OPINIÓN

Tabarnia, sin miedo y sin desdén

Si no se quiere reducir el peso de la política en nuestras vidas, al menos valoremos reorganizar el Estado por ejemplo, dando más peso a las provincias, o a las jurisdicciones, o a las ciudades.

Tabarnia, sin miedo y sin desdén.
Tabarnia, sin miedo y sin desdén. Web 'bcn is not cat'

Tabarnia, que es más que una ocurrencia, no pasará de una broma por los mismos motivos por los que los nacionalismos todavía suponen una amenaza para la alternancia pacífica del poder político en un territorio.

Esta propuesta ha servido para meter el dedo en el ojo a los nacionalistas. Pero, no nos engañemos, también en el ojo del inmovilismo. Y no es que Tabarnia sea la solución ideal, pero al menos va orientada en una dirección adecuada, que es la de ofrecer una solución administrativa, despolitizada, y no nacionalista ni pasional, a un problema real que lleva más de un centenar de años en liza con alguna que otra rebelión por medio.

La creación de mega ciudades interconectadas con otras ciudades y enclaves ya es el presente

La tendencia del orden extenso de la sociedad no es la de atender a la vieja idea de Estados-nación. La creación de mega ciudades interconectadas con otras ciudades y enclaves ya es el presente. En Asia, en Europa y en EEUU es reconocible. La necesidad de crear un mito nacional por parte del Estado para pacificar a la población sobre la que se levantaba está perdiendo cada vez menos importancia. Otros factores están sustituyendo este hecho. Y no, no se alarmen, no estoy abogando a bocajarro, después de unas pocas líneas, por una anarquía capitalista, sino basándome en que la tecnología, la innovación, los nuevos usos y costumbres han creado una infinidad de soluciones a necesidades que antaño, o sólo podía proveer el Estado, o era el único que lo hacía. Una determinada seguridad, la educación, sanidad y tantos otros servicios están siendo mejorados por la iniciativa privada. Reconocer esto no es nada insensato ni fruto de una locura contraria a la realidad.

Si en lugar de alegrarse por este motivo lo admitimos a regañadientes, uno ya puede explicar en parte por qué sufrimos los problemas colectivos que nos aquejan en pleno siglo XXI. ¿Por qué? Puede ser por conservadurismo: la gente puede querer que el Estado que siempre ha conocido ofrezca los servicios que siempre ha ofrecido. Puede ser por ideología: el Estado, cuanto más grande mejor, debería ofrecer esos servicios y no la iniciativa privada. Puede ser por miedo al cambio: no se contempla el orden extenso hayekiano, la gran sociedad popperiana, como lo que es, una infinidad de relaciones humanas dinámica y creadoras que puede llevar a la humanidad hacia las más grandes cotas de bienestar... si se la deja.

Si el mantenimiento del statu quo no permite la separación entre Estado, u organización estatal, y nación, viviremos en un permanente conflicto

Y estos ejemplos de reticencia al cambio confluyen con la idea del Estado-nación. Antaño ya se dio un sano proceso, este sí, por el que se separó la Iglesia y el Estado. Si el mantenimiento del statu quo no permite la separación entre Estado, u organización estatal, y nación, viviremos en un permanente conflicto: Brexit, las innumerables tensiones políticas en España, las tensiones en el seno de la UE cuando ha habido que tomar ciertas decisiones, etc. Pero no sólo por nacionalistas catalanes sino porque las estructuras estatales también van a verse obligadas a cambiar conforme el transcurrir de los tiempos.

Palabrerías, pensarán algunos. "Futuribles"... No. Realidad. Tenemos a la realidad en frente, y si no se quiere reducir el papel de los políticos en lo social, en lo común, eliminando TV3 pero también TVE, y el resto de intervencionismo en los medios de comunicación; si no eliminamos la obligación de suministrar y financiar la educación pública/política; la sanidad, etc., etc., siempre tendremos las mismas tensiones, si no otras.

Si para diseñar el sistema institucional se mezcla lo pasional (la nación, la ideología, etc.), con una perspectiva meramente de gestión y administración, entonces pervivirá el conflicto. Su separación, permite el desbloqueo y un análisis más civilizado. Para este y para los conflictos populistas venideros.

El uso del idioma, la creación cultural libre, la creación de comunidades con vínculos coincidentes o complementarios, puede suceder y ya sucede sin necesidad de una nación

¿Qué es lo que no soporta, en mayor medida, el nacionalismo catalán ante el caso de Tabarnia? Que se divide su nación. ¿Es acaso la infrafinanciación de Tabarnia respecto a los recursos que genera? ¿La mayor homogeneidad de la población de esta nueva idea de comunidad autónoma? ¿El idioma común de los tabarnianos? (Por cierto, creo que había mejores nombres.) No. El uso del idioma, la creación cultural libre, la creación de comunidades con vínculos coincidentes o complementarios, puede suceder y ya sucede sin necesidad de una nación. Todo eso puede conseguirse si se despolitiza el diseño institucional y uno se centra en el aspecto administrativo de ofrecer servicios públicos o gestionar la cosa común (aparte está el debate sobre cuántos servicios debería ofrecer el Estado, cómo, etc.).

Al final, lo que ocurre con estos debates en los medios de comunicación y entre políticos no es más que la obligación de formar mayorías. Y ese es el problema: formar mayorías para imponerse a la minoría, para someterla. En lugar de crear administraciones que gestionen (es decir, enfocadas al cliente) se buscan mayorías para legitimar la aplicación de medidas que trascienden a la mera gestión y que invaden la esfera de autonomía personal de cada individuo. Por ejemplo, si se va a ofrecer una educación pública, el currículum lo va a diseñar y aprobar un político, que al final es una persona normal y corriente (siendo benévolos). ¡¿Cómo es posible que una persona tenga tal poder a la hora de educar a nuestros hijos, sobre todo si no estamos de acuerdo en ese currículum?! Porque puede hacerlo debido a "la mayoría". Ese lenguaje de imposición y de funcionamiento, será vencido por los tiempos que corren, la transición será más o menos dolorosa en función de lo que uno quiera adaptar su entorno institucional.

El 'procés' no fue un procedimiento para culminar en una República catalana, un nuevo marco institucional. Fue una maquinaria para crear independentistas, para crear masa crítica

En este sentido, el 'procés' no fue un procedimiento para culminar en una República catalana, un nuevo marco institucional. Fue una maquinaria para crear independentistas, para crear masa crítica. Rajoy, con su inacción primero (que no evitó el referéndum) y su torpe acción posterior (las cargas policiales) mantuvo y espoleó a los independentistas y ayudó a que su partido sea residual en Cataluña y el trasvase de votos a Ciudadanos.

Les ayudó y dio oxígeno porque el 'procés' no fue un proceso para crear una vía jurídica por la que poder expresarse el pueblo de Cataluña. No lo pueden hacer unilateralmente... ni tampoco fue nunca el objetivo (CUP aparte), porque no les hace falta. No hace falta convocar un referéndum porque ya pueden convocar elecciones autonómicas. El problema son las mayorías, como decía. Si hubieran obtenido un 80% de mayoría independentista reflejada en unas autonómicas, ¿estaríamos en la misma situación? Y aun así, ¿hubiera sido justo para el 20% no nacionalista separarse del Estado español?

La idea de Tabarnia no sólo refleja los puntos débiles del nacionalismo catalán, también del inmovilismo de quienes piensan que con un Estado de las Autonomías, que ya ha implosionado, que alienta y se basa en un Estado plurinacional (por el elevado intervencionismo estatal que permite y la redacción de su Constitución) van a resolver los problemas. Si no se quiere reducir el peso del Estado y despolitizar los servicios que éste ofrece, otra posible solución es reorganizar la estructura estatal desligándola de las realidades nacionales, ficticias y no ficticias. Tabarnia no deja de ser una propuesta, cuyo desdén nos augura años de tensiones. Pero pueden estudiarse otro tipo de organización que no tenga que ver con la Nación a la que cada uno quiera sentirse parte, ya sea en la realidad o en matrix.

Insisto, si no se quiere reducir el peso de la política en nuestras vidas, al menos valoremos reorganizar el Estado por ejemplo, dando más peso a las provincias, o a las jurisdicciones (ya ocurre en estos momentos en España y en la UE, no es una locura), o a las ciudades... Tampoco pensemos en términos binarios: hay muchas funciones que pueden descentralizarse más o menos.

Pensar que todo esto es una barbaridad y tratarlo con desdén y superioridad, es como pensar, a estas alturas, en prohibir los libros electrónicos no vaya a ser que desaparezcan los libros físicos... Y parece que en eso estamos.


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