OPINIÓN

ETA quiere una foto

La paz es que cada cual defienda su opción sin creerse con el derecho a atemorizar, perseguir o matar a los que no piensen igual.

ETA quiere una foto.
ETA quiere una foto. EFE

ETA, o lo que quede de ella, necesita una imagen de cierre urgentemente, antes de que caduque la escasa atención que aún concita. Y necesita que esa foto no sea como la que le hicieron al peruano Abimael Guzmán, vestido con un traje a rayas y tras las rejas de la prisión. Por absoluta que sea su derrota, los etarras no pueden consentir que esta se sustancie en una imagen tan rotunda e inapelable como la del líder de Sendero Luminoso capturado.

Por eso se han inventado esa performance en la que unos cuantos políticos afines al nacionalismo vasco radical (que procurarán hacerse acompañar de cuantos tontos útiles encuentren a mano) irán recorriendo en alegre biribilketa los zulos que aún guardan las armas y explosivos que aún les queden. 

Quizás no falte ni la música en esa especie de romería abertzale

Quizás no falte ni la música en esa especie de romería abertzale que, de zulo en zulo, como un trasunto de pueblo en marcha, tratará de componer una imagen heroica al estilo de la que Giuseppe Pellizza pintó en 1901 y que popularizó la película Novecento. Se trata de eso.

Después del absoluto ridículo de la mesita aquella en la que tomaron el pelo a unos incautos y autodenominados “verificadores internacionales” y vistos los chistes que se hicieron de aquel episodio, han pensado que necesitaban un cuadro algo más digno antes de salir por la gatera de la historia, o de que los saquen. 

Pero la cosa cada vez es más difícil. Cuando mataban casi cualquier comunicación les reportaba atención y portadas. La chapuza de la conferencia de Aiete, en octubre de 2011, les sirvió bien como excusa para poder anunciar la tregua definitiva, pero es que entonces aún mataban. Fue después, cuando ya era evidente que habían sido derrotados, cuando la atención que por sí mismos creían merecer resultó que la tenían únicamente por esas mismas pistolas que ahora se pudren en los últimos bidones enterrados y que, al fin, han resultado ser su único capital político.

Por muchos artesanos que digan que están forjándola, la paz ya está aquí y no necesita que nadie la construya ni la pula ni la pinte

Por eso, porque ya no matan, los intentos que llaman de “construcción de la paz” son perfectamente baladíes. Por muchos artesanos que digan que están forjándola, la paz ya está aquí y no necesita que nadie la construya ni la pula ni la pinte. No necesitamos otra, porque la paz no es que todo el mundo se lleve bien, ni que todos los vascos nos hagamos amigos, ni mucho menos que pensemos lo mismo. La paz es que cada cual defienda su opción sin creerse con el derecho a atemorizar, perseguir o matar a los que no piensen igual.

Por eso la paz en Euskadi tiene un incómodo deje acusador, porque su existencia misma denuncia el mucho tiempo durante el que faltó, y que constituye el periodo más negro de toda la historia del País Vasco. Esa paz que vive hoy Euskadi es toda una denuncia de 50 años de miedo y de sangre, de más de 800 personas asesinadas, de miles de amenazados que se tuvieron que callar o marchar, de presos con sus vidas destruidas y sus familias rotas. La paz cotidiana certifica a cada instante que todo aquello solo sirvió para causar miedo, muerte y dolor. Absolutamente para nada más.

Buscan desesperadamente una foto y nada más

Los etarras han visto que el tiempo se les acababa y que, a la velocidad que pasan cosas en el mundo, si no se daban prisa en inventar algo se le iba de las manos cualquier atisbo de notoriedad y corrían el riesgo de quedarse sin la última portada de su historia. Buscan desesperadamente una foto y nada más. No le dé más vueltas.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba