Hace tan solo dos semanas, el primer ministro holandés, Mark Rutte, conocido por su jovialidad, su capacidad para sobrevivir a cualquier escándalo - lo llaman 'Mark de Teflón' - y sus guiños euroescépticos, parecía intocable. Su Gobierno había caído a causa de un escándalo descubierto por Pieter Omtzigt, un parlamentario democristiano conocido por su independencia crítica, pero el 17 de marzo su partido, el liberal VVD, ganaba las elecciones por cuarta ocasión consecutiva, un récord en Países Bajos.

Parecía que un cuarto gabinete de Rutte sería inevitable y que conseguiría, a finales de 2022, el récord de ser el primer ministro holandés más longevo. Con la victoria de Rutte asegurada, el país se embarcó en un proceso de formación de gobierno relativamente sencillo. Eso sí, en un Parlamento con 17 partidos eran necesarios al menos cuatro para una coalición (la extrema derecha está excluida debido a la existencia de un cordón sanitario).

En Países Bajos el “proceso de formación” sigue un guion estructurado en el que los partidos descubren qué coaliciones son posibles y qué acuerdos se pueden hacer. Dada la clara victoria del VVD y del otro partido liberal, D66, y en plena crisis por la covid-19, parecía que este proceso sería una formalidad. Hasta que la mariposa batió sus alas.

Una de las “formadoras” (los negociadores que toman el papel del Rey en las consultas desde el 2012), Kasja Ollongren, era también ministra en el Gobierno actual. El lunes de la semana pasada, otro ministro dio positivo por covid, por lo que Ollongren tuvo que hacerse un test, que salió también positivo, por lo que tuvo que abandonar el proceso de formación de gobierno de forma precipitada.

Al salir Ollongren del Parlamento, un fotógrafo tomó la imagen que ilustra este artículo. La instantánea parece inocente, pero Ollongren cometió un error fatal: sus apuntes sobre las negociaciones eran perfectamente visibles. Y en particular, se podía leer la frase: ‘Darle a Omtzigt una posición en otro sitio’.

Estaba claro que alguien intentaba desembarazarse del ultracrítico miembro del Parlamento Pieter Omtzigt, que había sido la principal amenaza para Rutte. Todos los involucrados en las negociaciones se apresuraron a negar haber hablado sobre Omtzigt, incluido Rutte.

El error fatal de Mark Rutte

Y aquí vino el error fatal de Rutte, interpretado como acto de arrogancia por toda la opinión pública. Rutte dijo rotundamente que él jamás mencionó a Omtzigt y que no había nada de lo que hablar al respecto.  Sus palabras en televisión fueron lapidarias: “Nadie tiene nada que explicar”.

Enfurecido por el desprecio de Rutte, el Parlamento exigió información sobre las notas de las reuniones. Y cuando los “formadores” se la suministraron, las notas de la conversación entre los formadores y Rutte mostraban que se había hablado de Omtzigt. En realidad, para ascenderlo al gabinete—¡no era suyo el intento de defenestrarlo!-. Pero la mentira fue suficiente. Enfrentado a su mentira, Rutte dijo que simplemente se había olvidado de la conversación.

Para comprender la indignación que esta desmemoria provocó, hay que entender el pasado de Rutte y sus problemas con su “falta de memoria”. ¿El ministro de Asuntos Exteriores cuenta una historia falsa sobre una visita a la Dacha de Putin? Rutte “no recordaba nada”. ¿Un ataque aéreo de la Fuerza Aérea holandesa que mató a 70 civiles en Irak? Rutte no se acordaba. ¿Un plan controvertido para eliminar el impuestos de sociedades? Ni idea. ¿Recibos de un acuerdo hecho por la fiscalía con un narcotraficante? Tampoco. En todos estos casos, Rutte afirmó haber olvidado lo sucedido.

Pero ahora, la amnesia sobre un incidente que había tenido lugar una semana antes le resultó al Parlamento inaceptable. Después de un agotador debate de 15 horas, el jueves pasado Rutte se quedó completamente solo. Todos los partidos, excepto el suyo, votaron a favor de una moción de condena al Gobierno (no una Censura formal propiamente dicha).

El golpe final a Rutte que puede afectar a Europa

La puñalada final, por ahora, ocurrió este sábado. La Unión Cristiana, un pequeño partido que forma parte de la actual coalición y que para Rutte es imprescindible para formar su próxima mayoría, anunció que no haría una coalición con el VVD si el Primer ministro era Rutte. El cuarto gabinete de Rutte, que parecía inevitable la semana pasada, ahora parece imposible.

El impacto de la fotografía de los apuntes de la negociación podría tener consecuencias mucho mayores que poner fin al mandato de uno de los líderes europeos con más años de servicio. Mark Rutte es famoso por ser una voz euroescéptica en el Consejo Europeo. Siempre que alguien propone mayor integración en Europa, sabíamos que Rutte respondería echando el freno de mano.

El año pasado, fue él quien, como líder informal de los cuatro frugales, retrasó las negociaciones sobre el Fondo Europeo de Rescate y la decisión de recursos propios. Un VVD más débil en la próxima coalición significa que habrá más espacio para que el Eurófilo D66 y otros partidos de izquierda aumenten su peso específico. Un posible paso de los Países Bajos de la columna “anti-integración” a la “pro-integración podría cambiar radicalmente las políticas europeas en el futuro próximo, en un momento en que el continente se encuentra en una encrucijada.

Como la proverbial mariposa que agita sus alas y desencadena un ciclón, una fotografía casual e inocente podría dar pie a una nueva era en la política holandesa y europea.