Froilán de Marichalar

Los escoltas de Froilán de Marichalar se hartan de su comportamiento y amenazan con dimitir

Froilán de Marichalar, en su primer día de universidad.
Froilán de Marichalar, en su primer día de universidad. Gtres

Los escoltas del hijo de la infanta Elena no pueden más con el estilo de vida que lleva el joven, de 19 años. El equipo de seguridad de Froilán está hartos de su comportamiento y del ajetreado ritmo de vida: viajes continuos, fiestas hasta altas horas de la madrugada, etc.

Al parecer, los guardaespaldas se habrían negado a seguir velando por su seguridad y habrían amenazado con dimitir, según ha señalado el paparazzi Gustavo González en ‘Sálvame’. No están dispuestos a seguir cuidando de él. “Están cansados de los conflictos, las broncas, los horarios intempestivos y los caprichos de Froilán. No son niñeras y se han negado a seguir escoltándolo”, ha explicado el colaborador.

Además, los guardaespaldas son escoltas de la infanta Elena y no de su hijo pero es ella la que les pide que le protejan. Por ejemplo, el padre de Froilán, Jaime de Marichar, paga a sus propios guardaespaldas, tiene contratada una seguridad privada. Dejó de tener escolta oficial cuando “cesó su convivencia” con la infanta Elena.

Froilán “se cree Dios”

La última escapada del sobrino del rey Felipe VI fue a Valencia, para disfrutar de las fallas en compañía de un grupo de amigos. Allí le pudimos ver en primera fila, viendo la mascletà, a pesar de que él quería estar desde el mismo lugar en el que se prenden las mechas, pero los escoltas no le dejaron.

Algunos colaboradores se quejaron de que a los escoltas los pagamos todos los contribuyentes, como fue el caso de Mila Ximénez: “Estoy harta de pagar”. Aludiendo a que no sólo hay que pagar a la seguridad de la familia real sino a los parientes también.

Por su parte, Suso, exconcursante de ‘Gran Hermano’, relató la experiencia de un amigo suyo, propietario de una discoteca de Madrid, con Froilán ebrio: “Lió un pollo en el privado, tenía una arrogancia que no lo paraba nadie, se puso a gritar a seguridad, había bebido más agua de la cuenta, al niño no se le podía decir nada, iba con unos aires. Es el hijo de quien es y se cree Dios”.



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