Moda

Hasta la luna, por favor: seis aportaciones que la moda agradece a Pierre Cardin

Uno de los impulsores del cool de los 60, encontró en el arte y en el futurismo una nueva definición de mujer. Repasamos seis claves por las que el diseñador siempre será relevante para la industria. 

Retrato de Pierre Cardin.
Retrato de Pierre Cardin. Foto: Claude Iverné.

En una década llena de dicotomías, en la que, por un lado, se enviaba al hombre a la luna y por otro, se ponían de moda las chaquetas que los soldados de guerra victorianos utilizaban en el frente, los 60 presencian un segundo nacimiento de la moda. Pierre Cardin (San Biagio di Callalta, Italia, 1922 - París, 2020) asiste y contribuye a la liberación del cuerpo femenino a través de prendas que sintetizan una estética avant-garde con la elegancia del día a día. Cardin lanza su primera colección para mujer en 1959, en medio de una generación emergente de jóvenes con una profunda necesidad de independencia y ruptura con el pasado. La moda deja entonces de 'querer seducir' para empezar a 'jugar'. Como todo gran artista, Cardin comienza su carrera aprendiendo el proceso de confección bajo las órdenes de los grandes de la costura, primero con Jeanne Paquin y más tarde al lado de Elsa Schiaparelli y, posteriormente, de Christian Dior, quien lo contrata en 1946 como sastre en su taller de la Avenue Montaigne, en París. 

Cardin utilizó con inteligencia recursos estéticos que en los 60 cobraron fuerza, como el modernismo o la carrera hacia el espacio, cuestionando así los cánones de un negocio elitista que encabezaban diseñadores como Balenciaga, Givenchy o Coco Chanel. Estas son las razones por las que el diseñador dejó un importante legado en la cultura popular.

Impulsor del 'prêt-à-porter'

En medio de la época dorada de la alta costura francesa, los 60 traen consigo un cambio de dirección en el que la moda deja de apuntar a París como cuna de tendencias para centrarse en Londres. El mundo gira su mirada hacia el nuevo y excitante Swinging London, donde la cultura pop dejaba atrás a esa generación de padres que, literal e intencionadamente, no podían vestir las nuevas líneas que comenzaron a definir la década. Las prendas caras dejaron de estar de moda y, frustrado por las antiguas convenciones de la alta costura, Cardin lideró una generación de diseñadores que permiten a la mujer vestir de forma elegante a un precio asequible. Piezas que ligaban la moda con otras disciplinas como la pintura o la ciencia, fáciles de coser y de llevar, alejadas de la silueta recatada que impuso la primera mitad de siglo, con obligado dobladillo por debajo de la rodilla. 

El triunfo de la juventud

Cardin encarnó el significado de 'modernidad' para una generación que volvía a la niñez. Londres recorre el mundo a través de los Beatles, quienes representaron el epítome de la juventud en todos los escenarios imaginables. En 1962, lanzan su primer single, Love Me Do, rompiendo los esquemas de la música y de la moda. Un año más tarde, 'los chicos del acento gracioso' (así los llamaban en Estados Unidos al iniciar su primera gira) encargan a Cardin la confección de los míticos trajes con chaquetas de cuello Mao, iniciando el giro de la banda británica hacia la nueva estética mod. Desde entonces, ese tipo de cuello sería una de las señas de identidad del diseñador francés.

El diseñador en una imagen tomada en 1977.
El diseñador en una imagen tomada en 1977. Foto: Benjamin Loyauté.

La minifalda

Compartió protagonismo con André Courrèges y Mary Quant en la tarea de regalar unos centímetros de pierna a aquellas jóvenes que ya no deseaban vestir como sus madres. Una tendencia que comenzó en las calles de la capital británica a principios de la década como respuesta (¿o protesta?) de una generación de mujeres que ansiaban libertad, paz y diversión. Dicho y hecho: Cardin ayudó a consagrar esta prenda como un básico que permanece en el armario femenino hasta el día de hoy. La línea A o trapezio se volvió omnipresente en las calles y en las revistas, al igual que el nombre de Cardin, cuyos diseños arbolaron el fin de la hegemonía de la alta costura, abriendo la veda para una nueva cultura de moda creativa, arriesgada y libre.

Licencias de moda 

Una actividad que comienza Christian Dior en los 50 y en la que, años más tarde, Cardin desarrollaría la diversificación de su imperio durante la década de los 70 y los 80, otorgando a cientos de boutiques alrededor del mundo el derecho a reproducir sus diseños. "Si no vendes, es como si no existieras. La moda es negocio", sentenciaba el diseñador en una entrevista. De esta forma, sus creaciones no se limitarían solo a las clientas con alto poder adquisitivo, lo que da comienzo a una progresiva democratización de la moda, que alcanza su apogeo en la década posterior. En 1959, rompe los moldes de la industria vendiendo su colección a una tienda que comercializaría su línea, de forma que, como sucedía con la alta costura, dejaría de perder dinero con la confección de cada pieza. Con el paso de los años, su firma se vio grabada en miles de artículos, desde camisetas hasta carritos para bebés. 

Era espacial

"Cada vestido ha de ser una aventura de ideas", dijo a la revista Vogue en 1964, una época donde la experimentación se convirtió en el axioma de la década en cuanto a moda se refiere. Tejidos revolucionarios como el vinilo, el pvc o el nailon se encontraban con todo tipo de volúmenes presentes en la estética espacial. Sombreros inspirados en los cascos de los astronautas acercaban la figura de la mujer al cielo, tal como la comunidad científica del momento quería hacer con el hombre. 

Color, geometría y optimismo

Tras la década de los 50, todo empezó a converger en favor de una primavera constante. La paleta de colores evocaba luz, todos los colores del arcoíris colmaban sus colecciones y los tejidos desprendían el brillo propio de la estética aeroespacial. A través de prendas que parecían hechas de papel, estampadas en geometrías que desafiaban el ojo humano, sus creaciones (y la moda en general) entregaron a los jóvenes una herramienta con la que desvincularse de la generación precedente. Sus colecciones apelaban a la nostalgia del pasado, utilizando cortes rectos y siluetas infantilizadas con las que, irónicamente, se vestía una generación de jóvenes que ansiaban ser los dueños de sus propias vidas.

Proclamado como un visionario del diseño y hombre de negocios, Pierre Cardin nunca dejó de entablar una conversación con el futuro y de intentar construir, a través de la moda, el escenario perfecto para desarrollar la alegría, la creatividad y la evolución de las nuevas generaciones.

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