La ciudad de San Francisco transformó el pensamiento y la actividad de cuatro jóvenes, que decidieron ofrecer “al madrileño una alternativa a la caña de toda la vida”. Quien habla es César Pascual, director de Marketing y uno de los impulsores del proyecto –consolidado– de Cervezas La Virgen. La idea estaba clara: “Había que hacer una cerveza diferente aunque carecíamos de experiencia previa; éramos simplemente fans de esta bebida. En aquella época –la compañía fue creada en 2011–, habíamos descubierto la forma de trabajar de algunos establecimientos en la ciudad norteamericana, donde además de hacer cerveza, se podía beber y comer. Y nos dijimos: ‘por qué no hacerlo en Madrid”.

Además de abandonar su antiguo oficio, había algo que les iba a hacer diferentes: “Trabajamos mucho la marca, y eso incluía conseguir una imagen que, además de potente, fuera atemporal. El logo creado es muy cervecero”. Pero había otro elemento que les distinguiría y fue hacer marca en los bares de Madrid. Al contrario del resto de cervezas artesanales, su prioridad fue ésta, pero también hacerse cargo de la distribución. “Por eso, en nuestra escala de desarrollo, primero fueron los bares, luego la distribución y por último la exportación”.

César Pascual, director de Marketing de Cervezas La Virgen e impulsor de este proyecto basado en la artesanía y la calidad del producto.

Con una producción anual de unos dos millones de litros, el crecimiento de la compañía se ha dirigido en dos sentidos. “El primero –como relata César Pascual–, conseguir un público más amplio, con lo que llamamos nuestra cerveza anual; el segundo, satisfacer al público conocedor, donde se encuadran las cervezas anuales y las limitadas”. Inevitablemente hay que hablar del perfil del cliente de La Virgen, que “además de heterogéneo, le gusta descubrir cosas nuevas. No tiene tabús ni prejuicios. No hay un perfil definido y eso es bueno, porque la cerveza en España es algo muy cultural”.

De lo que ya no hay duda es de que La Virgen ha sido uno de los protagonistas en esa ‘democratización’ de la cerveza de calidad, a lo que contribuye una decisión: “Desde nuestro nacimiento, hemos sido muy celosos de ser nosotros los que hacemos y controlamos todo. Es nuestro principio de calidad y de valor”. Y eso incluye un proyecto para abrir nuevos bares propios. Un plan “que la pandemia ha trastocado y restrasado un poco. Y veremos cuándo poder retomar una actividad normal, porque somos de hacer catas, de acercarnos al consumidor”.

En esa estrategia hay que entender la aparición de El Birrero, una forma diferente de recibir la cerveza en casa con una selección de productos La Virgen, “que ya teníamos pensada antes de la pandemia, y donde el mensaje no está en la caja sino en el contenido. Es cierto que el éxito de la fórmula nos ha pillado un poco desprevenidos, y hasta yo he venido a montar palets, porque han salido seis y siete diarios de nuestra fábrica”. Lo que está claro es que la capacidad de anticipación es una de las razones de su éxito, aunque la principal: “Que nosotros hemos sido siempre una brandlover; no tenemos solo fans sino amantes de la marca”.