En solo un año la Covid-19 ha puesto en jaque a la salud y la economía de todo el planeta. Un brusco parón a todos los niveles que, sin embargo, no ha frenado otro de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad: el cambio climático y el progresivo deterioro del planeta.

El exceso de emisiones de gas de efecto invernadero es un desafío que no espera a nadie y demanda respuestas contundentes e inmediatas. Porque cada vez queda menos tiempo. La comunidad científica ha marcado el año 2030 como un punto de no retorno, la fecha límite para reducir el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados y evitar así una catástrofe de dimensiones inimaginables. “Vivimos una emergencia global. La buena noticia es que aun no es demasiado tarde para actuar, pero tenemos que hacerlo ya. La clave estará en lo que seamos capaces de avanzar durante la próxima década”, advierte Ana Botín, presidenta de Banco Santander.

En ese contexto, la imperiosa necesidad de virar cuanto antes el rumbo que lleva la humanidad hacia planteamientos sostenibles es una responsabilidad compartida por todos los estamentos de la sociedad. Banco Santander, como una de las entidades financieras más grandes del mundo, está dando los pasos necesarios para liderar dicha transición. Porque, como señala su presidenta, “el sector financiero tiene un papel fundamental por una razón evidente: somos los que financiamos la economía. Tenemos la responsabilidad de apoyar la transición a una economía verde, ayudando a las personas y las empresas a reducir sus emisiones”.

Descarbonizar la economía

La entidad financiera ya marcó un hito a finales de 2019 cuando, en el marco de la Conferencia sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP25), anunció su compromiso de ser 100% neutro en carbono en 2020 mediante la compensación de todas las emisiones que genera en su actividad diaria. La disminución de sus emisiones ha sido progresiva y el alcance de este objetivo se ha logrado con un plan complementario de compensación de emisiones en cinco países: México, España, Brasil, Alemania y Estados Unidos. Un plan basado en la compra de créditos de carbono generados por proyectos que, o bien evitan emisiones a la atmósfera, o bien captan gases ya emitidos. Estos proyectos, que han sido avalados por los estándares internacionales más reconocidos, son los de energía eólica "Oaxaca III" en México con Climate Trade; la reforestación en Guadalajara (España) a través de CO2 Revolution; la central hidroeléctrica "Salto Pilão" en Brasil a través de la empresa Chooose; el proyecto de reducción de las emisiones de N2O en Krefeld (Alemania) con Ecoterrae, y la recuperación de gas en el vertedero Bluesource de Spartanburg (Carolina del Sur, Estados Unidos).

La entidad financiera es 100% neutra en carbono desde 2020

Cero emisiones netas

Pero Banco Santander continúa avanzando en el marco de sus políticas de Banca Responsable, alineadas con el compromiso que mantiene con los objetivos medioambientales de los Acuerdos de París. La entidad redobla sus esfuerzos climáticos al marcarse como meta alcanzar las cero emisiones netas en 2050, no solo a nivel interno, sino también en lo que se refiere a las emisiones de sus clientes derivadas de cualquiera de sus servicios de financiación, asesoramiento o inversión. Como primeros objetivos, en 2030 Santander dejará de ofrecer servicios financieros a clientes de generación de energía eléctrica cuyos ingresos dependan en más de un 10% del carbón y eliminará por completo su exposición a la minería de carbón térmico en todo el mundo.  

Otra de las medidas incluidas en su hoja de ruta medioambiental es contribuir a movilizar los recursos necesarios para financiar la economía verde. Banco Santander es líder mundial en financiación de proyectos de energías renovables. Solo en 2020 ayudó a financiar a través de Santander CIB, proyectos de nueva creación que produjeron energía suficiente para suministrar a más de 10 millones de hogares y evitar la emisión de 60 millones de toneladas de CO2.

Los objetivos de la entidad pasan por financiar o facilitar la movilización de 120.000 millones de euros en financiación verde hasta 2025 y 220.000 millones de euros hasta 2030, desarrollar una cartera de productos y servicios ‘verdes’ para sus clientes, apoyarles en la transición hacia una economía baja en carbono y seguir luchando contra la deforestación y su impacto negativo en el cambio climático y la biodiversidad, especialmente en el Amazonas, entre otras metas.