OPINIÓN

¿Puede la crisis de la socialdemocracia propiciar un gobierno xenófobo en Francia?

Parece poco probable que Le Pen venza a Macron el próximo domingo. Pero la insistencia de las supuestas soluciones mágicas, que han alienado a los tradicionales votantes socialistas de base, incrementa las esperanzas de un Frente Nacional que ya ha roto su techo histórico de votos.

¿Puede la crisis de la socialdemocracia propiciar un gobierno xenófobo en Francia?
¿Puede la crisis de la socialdemocracia propiciar un gobierno xenófobo en Francia? EFE

A pocos días de conocer el nuevo presidente de Francia, élites conservadoras y bases sociales progresistas de toda Europa ven con lógico temor la posible victoria de una candidata al Elíseo abiertamente xenófoba. La única alternativa que puede impedirlo se encuentra atrapada en una indefinición ideológica herencia de el desnortado movimiento socialdemócrata europeo. 

La socialdemocracia europea lleva más de dos décadas sumida en una profunda crisis identitaria desde que gran parte de su electorado perdió la confianza en las élites de los partidos que conforman esta familia política. Sin embargo, la refundación del Partido Laborista en el Reino Unido a cargo de Tony Blair en 1994 supuso uno de los mayores cismas entre dirección política y votantes tradicionales de los partidos socialdemócratas. 

La autoproclamada tercera vía que pregonaba el ideólogo de cabecera de Blair, el economista Anthony Giddens, consideraba obsoleta la tradicional división social entre izquierdas y derechas

La autoproclamada tercera vía que pregonaba el ideólogo de cabecera de Blair, el economista Anthony Giddens, consideraba obsoleta la tradicional división social entre izquierdas y derechas. En ese momento, el rebautizado New Labour aceptaba explícitamente la supremacía de las dinámicas de los mercados financieros por encima de la regulación estatal de los mismos. Múltiples líderes europeos, entre los cuales destacaba el alemán Gerard Schroeder, asumieron estos postulados que les garantizaban popularidad entre las clases medias y las clases menos favorecidas en sus territorios. Por un lado, las medidas económicas neoliberales generaban una riqueza que ofrecía opciones de progreso a la población más calificada en tanto que, por otro lado, permitía al Estado costear generosos programas de políticas sociales.

El auge de este modelo supuso la llegada al poder de otros 'tercerviistas' como Romano Prodi en Italia o José Sócrates en Portugal. Ninguno de ellos, sin embargo, previeron la llegada de la crisis financiera que llevaría al abismo su modelo de socialdemocracia. La asunción incondicional del turbocrecimiento financiero llevó a los partidos socialdemócratas de toda Europa a perder gran parte de su músculo electoral.

El compromiso de la socialdemocracia con las políticas neoliberales generó un sentimiento de abandono entre las clases menos calificadas

Como bien describe Adam Przeworski, profesor experto en economía política de la NYU, el compromiso de la socialdemocracia con las políticas neoliberales generó un sentimiento de abandono entre las clases menos calificadas. Éstas se sintieron desatendidas cuando quedaron expuestas a los recortes sociales durante los años de penurias económicas. 

En este contexto de austeridad, el candidato del Partido Socialista francés, François Hollande, fue elegido presidente en mayo de 2012. Meses antes, Berlín había liderado la aprobación del Pacto Fiscal Europeo que imponía límites a los déficits estructurales de 25 estados miembros de la UE. El socialdemócrata Hollande se erigía como contrapeso al rigor económico alemán. 

Pocas horas después de que se confirmara su victoria, Hollande proclamó ante sus fieles que “formaban parte de un movimiento para el cambio”, que estaba aumentando “por toda Europa y, seguramente, por todo el mundo”. Además, esa misma noche se habían celebrado elecciones en una Grecia herida donde la extrema izquierda representada por Syriza superó por primera vez al PASOK, el gran partido socialdemócrata del país.

La presidencia de Hollande nació coja por la indefinición ideológica inherente a la socialdemocracia 'tercerviista'

Pero la presidencia de Hollande nació coja por la indefinición ideológica inherente a la socialdemocracia 'tercerviista'. Consecuentemente, su gabinete quedó dividido entre ministros favorables y contrarios a los recortes presupuestarios. Esta confrontación tuvo su auge cuando en agosto de 2014 tres ministros liderados por el titular de la cartera de Economía, Arnaud Montebourg, dimitieron arremetiendo contra las políticas de austeridad de un Gobierno con un índice de aprobación de apenas el 17%.

Montebourg fue sustituido por Macron, una figura independiente al Partido Socialista francés, del cual se desvinculó definitivamente a principios de 2016 para postularse como candidato a la presidencia. A menudo se define a Macron como moderado, un concepto que detalla un estilo político que resulta deliberadamente ambivalente sin un marco ideológico detrás. Es por esta razón que la periodista francesa Natalie Nougayrède define a Macron como un populista de centro que se permite aleccionar a quienes se oponen a aplicar reformas neoliberales. Convenientemente, este concepto ya había sido utilizado anteriormente con Schroeder. 

El eco de Blair retumba entre las clases menos privilegiadas que se refugian en propuestas antiglobalización de cariz proteccionista

Macron asegura estar estigmatizado por parte del electorado francés que recela de su pasado en banca de inversión. Si bien no se puede negar la existencia de este prejuicio, el principal lastre de Macron es la repetición de los mismos errores que los socialdemócratas 'tercerviistas' han cometido durante las dos últimas décadas. Cuando Macron afirma que si fuera juzgado por sus políticas tendría que ser considerado un candidato de clase obrera mientras, al mismo tiempo, asegura estar abierto a asumir políticas económicas de derechas, el eco de Blair retumba entre las clases menos privilegiadas que se refugian en propuestas antiglobalización de cariz proteccionista. 

En la primera vuelta Le Pen ya se impuso entre los sectores más afectados por la crisis, como los jóvenes y la población con rentas más bajas, mientas que Macron acumuló gran parte del voto táctico, como demuestra el hecho de que el 35% de sus votantes solo le apoyaran para evitar un mal mayor, considerándolo la opción “menos mala”. A pesar de todo, parece poco probable que Le Pen venza a Macron el próximo domingo. Pero la insistencia de las supuestas soluciones mágicas que han alienado a los tradicionales votantes socialistas de sus partidos de base incrementa las esperanzas del Frente Nacional, que ya ha roto su techo histórico de votos. Si no se revierten los errores del pasado, a cada nueva elección, Francia quedará mas cerca del abismo de un gobierno del Frente Nacional.


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