Encontraba en cada prenda la perfección de la técnica y sus métodos vanguardistas de confección lo convirtieron en el gran maestro de la alta costura. Dotó a la mujer de mediados del siglo pasado de libertad y elegancia, creando un espacio único entre el cuerpo y el tejido y despojándose de las prendas interiores que moldeaban y restringían la figura femenina. Cristóbal Balenciaga no fue solo la vanguardia de los años 50 y 60 del siglo pasado, fue el artífice de los principios bajo los que se construiría la moda del futuro. Persiguió un ideal de mujer en el que el cuerpo no se percibe, se rodea, combinando todo tipo de cortes desahogados y creando belleza y sobriedad desde el uso de siluetas tridimensionales.

De lineas depuradas, casi abstractas, los sombreros eran para el modista vasco una forma de escultura, concebidos como el accesorio que completaba el traje hecho a medida y equilibraba las proporciones amplias del vestido, que permitían un mayor movimiento dentro del mismo.

Cortesía del Museo Cristóbal Balenciaga.

Estricto con los método de confección e incluso con la forma en que sus clientas los lucían, los de Balenciaga eran sombreros estudiados: las siluetas calculadas y la investigación de tejidos construyeron un nuevo lenguaje de modernidad. Aunque llegó a París en 1937, convirtiendo a la capital francesa en el centro neurálgico de su actividad, nunca abandonó las referencias culturales vinculadas a España, como los sombreros que emulaban a las gorras de los pescadores de su Guetaria natal, los apliques inspirados en la tradición taurina o las boinas que compartían la cultura vasca y la francesa. Así, entre una técnica artesanal exquisita y el empleo de originales tejidos como rafia, fieltro, terciopelo o pajas finas, Balenciaga entendía el sombreo como la conclusión del traje, un accesorio que debía esculpirse con la misma sensibilidad y precisión que un abrigo o un vestido de noche.

Casquete, de Cristóbal Balenciaga, en 1959.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las autoridades cerraron dos de sus sombrerías ubicadas en París y en Madrid (era uno de los pocos creadores que no externalizaba la confección de estas piezas, si no que él mismo participaba en su diseño), acusando al diseñador de no cumplir con las políticas de austeridad a las que la industria textil se veía sometida. Tras el conflicto, sus sombreros adquirieron una estética surrealista, jugando con la escala, la forma y la innovación en colores y materiales. En 1968, cerró su casa ante el avance del prêt-à-porter y de una cultura joven que demandaba la diversificación y simplificación de la moda.

Casquete, confeccionado en 1960.
En la imagen, a la izquierda, conjunto compuesto por abrigo y falda, estola y casquete. A su lado, vestido de manga francesa y tocado realizado en 1957.

Balenciaga. La elegancia del sombrero es la primera exposición internacional centrada en los sombreros y tocados creados en los departamentos de sombrerería de París y Madrid, desde finales de los años 30 hasta el cierre de la casa en 1968. El sombrero como objeto con identidad propia, símbolo de estatus y jerarquía social de mediados de siglo, se revela en esta exposición monográfica como un arte en el que Cristóbal Balenciaga expresaba la misma maestría que en la confección de sus vestidos, dotados de vanguardia técnica y estética. Esta muestra desvela aspectos desconocidos acerca del trabajo en las sombrererías del diseñador, tanto a lo relativo a las labores en los talleres como a su difusión, ambas desempeñadas por mujeres. Comisariada por Igor Uría, conservador del Museo Cristóbal Balenciaga, y por Sílvia Ventosa, conservadora de tejidos e indumentaria del Museu del Disseny de Barcelona, esta muestra ofrece al visitante un universo creativo de prestigio, tradición, exuberancia y elegancia. Un total de 87 sombreros, 78 de los cuales se presentan individualmente, nueve con un conjunto y un vestido con estola. 43 pertenecen a la colección del Museu del Disseny y los otros 44 de la colección del Museo Cristóbal Balenciaga.

'Pillbox', silueta que el modisto popularizó entre los años 50 y 60 del siglo pasado. Creación de 1955.

En un esfuerzo conjunto entre ambas instituciones por dar a conocer el legado del maestro de la costura, esta selección de piezas demuestra cómo el diseñador afincado en París aunaba de forma magistral el minimalismo y el uso inteligente de los volúmenes, en boinas, turbantes, mantillas o casquetes. Se trata de una colección que compila sombreros y tocados producidos entre 1940 y 1968. Por primera vez los elementos de la colección son estudiados como objetos creativos que se integran en un discurso expositivo propio. El catálogo de la exposición cuenta con artículos de los comisarios y una colaboración especial del reconocido creador de sombreros Philip Treacy.