La Economía explicada

Causalidad entre salarios y productividad

No hace mucho días, el PSOE lazó una serie de propuestas para refundar económicamente la zona euro. Una de ellas, la igualación de los salarios mínimos para el conjunto de los países miembros, ha reavivado el debate sobre las consecuencias de su aumento. Una elevación del mismo sin un incremento de la productividad que lo sostenga, dicen algunos, elevaría el desempleo y por lo tanto sería contraproducente. Este argumento, que tiene su lógica, asume explícitamente que los aumentos de salarios no generan aumentos de productividad. Dicho de otro modo, si elevar el salario no eleva a su vez la productividad, los beneficios empresariales por unidad de producto caerían, afectando más que probablemente al empleo. Si esto es así, la propuesta no tendría sentido al generar costes sociales superiores a sus beneficios. 

¿Elevar salarios puede mejorar la productividad y por lo tanto es una adecuada medida de política económica como muchos proponen?

¿Tiene sentido tal argumentación? ¿Podemos afirmar que la relación causal entre productividad y salarios es sólo en una dirección? Si no fuera así, ¿significa que elevar salarios puede mejorar la productividad y por lo tanto es una adecuada medida de política económica como muchos proponen? Intentaré hilar fino en los siguientes párrafos para poder dar una visual convincente de lo que hasta ahora la evidencia económica (junto con la teoría), nos dice al respecto. 

La Macroeconomía nos explica que a largo plazo la causalidad entre ambas variables sigue primordialmente la dirección "productividad determina salarios". ¿Cuál es la malvada lógica para tal afirmación? Que los fundamentos del crecimiento de la productividad, aunque algunos permanecen desconocidos, son principalmente, tecnología y conocimiento humano, variables cuya acumulación sostenida en el largo plazo dependen de numerosos incentivos y entre los que no parece el elevar artificialmente las rentas. Que ambas variables determinan los límites del aumento de la productividad puede explicarse con ejemplos sencillos, y muchos al alcance de cualquier mente despierta. Todos sabemos que hoy disfrutamos de un nivel de vida mucho mayor que hace 5.000 años, y la razón última es que hemos desarrollado tecnología que nos permite ser mucho más productivos, porque tenemos conocimiento que podemos atesorar y transmitir, así como las instituciones sociales y políticas que lo facilitan (lean para ello el afamado libro de Acemoglu y Robinson de 2012). Los salarios, que igualmente han aumentado considerablemente, son simplemente una expresión de este nivel de vida. Ganamos más por hora trabajada porque nuestra tecnología nos lo permite. Así, si creen que es posible elevar los salarios sin hacer lo propio con la productividad a nivel agregado y a largo plazo, piensen detenidamente. 

¿Qué ocurriría si eleváramos el salario de los trabajadores sin que haya habido antes un aumento de la productividad? Aumentarían los costes de producción (los famosos costes laborales unitarios), reduciendo el beneficio por unidad de producto. Este aumento pondría en peligro la actividad productiva de la empresa. Claro está, hasta donde esta esté dispuesta a sacrificar beneficios antes de entrar en pérdidas. La consecuencia sería una reducción del empleo (la empresa sustituiría el factor productivo que se ha encarecido relativamente) presionando a los salarios a la baja, provocando que éstos finalmente retornen a un nivel más acorde con su referencia, la productividad. Para hacerse una figura mental de esta evolución a largo plazo, pueden imaginar a los salarios como un perro que sale a pasear con su amo, la productividad: puede moverse de un lado hacia otro del mismo, pero la correa le impide hacer su “propio” camino.

Cuando los costes laborales habían crecido lo suficiente, las consecuencias fueron la intensificación del aumento del desempleo por la crisis del 92-93 así como una caída del salario real

Hay evidencias que respaldan esta historia. En España tenemos un magnífico “experimento natural” en 1988-1991. El 14 de Diciembre de 1988 nuestro país vivió su primera huelga general de la democracia. Las razones fueron diversas, pero una de ellas fue la exigencia de subidas salariales que compensara de la pérdida sufrida en los años anteriores (entre 1979 y 1987). La demanda sindical tuvo éxito, por lo que finalmente los salarios aumentaron muy por encima de la productividad en los años siguientes. Así, este aumento fue debido en gran parte por una causa exógena. Cuando los costes laborales habían crecido lo suficiente, las consecuencias fueron la intensificación del aumento del desempleo por la crisis del 92-93 así como una caída del salario real que compensara dicho aumento. 

Dicho esto, existiendo evidencia y una teoría sólida que la respalda ¿cómo es posible que haya quién defienda una relación causal bidireccional? Es decir, ¿cómo se puede argumentar que un aumento de los salarios pueda elevar la productividad y proponer además una medida de política económica con este argumento? Pues se lo voy a decir claramente: porque tienen razón. Sí, y no me contradigo por tres razones. Se las explico. 

En primer lugar, a nivel agregado, se ha identificado en un amplio número de trabajos (los que estén interesados pueden pedírmelos), que un aumento de los salarios eleva la productividad, incluso a largo plazo. ¿Buenas noticias?. No, cuidado, encierra un truco. En general se asume que el aumento de productividad que es precedido por el aumento de los salarios es motivado por la sustitución de mano de obra por otro factor, capital, tal y como he comentado anteriormente. Además, dicho aumento de productividad es inferior al crecimiento del salario que lo causa (a razón de un 40% inferior). Intentar elevar la productividad con aumentos de salarios es como intentar crear energía a partir de un uso mayor de energía: no es rentable. 

En segundo lugar, y es quizás la más utilizada por los defensores de esta política, es que en el corto plazo un aumento de los salarios puede elevar la eficiencia de los trabajadores (esta hipótesis la llamamos en economía Salarios de Eficiencia). Su desarrollo, que se lo debemos a los economistas Shapiro y Stiglitz, argumenta que las empresas pueden, y suelen, ofrecer salarios por encima del nivel que vacía los mercados (el salario que se iguala a la productividad) por varias razones: asegurarse que los trabajadores hacen un buen trabajo cuando no hay posibilidades de monitorizarlos, para elevar la fidelidad de los mejores, o para elevar su productividad. Hay infinidad de trabajos que muestran que empresas que pagan salarios superiores al de sus competidoras, suelen tener mejores resultados. Especialmente usado es el ejemplo de Ford en 1914. La motivación eleva la productividad y por lo tanto podemos argumentar que a mayor salario mayor productividad. Por supuesto, es razonable considerar que la motivación tiene un límite si el entorno tecnológico de la empresa no cambia. Un aumento de los salarios puede así aumentar la productividad a nivel de empresa hasta un punto máximo. A partir de ahí el efecto sería nulo. Existe pues una posibilidad bajo esta hipótesis. 

La posibilidad de elevar productividad mejorando los salarios existe, pero difícilmente puede argumentarse a nivel macro

En tercer lugar porque los salarios fijados por el mercado no son los que se determinarían en competencia perfecta. Dice la teoría que si un mercado es de competencia perfecta, el salario es igual a la productividad del último trabajador incorporado (marginal). Para que así sea, el mercado de trabajo debe ser poblado por empresas y trabajadores con similar poder de negociación al establecer los precios (salarios). Es decir, ninguno. Pero esto no es así. Entre los trabajadores de ciertas industrias y ocupaciones, el poder de negociación es elevado, lo que les permite obtener un salario superior al que vacía el mercado. También a los trabajadores sumamente especializados, y con un elevado nivel de cualificación, y sin necesidad de sindicatos que intervengan, se les suele remunerar por encima del vaciado de mercado. Sin embargo, hay segmentos del mercado de trabajo donde ocurre lo contrario: el salario es inferior. Especialmente entre aquellos con menor capacidad de negociación; por ejemplo, en segmentos de trabajadores donde la representación sindical es mínima y el desempleo es alto. En este segundo caso el salario puede ser tan bajo que su aumento erosionaría mínimamente los beneficios empresariales ayudado por un aumento de la motivación del trabajador. Es aquí donde puede cobrar sentido la propuesta de elevar el SMI. 

Resumiendo, si un aumento salarial puede elevar la productividad (segunda razón) y puede no generar elevados costes para cierto tipos de trabajadores (tercera razón), la pregunta a hacerse es ¿hay contradicción con mi argumento inicial sustentado en la primera razón? No. Fíjense que he diferenciado claramente dos ámbitos al exponer mi argumento. En primer lugar me he referido a la relación "macro" y agregada. En el segundo, a mercados (micro). Y es aquí donde reside la gran confusión. La posibilidad de elevar productividad mejorando los salarios existe, pero difícilmente puede argumentarse a nivel macro. Y si existiera causalidad en ese sentido, las razones de la misma no son positivas. Pero nivel micro puede suceder. Parte de las diferencias (desigualdad) intrasectoriales tiene este origen. También parte del aumento de las diferencias salariales entre trabajadores cualificados y no cualificados. 

¿Han probado a volar tirándose de los cordones? No es posible

Existen muchas otras razones por las que incluso a largo plazo un aumento salarial puede elevar la productividad, y que por razones de espacio no desarrollo: elevación del consumo, del gasto en educación e incluso de incentivos a la innovación. La dificultad de defender estas razones estriba en lo complejo de demostrar tales canales de causalidad. En segundo lugar, y aunque así fuera, como se ha demostrado en muchos ejemplos, el aumento de los salarios es mayor que el de la productividad generada, lo que nos lleva a un impulso que como he dicho, no es rentable: como dice mi estimado colega tuitero @demostenes, ¿han probado a volar tirándose de los cordones? No es posible. 

PD: el lector puede con criterio decir que una cosa es que no pueda crecer más que la productividad y otra muy diferente es que lo haga menos. Para esta cuestión le remito a mi post de hace tan sólo dos semanas (aquí).


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