Gritos

El peculiar comportamiento de la reina Letizia en Mallorca

Letizia Ortiz ha copiado una de las costumbres de su suegra, la reina Sofía

Los reyes y sus hijas, posando en el Palacio de Marivent (Palma de Mallorca).
Los reyes y sus hijas, posando en el Palacio de Marivent (Palma de Mallorca). Gtres.

Aunque la reina Letizia suele frecuentar poco Palma de Mallorca, lo cierto es que la isla siempre da mucho de sí en cuanto a noticias se refiere. Nunca podremos borrar de nuestras retinas el rifirrafe entre Letizia Ortiz y su suegra, la reina Sofía.

A pesar de la tensa relación que existe entre ellas, la mujer del rey Felipe VI y su madre siguen erre que erre empeñándose en mostrar a toda España y al mundo lo bien que se llevan. Sin embargo, la reina ha adoptado una de las costumbres de su suegra, la reina emérita, y no es precisamente buena: los desprecios que hace a los periodistas.

La táctica que la reina Letizia ha copiado a la reina Sofía

Como es sabido, a Letizia le gusta estar al día de todas las noticias. Lee la prensa a diario y también está atenta de todo lo que se publica sobre ella. Por eso tiene calados a los periodistas que bailan a su son y a sus detractores, a los que saluda de forma diferente.

“Cuando nos encuentra en Mallorca, a los del sector adepto les estrecha la mano fuertemente y con entusiasmo, mirando a los ojos... A los que molestamos por alguna crítica, nos gira la cara y nos ignora”, ha escrito Pilar Eyre en 'Lecturas', haciéndose eco de lo que le ha contado una veterana periodista.

Después Eyre ha continuado explicando: “Ahí no puede escaquearse pero emplea la siguiente táctica. Te da la mano blanda y va hablando a gritos con alguien que está a dos lugares detrás de ti sin dirigirte ni una mirada...”.

Un comportamiento que, según escribe Pilar Eyre, viene de la madre del rey Felipe: “¡Se lo habrá enseñado la reina Sofía, que, según me contaba el fotógrafo Oriol Maspons, te reñía cuando te daba la mano! “Te la tiraba abajo si se la dabas demasiado alta, la subía a tu boca para que la besases, pero si acercabas demasiado los labios, te la retiraba bruscamente, aun a riesgo de desmembrarte... Y lo hacía con su sonrisa imperturbable, mientras tú estabas queriéndote morir de vergüenza”.

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