Ser diferente nunca fue un problema para Paco León. Acostumbrado a hacer de la zona de des-confort su campo de juego, asumir riesgos en el mundo creativo parece haber sido una acertada apuesta para el actor, director y productor sevillano, que concibe la realidad y la 'gente normal' como una fuente de inspiración, delante y detrás de las cámaras. Ahora exhibe su espíritu e ingenio curioso en un nuevo proyecto acompañado de la firma de ginebra Bombay Sapphire. Se trata de la elaboración de un mueble bar de aires vintage, concebido, junto a un equipo de ebanistas, para construir un rincón dedicado al hedonismo, a los pequeños lujos y al nuevo ritual construido en torno a la elaboración de un cóctel.

Autodenominado como 'dopaminérgico', Paco León comprende su profesión como un territorio en el que es necesario activar la felicidad química en el proceso creativo para encontrar retos interesantes con los que trabajar. Se aleja así del cliché de artista que crea desde el dolor, y la diversión se convierte en un activo recurrente en su discurso creativo. Hablamos con el actor acerca de su aterrizaje en el mundo del diseño y la necesidad de convivir con el miedo y la incertidumbre para evolucionar como seres creadores.

¿Cómo comienza tu relación con el diseño?
En el momento en que Bombay Sapphire me llama. Diseñé hace tiempo algún mueble a medida, pero si hablamos de estar presente en todo el proceso creativo, desde la concepción del mueble hasta el acabado, este es mi primer proyecto profesional.

¿Cuáles fueron tus referencias artísticas para la elaboración de la pieza?
Me inspiré en diseñadores del siglo pasado, como el arquitecto Gio Ponti, en las obras de los años cincuenta y sesenta. Justo venía de rodar Arde Madrid y estaba familiarizado con el interiorismo de la época y quería hacer algo retro, pero que tuviera también algo de teatralidad actual. Me inspiré en el ‘consumo casero’, en las pequeñas reuniones que ahora con la pandemia se han puesto tan de moda. Tenía claro que quería hacer un mueble discreto, elegante, atemporal y que permitiese, si surge la ocasión, convertir el salón en una fiesta.

Paco León, durante el proceso creativo del mueble bar.

¿Cómo entrenas tu creatividad?
Aceptando proyectos que no controlo. Ahora preparo el rodaje de El Maravilloso Mago de Oz, y no sé hacerla (risas). Con el mueble me sucedió lo mismo. Si te sumerges en proyectos que nunca te habías planteado te fuerzas a agudizar el ingenio. Es importante la fase de "abrazar el vértigo”, la incertidumbre de enfrentarte a cosas desconocidas. Ahí es donde se encuentra lo interesante. Si vas a recursos y sitios ya explorados, te puede salir algo cobarde o tramposo. Cuando te arriesgas, es cuando se construyen los proyectos más atractivos.

¿Se vuelve adictivo salir de la zona de confort?
Sí, sobre todo si te sale bien. Yo he tenido mucha suerte, cuando he tomado riesgos grandes, me ha ido bien. Aunque no todos, claro. Algunos me han salido mal, pero son los que no se ven. La mayoría han sido aciertos, gracias a esa audacia, a esa osadía de descubrir para crear.

¿La zona de confort mata la creatividad?
Sí, la zona de confort acomoda y aburre al ser humano. Para crecer, para hacer cosas diferentes y evolucionar como artista, es imprescindible salir de lo conocido. También son elecciones que hacemos cada uno. Es importante ponerte en un lugar difícil e incómodo para generar nuevas experiencias y contenidos.

El actor, junto a su nueva creación.

¿Por dónde empezaste el proceso de diseño?
Por la fase de inspiración, de conectarme conmigo mismo y pensar qué me apetecía hacer. Tuve mucha libertad, aunque siempre guiado por el factor premium que exhibe la estética tan cuidada de la marca. Esto fue en época de confinamiento; estaba solo en casa descifrando un proyecto en el que nunca me había embarcado y eso tenía que significar algo. Quería convertir el hecho de abrir el mueble bar y ponerte una copa en una especie de liturgia, de ritual. Creo que todo proceso creativo tiene sus semillas en la infancia. Puedes ser menos o más consciente, pero los recuerdos o traumas casi siempre tienen su reflejo en la creación de una obra. Es el caldo de cultivo de todos los creadores. Recuerdo, por ejemplo, el mueble bar de una vecina en los años setenta, que entonces se concebía como un lujo. Quiero transmitir esa idea de ‘rincón exclusivo’ de la casa.

¿Qué consejo le darías a las nuevas generaciones que tienen miedo de mostrar su verdadero ser creativo?
Citaría una frase que me encanta, que incluso me la tatuaría: “Hay mucho miedo para tan poco peligro”. No pasa nada por arriesgarse. Yo hago el ejercicio de pensar: “Qué es lo peor que podría pasar si asumo este riesgo, que me arruine?” Nada es para tanto, realmente.

Si tuvieses que elegir otro objeto que diseñar, ¿cuál escogerías? ¿En quién o qué te inspirarías?
El frasco de un perfume. Es un proyecto que quiero monitorizar y sería algo muy personal. La realidad me parece muy inspiradora, incluso para realizar películas. Es fascinante, arbitraria, no la pillas nunca. La realidad es mágica, tiene el poder de sorprender. La gente normal me fascina. Decía el guionista Rafael Azcona que si no escribía buenos guiones, escuchaba las historias del autobús (risas). En la calle está todo, aunque el hecho de ser famoso no me permite, por ejemplo, sentarme en un banco a observar a la gente. Ahora con la mascarilla, desde algún lugar apartado, a veces puedo hacerlo. Eso es un lujo para mí.