Dos cabezas visibles, dos personalidades, dos egos. Es contradictorio que en la era de internet y del diseñador estrella, celebrity más que artesano, nazcan firmas formadas por dúos, en las que es obligatorio repartirse el éxito y las ganancias. Pioneros en esto de compartir la gloria y las responsabilidades están Viktor&Rolf, Dolce&Gabanna o Dsqueared2. Y si reflexionamos, muchos de los diseñadores de éxito que nos resultan únicos son o han sido en realidad un dúo: Marc Jacobs y Robert Duffy, Tom Ford y Domenico de Sole, Valentino y Giancarlo Giammetti, Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, Miuccia Prada y Patrizio Bertelli. Leyendas de la moda respaldadas por figuras independientes en la sombra, normalmente directores comerciales, tan imprescindibles que sin ellos nada hubiera sido posible.

La transparencia, el dinamismo y la competitividad que la industria de la moda exige, ha estimulado que las firmas de moda estén capitaneadas por dos personas.  La tendencia está en alza y predomina en las marcas más jóvenes ­(Proenza Schouler, Public School, Marques Almeida, Alvarno, Marchesa, Rodarte, Rag&Bone...) salvo el caso de Valentino y Kenzo. Esto se debe a los duros comienzos y los excesivos costes que tiene que afrontar una firma en sus inicios. Económicamente, ser dos al principio compensa, aunque la sinergia creativa está por encima de todo.

Proenza Schouler

Que se lo digan a Jack McCollough y Lazaro Hernández, Proenza Schouler. Un cuento de hadas en el mundo de la moda que comenzó en las aulas de Parsons, cuando dos jóvenes se dieron cuenta de que compartían una visión y una filosofía. Eran indivisibles y tenían muy claro que querían realizar juntos la tesis de fin de grado, para lo que necesitaban un permiso especial, al que Parsons no pudo negarse. Esa tesis se convirtió en la primera colección de Proenza Schouler, que fue adquirida íntegramente por los prestigiosos almacenes neoyorquinos Barneys. El resto ya es historia: cinco premios CFDA, el bolso it PS1, dos tiendas físicas en Nueva York, 100 puntos de venta como Bergdorf Goodman, Harvey Nichols y Colette, y lo más importante: ser una de las firmas que ha revitalizado la moda estadounidense. 

¿Cómo es diseñar a dos manos? Después del desfile se van de vacaciones, primero juntos y luego por separado. A la vuelta intercambian impresiones y fusionan inspiraciones. Investigan mucho -en los archivos de Conde Nast por ejemplo- y recopilan en sus carpetas de inspiración todo lo que les resulta interesante -siempre hacen dos copias para que esté presente en ambas carpetas-. Dibujan por separado y posteriormente examinan los bocetos, que guardan similitudes sorprendentes, para comenzar a esbozar la producción. Para ellos resulta muy sencillo porque sus procesos creativos están inexplicablemente entrelazados, aunque tienen sus diferencias: Lazaro es un ser social y Jack tiene más visión de negocio.

The Row

Hay otras dos grandes firmas estadounidenses formadas por dúos que están agitando el calendario de la semana de la moda de Nueva York y acaparando premios CFDA: The Row y Public School. The Row está formada por las archiconocidas gemelas Olsen, Mary-Kate y Ashley. Estrellas infantiles de la televisión y el cine que supieron rentabilizar su fama y reconvertirse en empresarias -The Row es el emblema de su conglomerado-. Parece fácil pero en realidad el mérito de ambas es haber sabido seleccionar de manera excelente a su equipo creativo, de hecho hasta hace muy poco contaban con Nadège Vanhee-Cybulski, la nueva directora creativa de Hermès, que antes había estado a las órdenes de Phoebe Philo en Celine.

Public School

El camino hacia el éxito de Public School es diferente. David-Yi Chow y Maxwell Osborne nacieron y se criaron en Nueva York -en Queens y Brooklyn respectivamente- y se conocieron mientras trabajaban en Sean John, la marca del rapero Puff Daddy. Decidieron fundar Public School, una marca que cuenta una historia de Nueva York y de los colegios públicos, la historia de Chow y Osborne, y que representa la inagotable energía de la ciudad en la que viven y trabajan. Se presentaron al programa  de desarrollo empresarial CFDA Fashion Incubator y fueron la única firma masculina aceptada. Solo tres años después ganaron dos premios CFDA y movieron el cien por cien de su producción a Nueva York, y justamente ahí es dónde reside su talento: un marcado ADN y coherencia. La crítica se ha rendido a su trabajo, venden en Barneys, son un ejemplo de comercialización y producción, y han redefinido el panorama del streetwear.

Valentino

Al otro lado del charco está la pareja por excelencia, el dúo creativo más próspero al frente de una firma legendaria. Pierpaolo Piccioli y Maria Grazia Chiuri. Podría pensarse que son pareja sentimental pero cada uno está casado y con hijos -Piccioli tiene tres y Maria Grazia dos-. Se conocieron por casualidad a finales de los 80 y congeniaron desde el principio. Comenzaron a trabajar juntos y triunfaron, primero en Fendi con el mítico bolso Baguette y después en el departamento de accesorios de Valentino.

Tras casi una década consolidando los complementos, Stefano Sassi, consejero delegado de Valentino, apostó por Chiuri y Piccioli tras la salida de Alessandra Facchinetti. El dúo romano tenía un gran reto al que enfrentarse, la alargada sombra de Valentino. La pareja artística no se amedrentó y en vez de aspirar a reemplazar al maestro decidieron establecer una nueva identidad y reinterpretar la tradición. Un desafío más que conseguido: han reinventado los códigos de la elegancia, han rejuvenecido la firma y las ventas han crecido. Todo en seis años. ¿Lo podrían haber logrado separados? Ni se lo plantean, ellos mismos han confesado que no les gusta trabajar solos, que necesitan colaborar y debatir. El reflexivo Pierpaolo necesita la intuición de Maria Grazia y viceversa.

Kenzo

El otro dúo que ha provocado furor al frente de una firma consolidada es Humberto Leon y Carol Lim en Kenzo. Lim y Leon se conocieron en la Universidad de California, ella estudiaba Economía y él Historia del Arte, trabajaron un tiempo en el mundo de la moda -León como director de diseño de Gap y luego Burberry, y Lim como consultora de gestión- y decidieron dejarlo todo y fundar Opening Ceremony, una tienda multimarca en la que confluyen la pasión por los viajes, el arte y la moda. Destinada a vender diseños de jóvenes creadores, pronto pasó a ser un imperio global con una exclusiva y exquisita selección de firmas y sedes en Nueva York, Londres, Los Ángeles y Tokio. En 2011 tras la salida de Antonio Marras, LVMH fichó a estos dos gurús de la venta, que volvieron a poner a Kenzo en el mapa. Lim y Leon lograron en tiempo record integrar la esencia oriental con el pragmatismo urbano y modernizar la firma con siluetas fáciles, estampados llamativos y colecciones comerciales. Internet y las RRSS hicieron el resto: elevar a los altares las sencilla sudadera de un tigre estampado.