Infinitos factores juegan en su contra, como la presión, el ritmo de trabajo y la velocidad del sistema, que en los últimos años, en su afán por alcanzar a las grandes cadenas de fast fashion, ha demandado colecciones cada tres meses.

Los años 90 y 2000 fueron tiempos prolíficos para la llegada de nuevos directores creativos, jóvenes con frescura y personalidad dispuestos a comerse el mundo, pero en la última década, todos, de un modo u otro, han visto como los grandes holdings del lujo les daban la espalda. Unos renacían de sus cenizas tras un tiempo y otros todavía nos preguntamos qué será de ellos.

Nicolas Ghesquière de Balenciaga

Con tan sólo 24 años, este joven francés entraba en Balenciaga para intentar recuperar el glorioso pasado de la maison, que en 1997 se encontraba al borde de la desaparición. Pero el tímido diseñador hizo mucho más y posicionó Balenciaga en el Olimpo de la moda, reinterpretando su historia fielmente, con códigos vanguardistas, siluetas arquitectónicas e inteligentes volúmenes. El 2008 fue el año definitivo y Nicolás se consagró como el niño mimado de la industria gracias a una colección legendaria de vestidos-escafandra con bordados florales y gladiadoras, y a un ejército de seguidoras como Jennifer Connely, Charlotte Gainsbourg y Marie Amelie Sauve.

En 2012 y tras quince fructíferos años, Balenciaga anunció abruptamente la salida de Guesquière por el descontento de ambas partes y por la escasez de recursos que Kering destinaba a la marca. Meses más tarde el francés se sinceró en la revista System: "Comencé a sentir que me dejaban seco, que querían robar mi identidad para poder homogeneizar las cosas (...) Tenía un estudio precioso y un equipo creativo cercano a mí, pero se convirtió en una burocracia, cada vez más institucional, hasta que ya no tenía nada que ver con la moda". Estas declaraciones le costaron una querella judicial. A finales de 2013 y tras la salida de Marc Jacobs, el grupo LVMH anunció que Ghesquière se ponía al frente de la dirección creativa de las colecciones femeninas de Louis Vuitton

John Galliano de Dior

El 20 de enero de 1997, en el Gran Hotel de París, el gibraltareño John Galliano asumía la dirección creativa de Dior, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la firma. Tras un breve periodo en Givenchy, Galliano comenzó a tejer su visión teatral, barroca y extremadamente femenina en una de las casas de alta costura más importantes.

Tras más de diez años de éxitos en Dior –fue memorable su colección de Alta Costura para el otoño-invierno 2009–, en marzo de 2011 Galliano era vencido por la presión e iniciaba su caída a los infiernos. Unas desafortunadas declaraciones antisemitas en un bar de París le costaron el puesto y el prestigio. Ni una disculpa mundial ni alegar una triple adicción al alcohol, los somníferos y al valium, le sirvieron. El diseñador más influyente y prestigioso de la década caía en el olvido, aunque Kate Moss confió en él para diseñar su vestido de novia. En 2013 Galliano reaparecía tímidamente en los talleres de Oscar de la Renta, hasta que en 2014 Maison Martin Margiela le daba una nueva oportunidad.

Tom Ford de Gucci

A principios de los 90, Gucci era una firma deficitaria y tocada por sus escándalos familiares hasta que Domenico de Sole cogió las riendas y puso a Tom Ford al frente de la dirección creativa. Ambos erigieron un imperio y revolucionaron el modo de entender la moda, a través de la elegancia y la sexualidad explícita, en sus colecciones, perfumes y campañas publicitarias.  Este nuevo concepto se tradujo en un éxito de crítica y ventas –pasaron de una empresa valorada en 230 millones de dólares a 3 billones–. De Sole y Ford repitieron fórmula en Yves Saint Laurent, aunque las desavenencias entre Yves y el americano no tardaron en hacerse públicas.

En 2001, François Pinault se hizo con el control del grupo y en sólo tres años Domenido De Sole y Tom Ford fueron invitados a abandonar el holding.  En una entrevista para la revista Vanity Fair, el socio de Pinault, Serge Weinberg decía: "Ford perdió todo tipo de contacto con la realidad. No poseía la experiencia necesaria para gestionar una empresa de la envergadura de Gucci."  Ford replicó: "Gucci está en primera fila hoy en día gracias a la labor que desempeñé en la marca durante catorce años. Mi ego no tiene nada que ver en esto. Siempre intenté proteger a la firma contra una búsqueda de beneficios a corto plazo que potencialmente dañarían su imagen. Serge es una buena persona pero no posee experiencia en el mercado del lujo y no le gustaba que cuestionase su modo de hacer las cosas." 

Tras años de mutismo, Tom Ford regresaba a primera línea, primero con una película, A single man, nominada al Oscar, y después con su propia firma.  

Christophe Decarnin de Balmain

Tras diseñar para Paco Rabanne durante siete años, Christophe Decarnin aterrizaba en Balmain en 2006 para dar un giro a la casa francesa, que agonizaba al borde de la quiebra. La elegancia clásica desapareció para dejar paso al rock chic y a un estilo actual y sexy. Minivestidos, skinny jeans, tachuelas, hombreras y camisetas trash eran los nuevos uniformes de la firma, y sus blazers y casacas army pasaron a ser el objeto de culto de las voguettes francesas. Decarnin obró el milagro: triplicó las ventas y se convirtió en el modista más copiado del mundo… hasta 2011.

El desfile de otoño-invierno 2011/2012 dio la voz de alarma, Decarnin no salía a saludar y WWD afirmaba que el diseñador acaba de salir de un hospital psiquiátrico tras recibir tratamiento médico por depresión. Balmain aseguraba: "Está cansado después de trabajar en la colección. No está aquí porque está descansando". Su salud –motivo de un extenuante trabajo–, unido a las divergencias con el presidente ejecutivo, sobre la dirección que debía llevar la casa, desencadenaron su despido. Actualmente es director creativo de Faith Connexion, una firma discreta comparada con el opulento universo Balmain.