OPINIÓN

En Cataluña pasa algo que los demás ignoramos

No estamos ante esa opción tan bien conocida, sino ante una carrera desbocada hacia la nada que amenaza precisamente con desacreditar al catalanismo político.

En Cataluña pasa algo que los demás ignoramos.
En Cataluña pasa algo que los demás ignoramos. EFE

Cada paso de los muchos que han dado el Gobierno de Puigdemont y los partidos que apoyan la secesión de Cataluña causa un asombro mayor que el anterior. Lo último que hemos sabido han sido una serie de detalles delirantes de un borrador de ley “fundacional”, descabellado jurídicamente, que pretende aprobarse también de forma atropellada; hay que suponer que antes de que la realidad le pase por encima y lo aplaste. 

Es tal la colección de absurdos que hemos ido viendo que a uno no le queda otro remedio que pensar que tiene que haber algo por detrás que no se ve. Algo que permita si no explicar, al menos intuir la razón por la que una sociedad moderna, desarrollada, cosmopolita y culta, como es la catalana, aplaude en unos casos, acepta en otros, o mira a otro lado en muchísimas ocasiones el espectáculo asombroso de irresponsabilidad que están dando los dirigentes independentistas.

El texto dado a conocer estos días, por muy borrador que sea, resulta muy raro que solo los adversarios políticos directos del independentismo hablen de él y no se haya levantado un revuelo mayor en Cataluña

El texto dado a conocer estos días, por muy borrador que sea, contiene tal cantidad de dislates (y de simples pero indisimulables amenazas a la democracia) que resulta muy raro que solo los adversarios políticos directos del independentismo hablen de él y no se haya levantado un revuelo mayor en Cataluña. Por eso, cabe pensar que este aparente consentimiento general solo se explica si los catalanes saben (o sienten) algo que los demás desconocemos.

Obviamente, los independentistas tienen claro que la respuesta estos interrogantes es tan simple como que todos los catalanes son de los suyos, claro. Pero no cuela. No, porque sus últimos pasos, los más esperpénticos de todos, tratan precisamente de acelerar el proceso, de ocultar la discusión y aprobar lo que sea, a toda prisa, con los votos que sea y sin ninguna garantía democrática. Justamente lo contrario de lo que cualquiera haría si, de verdad, tuviese ese apoyo del que presumen.

Eso es lo que cuesta entender: que la destrucción del sentimiento que ha hecho en gran medida de factor cohesionador de la sociedad catalana, no parezca importarle a casi nadie

La ideología catalanista se puede compartir o no, pero tiene sus razones, sentimientos y certezas; todas ellas explicables y entendibles, incluso para rebatirlas. Pero no estamos ante esa opción tan bien conocida, sino ante una carrera desbocada hacia la nada que amenaza precisamente con desacreditar al catalanismo político. Eso es lo que cuesta entender: que la destrucción del sentimiento que ha hecho en gran medida de factor cohesionador de la sociedad catalana, no parezca importarle a casi nadie. 

Que “tiene que haber gente pa tó” es axioma certificado por la sabiduría taurina, pero resulta extraño que la misión imposible que se está impulsando en Cataluña por parte de su clase política no esté fracturando a la propia sociedad. A los no independentistas ¿les da igual? ¿no se creen el paripé y pasan? ¿Creen que no va con ellos? ¿creen que se derrumbará como un castillo de naipes?

Resulta extraño que la misión imposible que se está impulsando en Cataluña por parte de su clase política no esté fracturando a la propia sociedad

Respecto a los motivos por los que los dirigentes de la antigua Convergencia han destruido su propio partido tampoco tenemos explicaciones razonables que nos permitan aclararnos. La de que: “hagamos el mayor ruido posible para que el estruendo tape la ruina económica del principado y lo mucho que se ha robado aquí” tiene partidarios, por supuesto, pero –sinceramente- suena algo infantil, lo que no quiere decir que no tenga su parte de razón. La de que: “al final algo sacaremos” es otra idea –algo cínica- pero más creíble, pese a su desmesura.

Pero por respeto a la inteligencia e integridad de los catalanes, tan víctimas de los tópicos como lo hemos sino también los vascos, creo que tiene que haber algo más de fondo, algo menos instrumental y más serio y que hace que, aunque las haya, no se produzcan reacciones más visibles contra la carrera desaforada de la élite gobernante de Cataluña, que amenaza con bloquear la vida política de su comunidad y de empobrecerla, social y económicamente. 

¿Qué saben en Cataluña que los demás ignoramos?


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