Godivaciones

Tengo miedo a la alcaldesa

Desde hace unos meses tengo más miedo que vergüenza. O casi tanto miedo como vergüenza. Porque vergüenza ajena, la que te produce ver a gente que hace el más absoluto ridículo, siento mucha.

Manuela Carmena es la que genera ambos sentimientos en mi ser: el miedo y la vergüenza. Una venerable anciana que se presenta a alcaldesa de la capital de España al frente de una pandilla de jovenzuelos marxistas radicales reconvertidos del 15M, me despertó en su momento cierto sentimiento de ternura. Sí, lo reconozco. En mi descargo he de decir que soy la misma ingenua que acudió, empujada, eso sí, por mi amiga Marion, a una asamblea de economía del 15M en los alrededores de la Puerta del Sol de Madrid. Le tengo que agradecer a Marion la experiencia, lo admito. Fue indescriptible.

Esa ingenuidad es la que me llevó a pensar que una señora tan mayor aceptaría estar al frente de semejante horda solamente por un arrebato de lirismo, de romanticismo caduco y con olor a rancio, pero romanticismo idealista al fin y al cabo. Y eso me produjo ternura. Duró unas décimas de segundo. No más.

Ella viene auditada de casa. Nadie puede auditar sus cuentas y valorar la confianza que inspira su gestión

Manuela Carmena no se audita

Ella viene auditada de casa. Nadie puede auditar sus cuentas y valorar la confianza que inspira su gestión. Como no piensa recurrir a la deuda, pues para qué, ¿no? Y ya no sé si no le han explicado o es que se hace la tonta, que Fitch, S&P y las demás agencias de calificación valoran, más o menos torpemente, la confianza que usted inspira. Es como pensar en Dany Zuko (protagonista de Grease interpretado por John Travolta) y plantearse: “¿Le dejarías en custodia a tu hermana adolescente?” No quiere decir que lo vayas a hacer, pero te deja claro como cuánta confianza puede tener cualquier persona en ese tipo. Lo mismo, una calificación no determina que seas mejor o peor persona, pero sí te dice que se te percibe como un ayuntamiento confiable, o todo lo contrario, si vas a devolver lo prestado o vas a tirar la casa por la ventana. Pero eso, ¿a quién le importa? Es alcaldesa por obra y gracia del socialista Carmona, a pesar de no ser la opción más votada. Pero incluso si no le respalda el apoyo de los votantes, le apoya su cargo. Solamente eso. Su cargo. Porque la famosa horda de radicales post-15M la dejaron en evidencia desde el principio. Tanto, que ella amenazaba con largarse a la mínima.

Y, claro, que no te declaren enfermo si no pisas un médico no tiene mérito. Lo bueno es ir a revisión y que te digan que estás hecho un roble. Pero ¿no dejar que se auditen las cuentas? Parece, más bien, la reacción del avestruz.

Un día por las euromarchas. Otro por la fiesta de la bici. Otro para que la gente pasee. Solo falta que nos toquen la corneta y que paseemos al ritmo que nos marquen

La Reina de Corazones

El personaje de Lewis Carroll representaba la irracionalidad caprichosa del poderoso que no tiene sesera. Así, la famosa Reina, decretaba a voces que le cortaran la cabeza a todo el que se movía, atendiendo solamente a su capricho. Ya sé que les va a parecer exagerado, pero las manías de Manuela Carmena, se me antojan igual de arbitrarias que las del personaje de Carroll, salvando las distancias. La obsesión con cortar el eje Castellana-Recoletos en pleno fin de semana, cuando quienes trabajamos tenemos el único momento para pasear, ir en coche a donde queramos, movernos con la familia, o a solas, o lo que sea, que para eso es fin de semana, no me parece sensato. La explicación ofrecida (que así la gente puede pasear) implica que usted los fines de semana pasea. Y si prefiere hacer otra cosa peor para usted porque la espina dorsal de Madrid está cerrada. Todos a pasear. Así que, si se me ocurre (insensata de mí), improvisar un sábado e ir al cine al centro con mi hija, lo tengo como Caín. Porque está cortado. Un día por las euromarchas. Otro por la fiesta de la bici. Otro para que la gente pasee. Y solo falta que nos toquen la corneta y que paseemos al ritmo que nos marquen. Como decía Carlos Rodríguez Braun la pasada semana ¿qué pasó con el coche, con el utilitario, liberador de la clase trabajadora, que uno solo puede sacar el fin de semana? Pues uno se fastidia, y pasea. Sólo faltaría.

Tan sobrada está nuestra alcaldesa que le da igual hacer el ridículo y no apuntar el nombre de quien habla antes que ella en los eventos, aunque sea el presidente de El Corte Inglés, que tantos empleos madrileños crea.

Pues, agárrense, que me apunta mi amigo Mendi que lo que viene después de la bici son los huertos urbanos como expresión del lujo. Tal cual. Lo dicho: mucho miedo.


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