Una camisa calzonillo, el último invento francés, para ellos. Hay cosas que no son necesarias. 

Y luego está esto. Atentos al invento.

 
Shooting #calchemise #wax #sape
Una foto publicada por @calchemise el7 de Feb de 2016 a la(s) 6:10 PST

Sí, habéis visto bien.

Una camisa calzoncillo. El inventor, francés, se ha currado no sólo el diseño sino también el nombre: lo ha llamado calchemise, la contracción de caleçon –calzoncillo- y chemise –camisa-. Así que nosotros, siguiendo la estela, podríamos llamarlo calzonisa. O despropósito estilístico, que para el caso da lo mismo. Como prefiráis.

 VENTAJAS DEL INVENTO (según su creador, ingeniero por cierto, evidentemente)

1.- No se te sale la camisa del pantalón.

2.- No se te sale la camisa del pantalón (No, no me ha vuelto loca ni es un error)

Y hasta aquí las ventajas.

DESVENTAJAS DEL INVENTO

1.- Los hombres descubriréis lo que es que te tire –mucho, mucho, mucho- la sisa. Hasta ahora habéis vivido felices en el limbo del desconocimiento de ese dolor de entrepierna –cuánto daño nos han hecho a las mujeres los pantalones de talle alto-, pero imaginad por un momento el estar todo el día con una costura recorriendo a lo largo toda vuestra entrepierna y tensándose en la carne cada vez que os sentéis. Como si tuvierais una goma de esas antiguas de pollería puesta ahí abajo.

2.- Si a algunos ya se os salía la tripa –ombligo y pelillos incluidos- entre los botones de la camisa, ahora será mucho peor. Ahora ya no podréis sacaros un poco la camisa para aliviar la presión.

3.- ¿En serio no –repito, NO- os vais a poner calzoncillos? Yo, lo siento, pero imaginarme una camisa oliendo a orín y heces me da como un poco de reparo.  El olor sube por los tejidos, ¿sabéis?

4.- El momento baño. Por obvias razones fisiológicas no vais a tener problema si las aguas son menores. Pero, en caso de aguas mayores, el procedimiento sería el siguiente: bajarse los pantalones, desabrochar el primer botón de la camisa, –y el segundo, y el tercero, y el cuarto y así hasta el final-, quitarse la manga derecha, quitarse la manga izquierda, bajarse la camisa-calzoncillo, enrollarla sobre sí misma y dejarla dentro de la pernera del pantalón para que no toque el suelo y… por fin… sentarse en la taza.

No sé si os vale la pena, la verdad.

¡Ah!, y por buscarle algo bueno, digo, al menos a las mujeres no nos intoxicaréis con una imagen que nos persigue en nuestras peores pesadillas:  ese buen trozo –peludo muchas veces- de raja del culo que asoma cuando os agacháis y se os baja la parte trasera del pantalón.

Sólo por eso vale la pena que os pongáis la calzonisa.