Carlos Sainz disputó 101 grandes premios antes de lograr su primer podio. No había ocurrido nunca con anterioridad: porque quien no lograba quedar entre los tres primeros en sus primeras cien carreras, no lo conseguía jamás. Carlos Sainz lo hizo el 17 de noviembre de 2019, tras salir en el último lugar: remontó 17 posiciones hasta quedar tercero. Solo campeones del mundo como Sebastian Vettel, Lewis Hamilton o Kimi Raikkonen habían protagonizado hasta entonces remontadas similares. Se convirtió también ese día en el cuarto español en subir a un podio en Fórmula 1, uniendo su nombre para siempre a los de Alfonso de Portago, Fernando Alonso y Pedro Martínez de la Rosa. Exhibe Carlos Sainz cifras de veterano.

Pero solo tiene 26 años. El Jr. (permítasenos en esta semblanza liberarle ya del añadido) que solía acompañar su nombre de manera aparentemente inamovible, al margen de la edad, va desapareciendo pese a que su padre se empeñe en prolongar una carrera irrepetible que le permite ganar un tercer Dakar –lo logró en la edición de 2020– a los 57 años y seguir sumando nuevos títulos a un currículum que exhibe, entre otros muchos logros, dos campeonatos del mundo de rallys, cuatro subcampeonatos y cinco terceros puestos. Dado que su tercer puesto en el Dakar de 2021 le dejó un sabor agridulce que quiere restañar en el futuro, la actualidad deportiva tendrá que seguir distinguiendo entre el padre y el hijo.

Carlos Sainz vestido de Giorgio Armani. La firma ha llegado a un acuerdo plurianual con Ferrari para patrocinar y vestir a su equipo directivo, técnico y pilotos.

Exhibe este último, decíamos, cifras de veterano pese a su juventud. La que acaba de comenzar –con la disputa, el último fin de semana de marzo del Gran Premio de Bahréin– es la séptima temporada de Carlos Sainz en la Fórmula 1 desde su debut en 2015: 119 carreras le contemplan; un total de 372 puntos le avalan. Tras aquel primer y épico podio, continuado con un segundo en 2020, no parece exagerado afirmar que le esperan muchos más. Pura lógica, incluso, si se echa un vistazo a su progresión en esta competición desde aquel primer año: 15º en la clasificación general con 18 puntos; 12º con 46 en el siguiente año; noveno y décimo en los dos sucesivos con 54 y 53 puntos; para repetir como sexto clasificado en 2019 y 2020 con 96 y 105 puntos respectivamente. Toro Rosso durante tres temporadas casi completas; Renault luego, y McLaren en estos dos años últimos de la consagración han sido sus escuderías. Hasta fichar por Ferrari. Y eso son palabras mayores.

La escudería italiana lleva en la competición desde su inicio, en 1950; es por tanto el equipo en activo más antiguo. También el que ha conseguido más victorias: 15 de pilotos y 16 de constructores. Y algunos, muchos, de los más grandes pilotos de la historia han vestido su uniforme rojo: Michael Schumacher, Niki Lauda, Juan Manuel Fangio, Alain Prost, Nigel Mansell, Raikkonen, Vettel y Fernando Alonso entre otros. Ese legado hereda Carlos Sainz este año. Y la presión añadida de que, tras varios años sin ver a uno de los suyos conquistar el título –Raikkonen fue el último en 2007–, los seguidores de la escudería, fieles al color rojo como si de un equipo de fútbol se tratara, han depositado en Sainz y en su compañero de escudería Charles Leclerc –este en el equipo desde 2019– todas sus esperanzas. De repente, ambos jóvenes –el monegasco tiene 23 años– se han convertido en la pareja de talentos por explotar que llevará a Ferrari a reverdecer viejos laureles. Nada de eso parece asustar al español. “Es el momento soñado por cualquier piloto –reconocía en una reciente entrevista–. Es una mezcla de responsabilidad y de alegría. Se juntan muchas cosas, muchas emociones, pero sobre todo ganas e ilusión”.

Giorgio Armani le ha vestido para la ocasión. Será la firma que Sainz y Leclerc –también el equipo directivo y técnico– lleven en los eventos oficiales y los traslados vinculados con el Grand Prix de Fórmula 1. Es quizás solo una anécdota que sirve, sin embargo, para reflejar el momento que vive el piloto español: está preparado para entrar, vestido de gala, en el selecto grupo de los grandes de la historia.
Para llegar aquí, Carlos Sainz (nacido en Madrid el 1 de septiembre de 1994) ha corrido mucho, valga el juego de palabras. Primero, en karting, donde debutó en 2006 –apenas 12 años– apuntando ya maneras suficientes para alzarse con varios títulos.

El francés Charles Leclerc, compañero de Carlos Sainz, en la escudería Ferrari.

Continuó luego una de esas carreras con saltos entre vehículos y motorizaciones no siempre fáciles de entender para los no expertos –Fórmula BMW Europa, Fórmula Renault 2.0, F3 Euroseries, GP3, Fórmula Renault 3.5 Series…–, participaciones siempre jalonadas de podios y triunfos en una etapa en la que el nombre a veces pesaba más que empujaba. El ‘hijo de’ tenía que demostrar que estaba ahí por méritos propios; que del padre había heredado, sí, su afición a la velocidad, pero también talento, y que los apellidos no ganan carreras. Alguna vez ha dicho Sainz que aquello le sirvió de gasolina. “Ahora ya no, porque ya no necesito esa gasolina. Me tocó demostrar que yo no soy ‘hijo de’ sobre todo tanto en la época del karting como cuando era piloto júnior de Red Bull, y también en mi primer año de Fórmula 1. Toda esa gente que pensaba que yo había llegado a la Fórmula 1 por ser ‘hijo de’…, los usaba un poco de gasolina. Luego, cuando paso por Renault y por McLaren y empiezo a ganar un poco más el respeto de la Fórmula 1, ya no pienso en la gente que lo sigue diciendo. Que seguro que la hay, pero me da bastante igual. Y cuando firmas con Ferrari, ya ni te cuento”, confesaba en una entrevista con soymotor.com.

Dicen que en Ferrari pensaron en Sainz, tras la marcha un tanto abrupta de Sebastian Vettel, no solo por su talento y velocidad, sino también por ciertos rasgos que adornan su personalidad y que no siempre abundan en el circuito: además de su juventud para formar esa ilusionante dupla con Leclerc, su madurez, su capacidad para trabajar en equipo y un carácter tranquilo fuera de la pista que facilita una actividad casi nunca exenta de tensión. “Me cuesta enfadarme con la gente –explica el propio Carlos Sainz–. A no ser que tenga razones muy potentes, no salto. Intento pensar las cosas dos veces”.

Este es el hombre llamado a atrapar de nuevo ante la televisión a cientos de miles de aficionados a la Fórmula 1: a los tifosi de Ferrari en Italia, pero también a tantos españoles que se quedaron huérfanos tras el paréntesis de Fernando Alonso y que han asistido con resignación a años de dominio de Red Bull y Sebastian Vettel primero y Lewis Hamilton y Mercedes después. “Es un buen momento en España para engancharse a la Fórmula 1. Va a ser un año bonito: verme a mí en Ferrari y a Fernando de vuelta en Alpine… Que tengan paciencia –dice Sainz a los aficionados–, porque 2022 sí que va a ser un año de cambio. 2021 igual se parece un poco a 2020, esperemos que no, pero en 2022 puede haber un cambio en la historia de la Fórmula 1 y hay que estar ahí para seguirla”.

El compañero de escudería

En dos temporadas en las que Ferrari parecía condenada desde el inicio a correr a la estela del Mercedes de Lewis Hamilton, la irrupción del talentoso, audaz y joven Charles Leclerc (Montecarlo, Mónaco, 16 de octubre de 1997) sirvió para devolver la ilusión a los seguidores de la escudería italiana. No parece flor de un día. En la temporada de 2019, acompañando a Sebastian Vettel, se convirtió en el segundo piloto más joven en correr con Ferrari, solo detrás de Ricardo Rodríguez, que lo hizo en 1961 con menos de 20 años. Y ese mismo 2019 logró sus primeras dos victorias en un Gran Premio y un total de diez podios, para acabar 4º en la general con 264 puntos. Incluso en 2020, con un Ferrari claramente menos competitivo, consiguió dos podios y un meritorio 8º lugar final. La dupla que forma ahora con Carlos Sainz es las más joven alineada por Ferrari desde 1968, la gran esperanza roja para llevar a la escudería italiana de nuevo a los más alto. ”Nos tenemos respeto mutuo –afirma el español–. Le respeto por su carrera deportiva, por su talento, por lo que ya ha logrado en Ferrari en los pocos años que lleva aquí, y también, sinceramente, por lo que él ha pasado”, en referencia a sus no siempre fáciles circunstancias personales, como la pérdida de su padre cuando contaba con 54 años.