La embajada de China en Madrid es una de sus obras. Mientras trabajaba en su diseño, surgió un problema: el edificio principal, por su ubicación y orientación, quedaría sometido a una enorme radiación solar. Para evitar sus efectos, buscó una solución en la naturaleza, como viene haciendo desde que hace más de tres décadas comenzó a desarrollar la teoría, y práctica, de la arquitectura biónica: ¿por qué no trasladar a la fachada la estructura de pliegues que utilizan los cactus para minimizar su exposición al sol y ahorrar agua?
No resulta exagerado afirmar que Javier Pioz (Madrid, 1954), doctor arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, es el padre de la Arquitectura Biónica. Otros habían buscado antes inspiración en la naturaleza para la ingeniería industrial o el diseño, pero en su caso esta conexión tiene una doble vertiente: por un lado, la que deriva de la constatación de que “la lógica de las estructuras orgánicas se basa en el ahorro máximo de material y energía, conceptos fácilmente extrapolables a la arquitectura”; por otro, que en un mundo que tendrá que multiplicar por ocho su consumo de energía en los próximos 30 o 40 años para atender a una población prevista de 15.000 millones de seres humanos, “la sostenibilidad no puede ser solo un eslogan”.

XiXi Hotel, villa de alojamiento turístico de lujo en Hangzhou, China, inspirada en las estructuras del bambú, con mecanismos para minimizar la exposición solar.

“Un arquitecto –explica a el Club del Deportista– debería aprender de la naturaleza igual que los seres vivos aprenden de sus propias acciones. Pero la naturaleza, con millones de años de evolución, acierta y fracasa en una escala de tiempo muy grande. Y nosotros tenemos muy poquito tiempo”.
No se trata solo de teoría. Los ejemplos, como el de la embajada de China, que Pioz acumula de esta traslación a sus edificios de las estructuras orgánicas son numerosos: el hostel Westin, en Calcuta, se divide en tres gajos con un triángulo central como el de la merluza, no solo porque son formas muy resistentes para un rascacielos, sino porque permiten corrientes de aire que ahorran energía en una ciudad que alcanza los 40 o 50 grados; la torre biónica de Shanghái, quizás su edificio más emblemático, es en realidad una ciudad vertical para solucionar los problemas de espacio en una megaurbe, a semejanza, por ejemplo, de los bosques, que soportan vida en varios niveles; cerca de esta ciudad asiática, en Hangzhou, un museo dedicado al agua imita la autosuficiencia energética de los nenúfares… Pero no todas son construcciones para una élite, explica Pioz. Entre sus obras figuran también viviendas o centros de salud que, gracias por ejemplo a la construcción en capas tan presente en la naturaleza –paredes o cámaras de aire para impedir que el frío o el calor entren y salgan con facilidad–, implican importantes ahorros.

Proyecto para el complejo de las Durian Tower, en Kuala Lumpur (Malasia).

¿Cómo resumiría la relación entre arquitectura y naturaleza?
La naturaleza no cambia, o el tiempo que utiliza para cambiar es mucho más largo. Lo que cambia es la actitud de los seres humanos respecto a ella. Ahora tengo la sensación de que el ser humano se siente superior a la naturaleza y con capacidad para controlarla; todo el conocimiento que tiene de ella lo utiliza para su control y su aprovechamiento. Yo creo que la naturaleza es un conjunto de estructuras biológicas, y el ser humano es una más. Y en la respuesta a qué hacemos con nuestro hábitat, que es a través de la arquitectura, debería haber cierta coherencia con las respuestas que eligen otras estructuras biológicas para su propio hábitat.

¿Qué enseñanzas concretas nos aporta la naturaleza?
Una de las cosas que se aprende de las estructuras biológicas es el equilibrio. Todo está unido, de forma que cualquier cosa que pasa en una estructura biológica se refleja en otra. Los seres humanos, pensando en cómo habitamos el mundo, no parece que estemos muy equilibrados. Si un bosque crece en tamaño, el propio bosque elimina parte de sus árboles para que crezcan otros. Pero si una ciudad crece, nosotros no hacemos eso, simplemente crecemos y masificamos la ciudad y llega un momento en que se hace casi inviable. Deberíamos aprender, además de equilibrio, la gestión adecuada de la energía: si un ser vivo puede hacer la función que hace con menos material y menos energía, lo hace. Duplicar la población en el mundo significa que consumiremos ocho veces más energía de la que estamos consumiendo. Si ya tenemos problemas energéticos ahora, imaginemos entonces. No queda más remedio que mirar a la Naturaleza, cómo construye sus formas, qué materias utiliza. Equilibrio y energía.

Las Tai Da Towers, en el complejo financiero de Chengdú (China), inspiradas en la estructura de los cactus.

¿Es también una cuestión estética?
Lo fue. Pero no es lo más importante. A principios del siglo XX, finales del XIX, el modernismo intento que todo pareciera orgánico. También en la época de los griegos, con los capiteles corintios y las hojas de palma. Siempre ha habido un componente estético y lo sigue habiendo. Pero no es lo más importante, aunque es verdad que la naturaleza construye desde dentro hacia afuera y los arquitectos al revés. Pero cuando construyes como lo hace la naturaleza empiezan a salir formas que evocan a las estructuras orgánicas.

¿Se ha convertido en un fundamentalista de esta teoría?
No. Solo es un punto de vista, igual estoy equivocado. Pero hay datos significativos, no ya como arquitecto. Una persona que vive en Las Rozas y trabaja en Madrid gasta en ir y venir tanta energía como tu casa en un solo día. La extensión horizontal está penalizada energéticamente. La torre biónica en la ciudad de Shanghái, con 10.000 rascacielos, no puede seguir creciendo. El alcalde pidió que para este proyecto inventáramos otro tipo de arquitectura.

Proyecto, inspirado en los nenúfares, para un museo dedicado al agua en Hangzhou (China).

¿Junto a estos grandes proyectos, puede la arquitectura biónica dar respuestas también al común de los mortales? ¿Es aplicable a viviendas y otros servicios más modestos?
Sí, sin duda. Es verdad que la torre biónica sepulta cualquier otro proyecto y parece de élite, pero no tiene nada que ver. Pero si buscas, por ejemplo, fórmulas para ahorrar energía, ya se está haciendo, como lo hace un pájaro o una hoja de un árbol, cuando le cae una nevada encima… Casi todas las estructuras orgánicas están formadas por capas, y un edificio convencional solo tiene fachada y, como mucho, una cámara de aire. Si aplicamos esos conocimientos sobre cómo la naturaleza se aísla a base de capas, en vez de fachadas de ladrillos estrechitas, habría que apostar por una capa impermeable por fuerza, otra aislante por dentro, jugar con el grosor de unas y otras… Ese concepto para una vivienda social barata, con diversas capas y cámaras de aire, económicamente es sencillo, con el beneficio de que al frío y al calor les costaría entrar o salir. Dos centros de salud que hemos construido, uno en Vallecas (Madrid) y otro en Zaragoza, tienen esta inspiración. Pretendían ser baratos, unos 600 euros el metro cuadrado, y que ahorraran un 30% de energía en climatización. Investigué cómo se movía el aire en los moluscos, las caracolas, y de hecho al de Zaragoza le llaman ‘el molusco’: son estructuras radiales colocadas de tal manera que en invierno, cuando el sol está más bajo, puede golpear los cristales, que hacen de calefactor natural; pero que en verano golpea las patas, además con un movimiento del aire muy suave en todo el edificio. Y se consiguió ahorrar ese 30%. En Sevilla, para el Ministerio de Administraciones Públicas, hicimos otro edificio con patios que disipan el calor, con capas y movimiento interior del aire. Son lógicas biónicas aplicadas a la bioclimática.