OPINIÓN

La dieta fiscal de Trump: ¿hambrear a la bestia?

¿Es conveniente una reforma fiscal que no va acompañada de una decidida reducción del gasto? Es decir, por el mero hecho de que, a priori, no vaya a financiarse sanamente a través de una reducción del gasto, y todo se fíe a la nueva recaudación, ¿debe rechazarse?

La dieta fiscal de Trump: ¿hambrear a la bestia?
La dieta fiscal de Trump: ¿hambrear a la bestia? EFE

Nunca he visto ninguna reducción de impuestos que no me gustara, unas son mejores que otras. Esta es una frase de Milton Friedman que cobra actualidad tras la propuesta de reforma fiscal de Trump y el debate generado en torno a ella.

¿Es conveniente una reforma fiscal que no va acompañada de una decidida reducción del gasto? Es decir, por el mero hecho de que, a priori, no vaya a financiarse sanamente a través de una reducción del gasto, y todo se fíe a la nueva recaudación, ¿debe rechazarse?

Los ingresos tributarios son el límite que condicionaría en última instancia el tamaño estatal, dado que el endeudamiento también es finito

Cuestiones que nos llevan al viejo debate sobre la estrategia más adecuada para reducir el peso del Estado en nuestras vidas. La idea de hambrear a la bestia ("starve the beast") frente a la perspectiva de "pagar por el Estado" que se tiene. Algunos economistas y pensadores que prefieren un Estado pequeño o no tan intervencionista como los actuales son partidarios de lo primero como mecanismo para conseguir reducir el peso del Estado en nuestras vidas: los ingresos tributarios son el límite que condicionaría en última instancia el tamaño estatal, dado que el endeudamiento también es finito. Una perspectiva algo diferente a la de otros liberales que no ven con buenos ojos reducir los impuestos si no se reduce al mismo tiempo el gasto evitando, de ese modo, el déficit y la deuda. La reforma de Trump sería, desde este punto de vista, inadecuada.

Pero hay que contar con otras variables que quizá nos acerquen más a considerar la primera opción, a pesar del déficit y deuda generados.

Recordemos que durante la crisis la estrategia global contra la planificación fiscal y la competencia fiscal ha sido la más intensa de la historia. Obama abrió la veda contra los impuestos bajos, creo y esparció nuevos mecanismos para que el Fisco tenga acceso a más y más información de los ciudadanos, y con mayor capacidad de sanción. Y lo más importante, regaló a los eurócratas bruselenses su respaldo para que la Comisión investigara a numerosas multinacionales estadounidenses y, en definitiva, se creara el clima político y mediático a uno y otro lado del atlántico, a través del G20 y la OCDE, de que la competencia fiscal es mala, que los impuestos bajos son injustos y que todo aquel que se aprovecha de ello es por naturaleza, un defraudador.

La reducción del Impuesto sobre Sociedades, por ejemplo, hasta el 15% ejercerá una presión, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, a que los países europeos tengan carta blanca a la hora de consolidar impunemente el infierno fiscal en el que vivimos

Por eso, ante esa deriva y el establecimiento del nuevo estándar fiscal a nivel mundial, es realmente una suerte el intento del nuevo inquilino de la Casa Blanca de llevar a cabo su propuesta fiscal, aunque sea una parte (algunos analistas ven más probable que finalmente acaba solamente por reducir el impuesto de sociedades, que sería una gran victoria para todos los que creemos en la capacidad). Parece obligado, cuando se habla de Trump, decir que no deja de ser un mercantilista, proteccionista, nacionalista que empobrecerá a su país y al resto del mundo por la aplicación de otro tipo de políticas. Pero las consecuencias de esta medida fiscal podríamos llegar a sentirlas nosotros mismos. No en vano, la reducción del Impuesto sobre Sociedades, por ejemplo, hasta el 15% ejercerá una presión, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, a que los países europeos tengan carta blanca a la hora de consolidar impunemente el infierno fiscal en el que vivimos.

Tan es así que nuestros políticos de la UE se han apresurado a criticar no el posible impuestos en frontera (que no viene en la reforma pero de cuya aplicación no estamos libres) que dificultaría el comercio internacional, tampoco que quiera sacar a EEUU de la Organización Mundial del Comercio, etc., sino que baje los impuestos (!), pues dicen que esta reforma atenta contra sus esfuerzos por conseguir una fiscalidad "justa" y "eficiente". Han llegado a afirmar, en una de las cabriolas lingüísticas orwellianas más graciosas que últimamente han logrado espetar, que esa reforma fiscal impone unas desventajas a las multinacionales y empresas europeas (!!). Es decir, quedar en evidencia por haber impuesto un páramo fiscal es culpa de quien trata de evitar que en su país también lo sea.

Poner en valor la competencia fiscal en los foros internacionales que terminan por decidir que sistemas tributarios tendremos es un importante valor añadido de esta medidas

Poner en valor la competencia fiscal en los foros internacionales que terminan por decidir que sistemas tributarios tendremos es un importante valor añadido de esta medidas. A la que muchos, sin embargo, reprochan, con razón, el déficit y deuda que creará. Pero, hay otros beneficios. Como por ejemplo, que con un sistema fiscal con bajos impuestos no es necesario tal control sobre la población del que es capaz hoy en día el Fisco de todos los países, que es la gran batalla que se está librando entre los Estados y sus ciudadanos con la explosión económica derivada de Internet y los nuevos modelos de negocio.

Con todo, se dice que bajar impuestos como mecanismo para reducir el tamaño del Estado no es efectivo. Hay estudios como el de William Niskanen o el de Romer y Romer que no encuentran evidencia que justifique esta tesis. Pero también se les critica que no utilicen las variables adecuadas (cambios normativos en lugar de recaudación, o gasto nominal en lugar del porcentaje de gasto en relación al PIB) o que no tengan en cuenta otras variables (como las mencionadas arriba: gestión y aplicación de los impuestos, control tributario, competencia fiscal internacional, etc.).

También se alerta que tener un déficit a causa de reducir los impuestos de manera tan notable es un arma para introducir otros tributos, como el IVA o el impuesto en frontera. Pero el debate de introducir el IVA, o incluso el impuesto en frontera, en EEUU ya se ha dado con impuestos altos. En España sabemos mucho de crear más y más impuestos, teniéndolos altos.

El nivel de impuestos bajos creará una tensión, a través de la deuda, para incrementar los impuestos de nuevo o bajar el gasto

Otra crítica desde posiciones liberales es que aplicar una reforma de este tipo quita atención a la necesidad de reducir el gasto público. Pero eso no tiene por qué depender únicamente de los impuestos. El nivel de impuestos bajos creará una tensión, a través de la deuda, para incrementar los impuestos de nuevo o bajar el gasto. Un dilema que existe igualmente con impuestos elevados, y que es preferible, desde la perspectiva liberal, con impuesto bajos.

En definitiva, la reforma de Trump es criticable si finalmente no se lleva a cabo, pero no por no reducir el gasto al mismo tiempo, pues reducir los impuestos es un fin en sí mismo, además de ser valioso a la hora de ser un medio para tratar de reducir el gasto.


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