Concebida ya como un elemento que influye en el comportamiento humano, la luz puede condicionar el estado de ánimo y las respuestas de las personas según sea su intensidad, color o calidez. El movimiento, el tiempo o la percepción del entorno se definen constantemente por la luz. Tanto es así, que la inercia del ser humano nos lleva a, por ejemplo, hablar más bajo si la luz de un espacio es reducida, o por el contrario, elevar el tono si es más intensa. A esta correspondencia entre iluminación y emociones intenta dar respuesta Xavier Martín (Barcelona, 1965), CEO de Faro Barcelona, una compañía con el objetivo de hacer feliz a la gente a la que se dirige. Cuando no está diseñando en su estudio ubicado en la Ciudad Condal, dedica su tiempo a la navegación en solitario (las islas Canarias y la costa del Mediterráneo son los destinos más lejanos que ha conquistado), un deporte con el que practica la atención, la consciencia del momento y la reflexión sobre el presente.

Todas las colecciones de Faro Barcelona, desde sus piezas de exterior hasta las originales bombillas de volúmenes geométricos, están inspiradas en los principios del bienestar y la calidad. Una perspectiva de diseño que Xavier Martín aborda desde la importancia del contacto humano y una visión holística de la vida, dos fuentes de inspiración que ayudan a concebir el diseño como algo más que una estética agradable a la vista. Preocupado por el humanismo más que por los aspectos técnicos y racionales de la vida, su próximo reto se centra en abrir el camino hacia una mayor sostenibilidad. La construcción de nuevos espacios apoyados en una creatividad consciente es el motor de Martín, al mando de una firma con casi seis décadas de vida, que goza ahora de gran impacto en el cliente tras la irrupción del teletrabajo y el deseo colectivo de favorecer la armonía y la funcionalidad en los ambientes del hogar y la oficina.

Showroom de Faro Barcelona, marcado por líneas claras y contraste de tonos.

¿Cuál crees que es la relación de las personas con el diseño? ¿Nos ayuda a tener una vida mejor?

Definitivamente. En mi experiencia personal, trabajar en diseño me ha ayudado a centrar mis pensamientos. Un factor muy importante, y que no se practica lo suficiente, es la atención; aprender a escuchar, a sentir empatía y a poner el foco. Estamos muy acostumbrados a ir con el piloto automático, a afrontar el día a día con inercia. Pocas veces nos paramos a pensar en el proceso de las cosas que hacemos. La meditación es la mejor forma para desarrollarla.

Se aprecia en la industria del diseño un retorno a la naturaleza en cuanto a materiales, formas y colores. ¿Crees que existe una tendencia de 'menos es más'?

Existe una tendencia a la conciencia. Cuando mi equipo y yo comenzamos a diseñar algo, nos preguntamos antes de todo "para qué, con qué finalidad queremos dar vida a esta pieza". El consumo no es nuestro enemigo si se hace con conciencia. Para eso también es importante la cantidad de lo que se produce. En ese sentido, sí que existe una tendencia minimalista, probablemente acentuada por la pandemia. El minimalismo se centra en las personas y es una forma de vida que nos abraza a todos, aplicable a distintos niveles. Necesitamos poco, realmente.

Faro Barcelona está en el camino de la sostenibilidad. ¿Cuál crees que es el mayor reto?

A nivel conceptual, la implicación y el convencimiento de todo el equipo. Yo lo veo como un recorrido sin fin porque el mundo es muy largo. Por eso destaco la importancia de la atención a lo que pasa a nuestro alrededor. A nivel técnico, el control del suministro procedente de Asia; su cultura es muy diferente, todo está en cierta forma masificado, por lo que es más difícil que el proveedor entre en la dinámica de la sostenibilidad.

Lámpara 'Guest', un diseño de la firma inspirado en la funcionalidad y estética minimalista.

¿Qué tiene que tener una pieza bien diseñada?

Ha de servir para algo, tener un uso más allá de la estética. Los requisitos para que el buen diseño nazca de forma natural son la singularidad y la funcionalidad; pensar para quién va y sobre todo, en el confort del usuario.

Tras la pandemia, ¿se ha vuelto la industria del diseño más frágil o más resiliente?

Existe una mayor conciencia hacia el 'no diseñar por diseñar'. Faro Barcelona aplica esta máxima de manera constante. La forma de comprar ha cambiado, las nuevas generaciones no compran por impulso. El valor de una marca reside en dos factores principales: la conexión espiritual del consumidor con los productos que vendes y otras cualidades más tangibles, como son la funcionalidad o la satisfacción que los objetos les proporcionen.

¿Qué aporta Faro Barcelona a las nuevas generaciones?

Nos basamos sobre todo en una competencia honesta, centrada en las personas a todos los niveles, es decir, nos importa de igual forma cómo llega nuestra filosofía a un cliente, que a un stakeholder, por ejemplo. Siempre intentamos transmitir el mismo propósito y objetivo de la empresa: aportar cuantas más soluciones al mercado, para cubrir todas las necesidades posibles, tanto las funcionales como las emocionales.