OPINIÓN

181 razones para reformar el mercado de trabajo

En España no necesitamos una nueva reforma. Necesitamos un nuevo mercado de trabajo. Nuevas leyes, pocas, simples y claras. Derogar el Estatuto de los Trabajadores y toda la legislación que se adhiere a ella como un tumor.

181 razones para reformar el mercado de trabajo.
181 razones para reformar el mercado de trabajo. Igor Ovsyannykov

¿Es España un país de bares, como algunos argumentan? No lo creo. Pero de lo que no cabe duda es que lo es de gestorías. En España hay tres grandes símbolos de lo tópico: el toro de Osborne, la muñeca flamenca y las gestorías. Si pasean por Sevilla, como por cualquier otra ciudad, en cada soportal, en cada entrada de bloque, casa o edificio en general, tendrán una gestoría dispuesta a explicarle la maraña de documentos y contratos necesarios para simplemente pagar un impuesto o contratar a alguien. 

En el año 1978 se firmaron los Pactos de la Moncloa. Como una rima del Plan de Estabilización de 1959, vino este a poner orden en una economía española que había esperado demasiado para arreglar sus asuntos económicos. Desde el año 1973 se habían postergado las reformas, dada la necesidad imperiosa de poner orden primero en los asuntos y menesteres de la política. El asesinato de Carrero Blanco coincidió en el tiempo con la Guerra del Yom Kippur lo que, como si fuéramos víctimas de una broma pesada del destino, nos obligó a cohabitar con dos crisis gravísimas a cada cuál más preocupante. La agenda solo se vistió de economía cuando la transición política estaba encauzada, que no consolidada.

El mercado de trabajo en España había sido hasta entonces rígido, garantista y vertical. Diseñado al gusto de una clase dirigente que buscaba la paz social con la que atar su poder dictatorial

En esos pactos hubo hueco para la reforma laboral. El mercado de trabajo en España había sido hasta entonces rígido, garantista y vertical. Diseñado al gusto de una clase dirigente que buscaba la paz social con la que atar su poder dictatorial. La reforma de 1979, con la aprobación del Estatuto de los Trabajadores, supuso una entrada de aire democrático en las relaciones laborales, pero sin perder de vista aquellas “costumbres" nacidas en un entorno rancio de cuellos azules y paternalismo gubernamental.

La crisis de 1980-81 puso en entredicho la calidad de esta nueva norma. La llegada al poder del PSOE en 1982 y la cada vez más evidente necesidad de mejorar la situación llevó a la aprobación de la reforma laboral de 1984, con la aparición estelar de algo que, ya por tan cercano, casi lo tenemos como uno más de la familia, el contrato temporal.

La reforma laboral de 1984 trajo consigo algo que, ya por tan cercano, casi lo tenemos como uno más de la familia, el contrato temporal

No fue una reforma que ayudara. En realidad, al cabo del tiempo resultó obvio que se había vestido a un santo para desvestir a otro. Creó otro problema. Y desde entonces, en este país, tan especial por tropezar siempre con la misma piedra, hemos intentado resolver el marasmo, intentado deshacer un nudo gordiano cuya única solución es simplemente su ruptura. Desde entonces, las diferentes reformas laborales o acuerdos-ajustes-lavados de cara (1992, 1994, 1996, 1997, 2001, 2002, 2006, 2009, 2010 y 2012) han sido más testimoniales o parciales que verdaderos catalizadores hacia unas modernas y nuevas relaciones laborales. En realidad, una tras otra han ido construyendo sobre la anterior un nuevo estilo arquitectónico laboral que ha terminado por crear un edificio sin harmonía ni visual, ni estética y, mucho menos, estabilidad. Ese es nuestro mercado de trabajo en España.

Como curiosidad un dato. Si trabajan con la Muestra Continua de Vidas Laborales e intentan seguir la trayectoria laboral de un español medio desde los años ochenta, encontrarán que este trabajador ha tenido a su disposición ¡más de 181 contratos laborales diferentes! Cierto es que muchos son específicos para ciertas eventualidades, discapacidades o incentivos. Pero aun así, con esa enorme cantidad de contratos, tengan la valentía de decirme, si son sobrehumanos y se dedican a esa labor tan encomiable y valiente de ser autónomo, cómo no es necesaria una gestoría. Por muchos superpoderes que tengan, necesitarán de la ayuda de un experto para contratar en España. Ánimo desde mi humilde parte.

Pongan esta reforma en la mesa, aderécenla con un buen pacto educativo, una nueva y eficiente legislación fiscal y administrativa y les aseguro que en pocos años a España no la reconocerá ni la madre que la parió

Así pues, en España no necesitamos una nueva reforma. Necesitamos un nuevo mercado de trabajo. Nuevas leyes, pocas, simples y claras. Derogar el Estatuto de los Trabajadores y toda la legislación que se adhiere a ella como un tumor y crear una nueva. Un nuevo estatuto. Ni más neoliberal ni más socialdemócrata. Simplemente una regulación sensata, razonable y adecuada a los nuevos tiempos. Necesitamos una nueva legislación que, creando los lógicos mecanismos de continuidad, sea pensada para un futuro nuevo.

Pongan esta reforma en la mesa, aderécenla con un buen pacto educativo, una nueva y eficiente legislación fiscal y administrativa y les aseguro que en pocos años a España no la reconocerá ni la madre que la parió. Eso sí, busquen a políticos con voluntad de cambio y pídanles que no flaqueen. Necesitarían todo nuestro apoyo. ¿Conocen a alguno? Yo sí.


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