La buena educación

¿Cabe la excelencia en unos futuros pactos educativos?

“Los cambios no se producen por sí solos. Son el resultado del trabajo de personalidades comprometidas con su tiempo. A través de ellos puede cambiar toda una cultura”.

(Rudolf Steiner fundador en Stuttgart de la primera Escuela Waldorf)

La educación ha perdido protagonismo en la agenda política española, es difícil que las ofertas de los partidos promuevan entusiasmo real más allá de los propios militantes. Cada episodio de enfrentamiento en política educativa hace cundir mayor desánimo entre los educadores, y promueve mayor ensoñación sobre posibles pactos que siembren la pax educativa y contribuyan a subsanar importantes déficits hoy por hoy corregibles. Entre ellos, una mayor atención a la excelencia.

¿Por qué España tiene tan pocos alumnos excelentes si otros países logran mejorar sus resultados con ellos? Tal vez porque enredados en los permanentes debates sobre igualdad como sinónimo en la práctica de justicia educativa, incluso los profesores mejor intencionados creen que este principio es el único relevante para su quehacer diario.

Los alumnos superdotados colisionan frecuentemente con su entorno por falta de empatía

Pero a veces la igualdad para todos se torna injusta: ocurre en el caso de alumnos excelentes, de altas capacidades y superdotados, que necesitan atención diferenciada y seguimiento para que las características tan especiales de su talento consigan manifestarse y aportar a la escuela toda la excelencia de que son capaces. Los alumnos superdotados cuyo cociente intelectual se establece usualmente a partir de 130, con una inteligencia, como mínimo, 30% superior a la de otros niños, colisionan frecuentemente con su entorno por falta de empatía.

El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes PISA, en el que no solo hay que ver la imagen final de los resultados españoles, sino el conjunto de sus análisis, arroja luz sobre todos los temas de interés para la educación, y por ello, también sobre estos alumnos. Este programa clasifica el rendimiento del alumnado en diferentes niveles, siendo el 6 el mayor y del que se nutre la excelencia; en el extremo opuesto se sitúan los alumnos con peores resultados, incluso algunas veces tan bajos que el nivel 1 se desdobla en dos posiciones: 1 y -1.

Ampliando el foco sobre PISA, se puede disfrutar del sueño de la excelencia educativa analizando el extremo superior del rendimiento escolar, expresado en sentido estricto en el nivel 6, pero también ampliándolo al 5 para países que no logran tener alumnos en el nivel 6.

En general, para España se viene repitiendo el mismo diagnóstico en las cinco evaluaciones PISA ya realizadas y publicadas desde el año 2000 al 2012. El diagnóstico/fotografía final española son unos resultados por debajo de la media OCDE, ya se trate de lectura, matemáticas o ciencias. España tiene a sus alumnos mayoritariamente en los niveles de rendimiento 2, 3 y 4 establecidos por la OCDE. 

Compatible con lo anterior, los resultados en equidad son superiores en nuestro país con respecto a la media de la OCDE; en España las diferencias entre los centros educativos no influyen tanto como las diferencias entre las familias y explican el 17% de las diferencias de los resultados de los alumnos frente al 37% de la OCDE; los países en los que esto ocurre, se consideran más equitativos porque la influencia del conjunto de los centros educativos sobre el rendimiento escolar del país es homogénea, con independencia del entorno social y cultural que rodee a cada centro, es decir: comparando el conjunto de los centros educativos, todos los resultados son muy parecidos y muestran muy escasos destellos de excelencia. En Europa hay sistemas educativos tradicionalmente muy equitativos, como Noruega o Finlandia, de los que España no está lejos en términos de equidad, pero cuyos resultados académicos de los alumnos son mucho más elevados.

La autocomplacencia en los resultados de los alumnos españoles nos llevaría a la mediocridad

Si la equidad es una característica de la educación española podríamos interpretarla positivamente para hacer que esta equidad fuese compatible con mayor excelencia. De no hacerlo así, la autocomplacencia en los resultados de los alumnos españoles nos llevaría a la mediocridad y no nos permitiría nunca llegar al aprovechamiento del talento de los alumnos excelentes.

Otra buena noticia es que en España los alumnos que proceden de familias de nivel social, económico y cultural bajo tienen resultados superiores a los que obtienen alumnos similares en Europa y en la OCDE. Esto es un homenaje a los profesores, porque en el sistema educativo son ellos fundamentalmente los que consiguen mejorar las expectativas y resultados de este alumnado con respecto a lo que su contexto familiar les proporciona. Aún con dificultades, es indudable que el sistema educativo español tiene una tensión positiva hacia la atención de alumnos desfavorecidos, no siempre debidamente reconocida.

Esto es un éxito educativo para España porque indudablemente beneficia a alumnos muy necesitados de la promoción y legitimación social que sólo pueden encontrar por medio de la educación. Pero tenemos que conseguir que se comprenda que esto es una condición necesaria pero no suficiente en el aprovechamiento del talento educativo y en la mejora del sistema educativo en su conjunto.

Lo contrario sucede con los alumnos de nivel socioeconómico y cultural medio y alto, cuyos resultados son inferiores a las medias OCDE y europeas. La equidad del sistema educativo español tiene dos posibles interpretaciones. Una de ellas es tranquilizar conciencias porque los éxitos en equidad compensan lo que se puede interpretar como malos resultados académicos de España en PISA; otra es aprovechar como buena premisa de partida la homogeneidad de resultados en centros educativos españoles para plantearse precisamente ahora acordar políticamente avances en grandes asignaturas pendientes de nuestro país; la equidad no deja de ser una manifestación de un nivel de cohesión social que entre todos hemos conseguido y debemos valorar; por ello ahora es el momento de trabajar para la excelencia sin pérdida de equidad, y hacerlo comprender al conjunto de la sociedad para evitar la asociación conceptual, tan frecuente pero elemental y nefasta, entre excelencia y elitismo.

Quienes más se beneficiarían de la atención al talento serían precisamente los alumnos más desfavorecidos de la educación española. En 2012, última edición publicada PISA, la media de todos los países en Lectura fue 496, en España fue de 488, 0.5% alumnos en nivel 6 y un 5% en nivel 5, mientras otros países tenían hasta un 4% de alumnos en nivel 6 y 15% en nivel 5.

En Matemáticas la media de todos los países OCDE fue 494 frente a 484 en España, con 1,3% alumnos en nivel 6 y 6.7% en nivel 5, mientras en otros países se podía llegar hasta un 12% de alumnos en nivel 6, y 19% en nivel 5.

Similar es la situación en Ciencias ya que siendo la media de países OCDE 501, España obtuvo 496 de media, 0.3% alumnos en nivel 6 y 4.5% en nivel 5 y en otros países podíamos encontrar hasta un 3% de alumnos en nivel 6 y 15% en nivel 5. Cabe la tentación de decir que los países de buenos resultados son otras tradiciones, otras culturas muy alejadas socioeconómicamente de la nuestra.

En 2012 España obtuvo un 8% de alumnos de alto rendimiento mientras la media OCDE se sitúa en un 13%

Se pueden cerrar los ojos ante evidencias, pero el análisis exhaustivo por la OCDE de los resultados de los países participantes muestra caminos a seguir sobre la posición a la que cada país quiere y puede aspirar, y en lo que se espera de la educación de cada país. En el mejor de los casos, que ha sido en matemáticas, en 2012 España obtuvo un 8% de alumnos de alto rendimiento (niveles 5 y 6) mientras la media OCDE se sitúa en un 13%.

España puede mejorar mucho sus resultados actuando sobre el gran margen de maniobra que tenemos como país sobre la atención a la excelencia, un camino apenas explorado. Así lo han hecho otros países con creciente interés en promover a los alumnos excelentes, con independencia de su procedencia social, con iniciativas verdaderamente innovadoras.

En las estadísticas públicas del Ministerio de Educación, en España existen 15.876 alumnos de altas capacidades entre los 8.111.298 alumnos escolarizados, de ellos, 11.548 en centros públicos y 4.328 en centros privados; según expertos, en cualquier comunidad humana la representación de personas superdotadas podría situarse en un 2%, lo que supondría para España 162.226 alumnos con estas características. A la vista de los datos, hay que ayudar a que estos talentos afloren en mayor medida. Para ello, es necesario que exista un impulso conjunto, que la sociedad y sus representantes políticos, comprendan que es necesario y ahora es posible un esfuerzo colectivo para ayudar a la educación en la detección y promoción del talento, sobre todo en las edades en las que todavía los alumnos superdotados están a tiempo de orientar su vida de manera positiva con la comprensión y colaboración de todo su entorno.

En términos de comparabilidad internacional se ve muy claro el camino: España debe desplazar todo su sistema educativo desde las posiciones bajas e intermedias actuales hacia las intermedias con mayor excelencia, a las que puede aspirar por su posición económica, y también por sus vínculos y raíces culturales comunes con las naciones más avanzadas.

El apoyo a la excelencia, de la que forman parte importante, pero no sólo ellos, los alumnos superdotados y de altas capacidades corresponde a los tiempos actuales

Ante una nueva legislatura, España tiene ahora una oportunidad de aproximar diferentes visiones políticas, construir consensos y actuar en consecuencia guiando la educación hacia la excelencia. Tener la visión de que esto es perfectamente compatible con los planteamientos más sociales desde el punto de vista educativo, está reservado al liderazgo de personas verdaderamente comprometidas con su tiempo. El apoyo a la excelencia, de la que forman parte importante, pero no sólo ellos, los alumnos superdotados y de altas capacidades corresponde a los tiempos actuales.

En otros países ya están convencidos de que las capacidades de los alumnos brillantes, los “top performers” en términos PISA, no se pueden perder ni torcer por falta de atención y colaboración de la sociedad y de las políticas públicas. La innovación, la creatividad o el conocimiento necesitan el talento de estos niños aplicado a las múltiples manifestaciones que permiten avanzar a la sociedad, y no solo en términos económicos, que también, sino en toda la profunda extensión conceptual del significado del vocablo “progreso”.


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