OPINIÓN

Papeles del infierno

Controlar al Leviatán no sólo depende del voto en las urnas a un determinado partido político u otro (al final, todos mantienen un cierto pacto implícito en cuestiones fiscales), sino de otros contrapoderes.

Papeles del infierno.
Papeles del infierno.

Tal vez la publicación de los "Papeles del Paraíso", como continuación de los "Pepeles de Panamá" haya coincidido con un periodo de saturación informativa y no ha despertado tanta furia y escarnio público como en la primera edición. Quizá no ser novedad explique el aparente menor impacto que haya tenido. Cualquier explicación es más plausible que creer que los españoles no vean con recelo, por usar un eufemismo, que "los ricos" y los personajes famosos, artistas, deportistas, etc., utilicen para ahorrarse impuestos lo que popularmente se conoce como paraísos fiscales, que no tiene por qué coincidir con lo que jurídicamente se contempla como tales.

Utilizar estas jurisdicciones puede explicarse por múltiples razones y, desde luego, su uso con fines ilícitos (blanqueo de capitales provenientes del  tráfico de drogas, crimen organizado, etc.) debería distinguirse de aquellos usos que se explican una planificación fiscal dentro de la legalidad.

Mezclarlo todo lleva una clara carga de mala intencionalidad pues trata de contaminar aquellos usos espurios de estas jurisdicciones con aquellos otros que solo buscan proteger su patrimonio o reducir su carga fiscal

Mezclarlo todo lleva una clara carga de mala intencionalidad pues trata de contaminar aquellos usos espurios de estas jurisdicciones con aquellos otros que solo buscan proteger su patrimonio o reducir su carga fiscal. El problema es que aun aquellos que legalmente utilizan una planificación fiscal sofisticada son puestos en tela de juicio y reprobados moralmente, cuando no debería ser así.

Razones contra la planificación y la estrategia fiscal

Una crítica a la planificación fiscal inteligente es la de que no se está siendo igualitario, en el sentido de que quienes practican esta planificación no están tratando a los demás como a iguales sino como a inferiores.

No obstante, imaginemos que alguien que por un sentido de prudencia y de inteligencia financiera (por ahorro de costes, por ser una persona austera, etc.) prefiere ordenar y realizar una planificación fiscal para ahorrar los máximos impuestos posibles. Ese ahorro podría decidir donarlo o quedárselos para sí. ¿Si moralmente no es rechazable que hiciera lo primero, por qué reprobar lo segundo? Tanto si se queda el ahorro como si lo destina a obras de caridad no modifica la calificación moral de haber tratado de ahorrarse el pago de impuestos.

Otro argumento contra la planificación fiscal que motiva el recelo a aquellos que diseñan estrategias legales con jurisdicciones fiscales menos gravosas es que no están contribuyendo al sostenimiento del Estado como agente 'coordinador' de la sociedad, algo así como que no ayuda a sostener "la democracia" que "nos hemos dado todos".

La educación, sanidad, las regulaciones de todo tipo, los caprichos políticos, los "procés", los planes E... no entran, ni de lejos, en la categoría de gastos necesarios

Sin embargo, tratar de reducir la factura fiscal no significa no querer destinar recursos al suministro de los servicios públicos necesarios para garantizar esa coordinación: defensa, justicia, red de seguridad económica mínima para los más necesitados. Otra cosa bien distinta es considerar que todo el gasto público es necesario para el sostenimiento de un Estado y garantizar la paz social. La educación, sanidad, las regulaciones de todo tipo, los caprichos políticos, los "procés", los planes E, etc. etc., no entran, ni de lejos, en la categoría de gastos necesarios para ese fin coordinador y pacificador. Educación, sanidad, pensiones, son actividades que perfectamente podrían ser suministradas voluntaria y libremente entre los ciudadanos, sobre todo hoy en día. Y los distintos delirios políticos y demás caprichos es obvio que no son necesarios para una sociedad en paz. Así es que, tratar de pagar los menos impuestos posibles dista mucho de ser moralmente reprochable sobre la base de este argumento. Además, si el ahorro fiscal que legalmente se ha conseguido no es necesario para lograr estos fines coordinadores, masacrar a impuestos no parece que sea una manera racional de conseguirlos.

Puede llegarse a escuchar en alguna tertulia política y económica que la planificación fiscal (internacional) puede llegar a contagiar a la mayoría de población, no sólo para que trate de reducir su factura tributaria sino para que no pague ningún tipo de impuestos, cuyas consecuencias serían el colapso del Estado y, por tanto, de la sociedad que conocemos hoy en día. "Si este que es rico no paga y está en los papeles de Panamá, por qué tengo que pagar yo que no tengo tanto". No obstante, estamos bastante lejos del umbral a partir del cual esto sucedería, por lo que alertar de este hecho parece un argumento algo más dramático y sensacionalista que realista. El impacto marginal (por individuo) de crear este problema parece más bien cero.

Dejando aparte el tipo de democracia que disfrutamos (directa o representativa), la confiscación de una cantidad de renta aprobada por votación no implica que tal confiscación sea justa

Otro de los múltiples argumentos contra el uso de otras jurisdicciones en lugar de tributar en España es que el sistema tributario español, al final, es un sistema aprobado democráticamente. Dejando aparte el tipo de democracia que disfrutamos (directa o representativa), la confiscación de una cantidad de renta aprobada por votación no implica que tal confiscación sea justa. Si voy a comer a un restaurante con unos amigos y estos deciden que quien debe pagar soy yo, me parecerá una decisión a todas luces arbitraria e injusta. Si estos amigos me tranquilizan, me piden que respire y me dicen que lo van a votar, siendo el resultado de dicha votación que yo debo ser quien pague la comida, será una situación exactamente igual de inmoral que la primera. Las votaciones no explican la moralidad de las normas aprobadas. 

Contrapoder

Por otra parte, deberíamos estar familiarizados en cómo evolucionan los sistemas fiscales, porque al fin y al cabo, nosotros somos sus sujetos pasivos (es el término jurídico). De lo que deberíamos ser conscientes es que los gobernantes siempre van a tratar de extraer la mayor renta posible. Siempre habrá una buena causa que justifique un impuesto. Los políticos no son angelitos, lo sabemos. Lo que además deberíamos tener presente es que, si nos acribillan a más impuestos no es porque no quieran sino porque no pueden, al estar sujetos a una serie de restricciones que no se votan ni se estipulan en ningún lado ni son lemas de manifestaciones. Son restricciones y condicionantes que dependen de cómo es una sociedad, como se estructura y cómo se comportan sus miembros.

Por ejemplo, la importancia relativa que tiene el Estado respecto a la sociedad es fundamental: si el Estado está muy presente en la Sociedad, es muy intervencionista y controla muchas facetas de la vida de la población, ésta es más dependiente y el poder fiscal tendrá más éxito en esquilmarnos más renta.

Si al Estado le va a costar poner en práctica, monitorizar y fiscalizar las leyes fiscales, no las aprobará o no serán tan voraces.

O, como en el caso que nos ocupa, si los gobernados pueden hacer un mejor "trato" fiscal con otros Estados o Gobierno ya sea porque pueden desviar su actividad económica hacia aquellos (deslocalización) o puedan contratar a nacionales de otras jurisdicciones, etc., entonces el Estado autóctono reducirá su impulso tributario.   

Sin estos condicionantes y restricciones, explicados más ampliamente por Margaret Levi, los políticos podrían tratar de aprobar, eso sí, democráticamente, sistemas fiscales todavía más lesivos que los actuales. Al fin y al cabo, son juez y parte en estos procedimientos puesto que el oferente del servicio público es, al mismo tiempo, quien decide su demanda y los ingresos. Es como si un empresario tuviera la cualidad de ofrecer un servicio y decidir cuántos ingresos reales recibirá por ello.

Lo que crea riqueza, oportunidades y, en definitiva, aumentar la calidad de vida de la población es poder emprender una actividad económica, poder trabajar

Que desde la sociedad civil, desde los medios de comunicación, se emprendan este tipo de campañas que mezclan aquellos sujetos que tratan de blanquear actividades ilegales, con aquellos que quieren optimizar su factura fiscal (al igual que ya pasó durante la crisis con las campañas contra Starbucks, Google, Apple, etc.), nos resta poder de negociación en la configuración de los sistemas fiscales, porque vilipendia el uso de la inteligencia financiera, de otras jurisdicciones fiscales, para limitar el hambre desbocado del Estado en conseguir más y más ingresos.

Hay muchos necesitados que no son atendidos por el Estado. Y creo que nadie se caerá del guindo a estas alturas para reconocer que lo que crea riqueza, oportunidades y, en definitiva, aumentar la calidad de vida de la población es poder emprender una actividad económica, poder trabajar, poder intercambiar lo que uno ofrece a los demás a cambio de una contraprestación, etc., y no lo que destruye todo lo anterior (los impuestos).

Controlar al Leviatán no sólo depende del voto en las urnas a un determinado partido político u otro (al final, todos mantienen un cierto pacto implícito en cuestiones fiscales), sino de otros contrapoderes, como que la Sociedad tenga un mayor poder de negociación frente al Poder Fiscal en la configuración del sistema tributario imperante. Por ejemplo, no arrojando la más mínima sombra de duda y reproche moral a aquel que legalmente trata de reducir su factura fiscal aunque sea usando jurisdicciones con bajos impuestos.     


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