemas de la robotización o de amenazar con “calvarios empresariales”, tal vez sería interesante saber primero cómo funcionaría de verdad nuestro mercado laboral, incluso en las condiciones actuales, si fuera limpio, si el fraude no alcanzase un nivel tan enorme, si simplemente se cumpliesen las leyes (que dudo que permitan un 50% de becarios en ninguna cocina). No descarto que incluso entonces tuviésemos que dar la razón a quienes son partidarios de su modificación pero no es posible asegurarlo porque a día de hoy no es nada fácil imaginar cómo sería nuestro mercado laboral si no tuviese tantísimas “empresas Michelin”, que no son restaurantes excepcionales sino empleadores que han convertido el fraude laboral en su práctica normal.


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