OPINIÓN

El vals de los precios

Hay quien alerta de la llegada de un nuevo tiempo, de una nueva era de inflación desbocada. Pero, ¿realmente hemos entrado en una nueva fase de inflación desaforada que nos llevará a reeditar épocas pasadas?

Los hábitos de consumo no varían pese a la subida del precio de la electricidad.
Los hábitos de consumo no varían pese a la subida del precio de la electricidad. EFE

El dato de inflación del mes de enero ha sido algo parecido a un shock. De repente, cuando llevábamos meses hablando de caída de precios y de los peligros derivados de la deflación, esta semana el crecimiento de los precios se dispara al 3 % interanual. A falta de conocer los detalles de este incremento, no es complicado argumentar que la principal explicación es la evolución de los precios de los carburantes y la ola de frío que disparó el precio de la luz durante gran parte del mes. Por otro lado, esta misma ola de frío presionó al alza los precios de parte de los productos perecederos. A pesar de que las razones parecen estar identificadas, algunos alertan de la llegada de un nuevo tiempo, de una nueva era de inflación desbocada. Entre ellos los ha habido quienes han alertado incluso sobre un nuevo apocalipsis de la estanflación. Pero, ¿realmente estas cifras trasmiten la idea de que hemos entrado en una nueva fase de inflación desaforada que nos llevará de nuevo a épocas pasadas? Aunque no puedo hablar por lo que ocurrirá de aquí en dos años, sí puedo decir que ahora mismo, con los datos actuales,  la respuesta es no.

Como ocurrió con la caída de precios que disfrutamos entre 2015 y 2016, el aumento actual corresponde en gran parte a un simple efecto estadístico

En primer lugar, y como ocurrió con la caída de precios que disfrutamos entre 2015 y 2016, el aumento actual corresponde en gran parte a un simple efecto estadístico. Para comprender esto es importante saber diferenciar lo que es nivel de lo que es una tasa de crecimiento, y esta última hay que entenderla cuando se comparan meses similares en años diferentes. La evolución de los precios de los carburantes, con un escalón después del verano de 2015 provocó que durante gran parte de 2016 los precios, en comparación interanual, cayeran. Una vez superado ese “escalón”, los precios dejaron de hacerlo en tasa interanual. Esto ya lo explicamos en esta columna no hace muchos meses.

Ahora estamos en una fase absolutamente inversa. El escalón es hacia arriba, por lo que, para los próximos meses, la comparación del nivel de precios con el existente un año antes será positivo, todo lo que la evolución al alza del precio del crudo nos permita imaginar. Así, gran parte de esta subida de enero viene determinada por una combinación perfecta entre los bajos precios del crudo de enero de 2016 con los “relativamente” elevados en enero de 2017.

En segundo lugar, la ola de frío es puntual. Los consumidores ya hemos sufrido la merma en nuestra capacidad adquisitiva (lo veremos en cuanto lleguen las facturas de la luz del mes de enero). El efecto de esta subida de precios (precio más bien) sobre nuestros bolsillos ya está más que descontado. El crecimiento intermensual de febrero, si este no reproduce las temperaturas medias del pasado mes, compensará en parte el “impulso” sobre los precios. Además, estamos comparando precios del mes de enero de 2017 con el de 2016, que fue mucho más benigno en cuanto a temperaturas. Todo ello cuenta para explicar esta repentina subida de precios. Por el mismo motivo, si el invierno del próximo 2018 no es tan frío como el actual, dentro de un año obtendremos caídas de precios interanuales donde hoy vemos subidas.

Si el invierno del próximo 2018 no es tan frío como el actual, dentro de un año obtendremos caídas de precios interanuales donde hoy vemos subidas

Por lo tanto, dos factores exógenos a la economía española y posiblemente puntuales, cuando menos el segundo de ellos, explican esta evolución. Deberemos esperar al dato de inflación subyacente para hacernos una idea general sobre cómo han realmente evolucionado los precios en España. De hecho, según estimaciones de BBVA Research, la inflación subyacente de enero sería prácticamente la misma que la del mes inmediatamente anterior, lo que tiene sentido dado que gran parte del repunte de la inflación viene motivada por los precios citados más arriba.

Así, un análisis sosegado de la inflación siempre debe tener como referencia a la inflación subyacente, aquella que no contabiliza precios volátiles como son la energía y los productos sin elaborar. No quiero con ello decir que el dato general no sea de interés. Mi argumento es que si queremos hacer un discurso sólido sobre la inflación debemos trabajar nuestro análisis sobre los fundamentos de la misma, y esta se puede captar de un modo más correcto con este indicador y sin el ruido de precios “caprichosos”.

La pregunta que debemos hacernos es si este aumento de la inflación, a pesar de ser puntual, puede “contaminar” a la economía española y generar mayores tasas de inflación en el futuro

La pregunta que a continuación debemos hacernos es si este aumento de la inflación, a pesar de ser puntual, puede de algún modo “contaminar” a la economía española y generar mayores tasas de inflación esperadas en el futuro. Para ello es fundamental comprender qué harán los trabajadores antes de poder prever qué harán los precios.

En el gráfico que muestro a continuación se pone en relación la evolución desde 2002 de la inflación subyacente y la tasa de crecimiento del coste salarial por hora obtenida de la Encuesta de Coste Trimestral del INE. Cada punto representa un par de crecimiento de coste salarial y de inflación. Ambas series han sido calculadas en media móvil de cuatro trimestres, para eliminar estacionalidad y efectos puntuales. Se ha dibujado una línea recta que representa aquellas combinaciones en las cuáles el coste salarial nominal crece al mismo ritmo que la subyacente. Esto implica que aquellas combinaciones que se sitúen por debajo de la línea reflejan ganancia de poder adquisitivo del trabajador mientras que los puntos situados por encima de la misma, pérdidas.

Gráfico.
Gráfico. A.H.

Lo que muestra el gráfico es un vals. Los precios y los salarios se mueven sinuosamente. Así, entre 2003 y 2008 los pasos de baile se hicieron ligeramente por debajo de la línea de la igualdad. La inflación subyacente, muy estable en torno al 2,5 %, fue sistemáticamente menor que el crecimiento de los costes salariales, que oscilaron entre el 2,5 % y el 5,2 %. Durante este tiempo los salarios ganaron cierto poder adquisitivo sobre los bienes incluidos en la subyacente.

La llegada de la recesión deprimió profundamente los precios, aunque no los salarios, que mantuvieron al menos hasta 2010 su tasa de crecimiento. La razón de esta divergencia fue, por un lado, el efecto que el cambio de la composición en el mercado de trabajo tuvo sobre los salarios, y motivado por la elevada destrucción de empleos temporales y de baja cualificación, que elevaron los salarios medios así como la inercia inducida por lo pactado en los convenios colectivos.

Si los costes salariales se mantienen estables, terminarían por actuar como ancla que impediría un aumento desproporcionado de los precios

Entre 2009 y 2011 los salarios redujeron severamente su crecimiento, mientras que la inflación aumentó suavemente. Ambas magnitudes coquetearon con similares cifras, en torno al 1-2 %. Sin embargo, poco después, de repente, los salarios empezaron a entrar en tasas negativas de crecimiento, tanto reales, al moverse por encima de la recta, como nominales, al moverse en el cuadrante negativo para esta variable. Posiblemente la reforma laboral y el ajuste salarial de empleados públicos explicarían esta nueva evolución y que se mantuvo al menos durante dos años. Sin embargo, lo que queda reflejado una vez más es que después de unos trimestres de desacople entre precios y salarios, estos vuelven a bailar cerca de la recta, de dónde no se han separado desde entonces.

¿Qué pasará en el futuro? Es difícil de prever. Pero sí podemos argumentar con cierta seguridad que una subida moderada de la inflación (subyacente) hasta niveles del 2 % y una reducción del desempleo, nos llevará a posiciones más alejadas del origen del gráfico, hacia el noreste. Lo que no es de prever, porque no existen fuerzas actuales para que esto suceda, es que nos movamos en una sola dirección, por ejemplo, hacia arriba, hacia el norte. Es decir, un aumento de la inflación sin que los costes salariales los sigan. Estos últimos, si se mantienen estables, terminarían por actuar como ancla que impediría un aumento desproporcionado de los precios. El vals debe bailarse cerca de la recta. Siempre se volverá a medio plazo sobre ella. Para que se baile en niveles de inflación muy elevados es necesario que haya niveles de inflación salarial igualmente elevados. Si esto segundo no ocurre, la inflación será moderada, por mucho que suba el precio de la luz.


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