Habla con tanta pasión del negocio de los zapatos que nadie diría que Javier Morato ha pasado 18 años de su vida vinculado a la banca, donde desembarcó con su título de economista. Pero la tradición familiar acabó por imponerse en una decisión que al principio era a tiempo compartido. “Mi abuelo fue el primero en hacer calzado; mis padres dieron el impulso y nació la marca Valverde del Camino, cuyas botas tienen reconocimiento internacional”. Pero Morato quiso dar un giro al negocio. “Eso llevó a que nos separáramos, pues uno de mis hermanos entendía que hacerlo era una equivocación, que sabíamos hacer una cosa y debíamos continuar así”.

La transición al modelo que tenía en mente Javier Morato fue compleja: “Nos costó mucho; de 2012 a 2017 yo seguía trabajando en el banco. Fue casi un lustro trabajando en el back office. Recuerdo que los primeros zapatos eran ortopédicos. Estábamos acostumbrados a trabajar el serraje, no la piel plena flor. Hasta mi madre terminaba con cara de becaria. Y me decían: ‘Esto que tú intentas hacer en Valverde es imposible’. Y yo solo les respondía que imposible no es…, lo que tenemos que hacer es invertir en formación, en maquinaria…”.

Javier Morato, el zapatero que perpetúa la tradición y la importancia del trabajo lento.

Tan seguro estaba que no cejó en el empeño y, de hecho, dejó la banca para empezar a construir el concepto de marca, para introducir elementos necesarios: desde la transparencia del negocio a la formación o la trazabilidad del producto. De lo que no hay duda es de que, superados los escollos –“y los ha habido, especialmente en el proceso de fabricación, donde hemos tenido que aprender a trabajar con pieles más sensibles, pero sobre todo cambiar la mentalidad de las personas”–, han llegado a un momento en el que, además de consolidar la clientela local, hay que viajar: “Después de Madrid, nuestra idea es abrir en Barcelona, Bilbao y Marbella como paso previo a la internacionalización. Queremos transmitir que somos una marca auténtica, creíble”. Aunque el COVID ha retrasado algunos proyectos, Morato, como buen economista, parece tenerlo todo bien planificado. Del resto se encargará su pasión por el calzado.