Los parajes naturales van a ser la excusa para redescubrir nuestras ciudades y provincias saliendo a respirar aire puro, indagando en nuestras raíces y entendiendo, ahora más que nunca, la importancia de la madre naturaleza.

España es un país con una riqueza natural infinita, desde la densidad de los bosques a lo más profundo de nuestros mares y océanos. De ahí que no sorprenda descubrir que en nuestra tierra contamos con quince Parques Naturales, algunos de ellos nombrados Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La importancia de este título, conferido a lugares específicos del planeta donde sea que se encuentren, tiene el doble objetivo de preservar y dar a conocer lugares de importancia natural excepcional para la herencia común de la humanidad. Es por eso, por lo que estos quince espacios se transforman en quince joyas plagadas de riqueza donde disfrutar en cualquier época del año de los entornos de postal que nos dejan. Aquí una selección de algunos de estos parajes naturales que no debemos perdernos esta primavera.

Las Médulas (León)

En el Bierzo, junto al río Sil, se encuentra un imponente lugar que merece una escapada seas o no amante de la naturaleza: Las Médulas. Este monumento natural, declarado desde 1997 Patrimonio Mundial por la UNESCO, es el resultado de la búsqueda incesante del Imperio Romano a finales del siglo I a.C. por encontrar oro. Dicho de otra forma, este entorno paisajístico es el resultado de las explotaciones auríferas romanas para cuya extracción se alteró considerablemente el medio ambiente de la zona, dando lugar a un inusual paisaje de arenas rojizas cubiertas de castaños y robles. Un dato más, Las Médulas, son consideradas la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio Romano.

Las Médulas © Giuseppe Bandiera | Usplash

Visitar Las Médulas es sumergirse en un Monumento Natural con miles de años de antigüedad y una de las escapadas naturales perfectas para quién se encuentren por Castilla y León y sean amantes del trekking. Este recorrido se realiza por la Senda de Las Valiñas -recorriendo el interior de los restos de la explotación hasta llegar a La Cuevona y La Encantada, dos de las galerías- en un paseo de tres kilómetros que se realiza habitualmente en unas dos horas y que se puede hacer en grupos guiados o por libre.

Selva de Irati (Navarra)

En pleno Pirineo Navarro, y compartido con Francia, se ubica el mayor hayedo y abetal más extenso y mejor conservado de Europa después de la Selva Negra alemana. Estas 17.000 hectáreas, que se mantienen prácticamente en un estado virgen gracias a su gran cuidado, son consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2017 como extensión de los Hayedos primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa.

Selva de Irati © Ana Cruz | Usplash

La Selva de Irati se puede visitar a lo largo de todo el año, pero primavera y otoño son dos de las épocas más bellas. Es un lugar fantástico para realizar rutas de trekking para todas las edades con diferentes recorridos que van desde la posibilidad de sumergirse en las profundidades de la Selva de Irati a conocer los valles de Cize y Soule en la parte francesa. Además, hay rutas para todos los niveles, las cortas que abarcan los cinco kilómetros y las largas para excursionistas más avanzados que van hasta los veinte.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Huesca)

Este Parque Nacional está compuesto por cuatro valles – Valle de Ordesa, Cañón de Añisclo, Gargantas de Escuaín y Valle y Circo de Pineta- que se extienden alrededor de Monte Perdido, el macizo calcáreo más alto de Europa. Posiblemente, Ordesa y Monte Perdido sea una de las zonas naturales más desconocidas de la Península y una de las que más llamen la atención por su paisaje de grandes contrastes.

Parque Nacional de Ordesa (Flickr / javism)

Aquí la aridez de las zonas altas, donde el agua de lluvia y el deshielo se filtra por las grietas y sumideros, nada tiene que ver con los verdes valles cubiertos por bosques y prados, donde las gotas de lluvia se transforman en cascadas atravesando cañones y barrancos. Por no hablar de su fauna, que lo han convertido en Reserva de la Biosfera por encima de cualquier otra figura transpirenaica con sus buitres, águilas, quebrantahuesos y sarrios que viven entre los bastos bosques de hayas y pinos del parque.

Cada una de estas zonas y valles permiten realizar una ruta diferente, desde conocer el Cañón de Anisclo de norte a sur, visitar los encantadores pueblos pirenaicos del Valle de Ordesa o de las Gargantas de Escuaín hasta descubrir el típico perfil en U de origen glaciar del Valle de Pineta.

Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres)

Entre Navalmoral de la Mata, Plasencia y Trujillo, en el centro de la provincia de Cáceres, se encuentra el que fuera declarado en 1979 el primer Parque Nacional de Extremadura, Monfragüe. Un espacio natural en el que la fauna y la flora cobran especial relevancia, de hecho, cuenta con una de las mayores colonias de buitres y es un espacio salvaje de especial protección de aves. En sus cielos se puede ver surcar el buitre negro, el águila imperial ibérica, la cigüeña negra y las garzas imperiales.

Paraje natural de Monfragüe

En el interior del parque se encuentran algunos pueblos, ideales para pasar la noche mientras se conoce a fondo la naturaleza con la que sorprende Monfragüe. Su entrada es libre y gratuita y la única condición es que los visitantes no se salgan de las zonas y senderos habilitados para su recorrido, además de no tirar basuras y no dar de comer a los animales. Villarreal de San Carlos es el corazón del parque y habitualmente el punto inicial de la visita, desde donde moverse a los miradores para observar el vuelo de las aves, trasladarse a las cuevas y abrigos naturales plagados de pinturas rupestres o ser el punto de inicio de las rutas de senderismo señalizadas para disfrutar de todo el esplendor de su naturaleza.