La AP House ha transformado la forma de relacionarse Audemars Piguet con sus clientes, la culminación, como define Brian Lavio, “a una plataforma que se había iniciado en nuestra ubicación de Marqués de Villamejor, y que tenía como destino la comunidad que nos seguía como marca. Un espacio donde poder apreciar lo que estás haciendo y que responde al hecho de que ellos te dan una parte de su tiempo. Ese fue el fundamento, y lo que estaba claro es que eso no se podía ni queríamos hacerlo en un espacio de 40 metros cuadrados”.
Brian Lavio, quien llegó hace cinco años a Audemars Piguet Iberia, contaba con un notable background alrededor del universo del lujo y con ideas alejadas de lo que era habitual; convencido además que debía cambiar su fisonomía: “Lo primero, había que plantear a la central que Madrid era el lugar. Para Suiza, la ciudad era Barcelona, pero la evidencia nos decía que en Madrid se había ido creando una relación especial con los clientes. Cuando planteamos la AP House teníamos ya un grupo fiel de seguidores a los que queríamos devolver el tiempo que nos habían prestado, y para ello ideamos un lugar donde todo es formal y al mismo tiempo informal”.

La AP House representa un viaje al interior y al carisma de la alta relojería, ofreciendo a sus clientes una experiencia de lujo.

Uno de los elementos más llamativos es el bar: “Cuando estábamos dando forma al espacio nos planteamos que a los hombres nos gusta estar de pie y por eso creamos la barra de bar, al tiempo que también habilitábamos un espacio de televisión. Y lo hicimos con nuestra propia identidad”. Y hay otra cosa evidente, también ha cambiado la forma de vender: “Es algo que ya se había iniciado con la llegada a la central de François-Henry Bennahmias. Se produjo un cambio conceptual en el retail: hay que comprender los gustos del cliente, tanto ahora como en el futuro. Y le puedo decir que a medida que hemos ido creciendo en la AP House, tenemos un conocimiento más exhaustivo de nuestros clientes en toda España”.

La AP House también es escenario artístico, donde los galeristas puedan exhibir sus obras, dando apoyo del arte contemporáneo. En la imagen, el salón de la sede de Barcelona.

Algo que les permite saber que su clientela es diversa y distinta, “por eso cada espacio tiene su propia identidad y forma de hacer las cosas. La AP House de Barcelona está operada por gente local, que se adapta culturalmente a la forma de relacionarse con el cliente. Es la filosofía Audemars Piguet. Lo contrario no tendría sentido”. El hecho evidente es que Audemars Piguet ha generado una fidelidad y, lo que es más importante, conoce los gustos y deseos de sus clientes. “Eso nos permite gestionar nuestra limitada producción y evitar la frustración”. Y si en relojería se habla de transmisión de padres a hijos, “en nuestro caso son los hijos los que le dicen al padre ‘si te tienes que comprar un reloj, que sea AP’”. Reuniones, eventos, cenas: alrededor de la AP House se ha generado una actividad que reúne a la comunidad “aunque la venta sigue siendo un ritual solitario”. Tal vez por ello, entre los planes inmediatos para Madrid “está aumentar el espacio de la casa en una planta. Y no será el único, porque debemos deslocalizar todavía más nuestra forma de compartir el tiempo con nuestra comunidad”.