El interés por la moda sostenible aumenta en España. Las búsquedas en internet de conceptos como ‘cuero vegano’, ‘marcas éticas’ o ‘algodón orgánico’ así lo indican y su crecimiento, de hecho, sitúa al sector como el segundo campo de batalla, tras la alimentación, en el que la conciencia ciudadana ha comenzado a buscar alternativas al consumo convencional. Difícil saber si las firmas del sector han respondido a la demanda o son ellas las que la han empujado. Probablemente sea fruto de una acción conjunta. Pero lo cierto es que la palabra ‘sostenible’ forma ya parte del lenguaje de la mayoría de las nuevas propuestas, que incluyen innovadores materiales, tintados menos agresivos, procesos de producción más respetuosos con el medio ambiente e incluso compromisos de buenas prácticas laborales.
Camisetas realizadas con algodón orgánico, zapatillas confeccionadas con microfibras naturales sin piel animal, bolsos y mochilas elaborados con botellas de plástico recicladas, programas de teñido que minimizan el consumo de agua… La moda sostenible es variada y el componente ético que aporta a la prenda se ha convertido en valor añadido. Algunas firmas han dado un paso más prometiendo, incluso, planes de reforestación por cada prenda vendida. Y ahí están todos, desde las firmas sport hasta las más consagradas en el sector de alta gama.

La tendencia, claro está, es internacional. Y con conocidos y activos exponentes. Cuando Joaquin Phoenix recogió en 2020 el Oscar por la interpretación de Joker con el mismo esmoquin y calzado que había llevado en la anterior gala de los Globos de Oro estaba lanzando un mensaje claro contra el consumo excesivo, ataviado además, como se encargó de explicar, de prendas veganas. Es una apuesta, la no utilización de materiales de origen animal, que el actor comparte con otras celebridades como Meghan Markle, sus colegas Rooney Mara y Liam Hemsworth o la diseñadora Stella McCartney. Pero no es la única opción posible. De hecho, hay también quien, desde posiciones prosostenibilidad, defiende el uso de la piel animal en la industria de la moda, pues como material natural y biodegradable que proviene de explotaciones cárnicas la alternativa a su uso textil es que acabe desechado.

En la producción de algodón orgánico se utiliza hasta un 50% menos de agua, a través del incremento de la materia orgánica en el suelo.

Materiales, producción, cantidad

No hay, efectivamente, un único camino hacia la moda sostenible. Según Marina López, presidenta de la Asociación de Moda Sostenible de España, una prenda es más sostenible cuantos más requisitos cumple de toda una panoplia alrededor del tejido –“que sea reciclado, orgánico, respetuoso con la naturaleza…”–; a cómo y dónde se produce –“en condiciones laborales dignas y aminorando la huella ecológica que implicaría su transporte desde países lejanos”– e incluso la cantidad –“evitando las superproducciones innecesarias y contaminantes”.

El sector del lujo lleva años volcado en la producción de colecciones sostenibles, vigilando los procesos, recuperando materias primas como el lino o la lana e incorporando nuevos materiales provenientes del cáñamo, la ortiga o creando tejidos con hilaturas recicladas. “El lujo bien entendido no es solamente aspiracional, no es exclusivamente la marca o el precio que pagamos por un objeto, una prenda o una experiencia, es mucho más. El lujo es también productos realizados artesanalmente, a mano, prendas únicas, ediciones limitadas, producción lenta, exclusividad en los estampados, atención personalizada, recuperación de oficios antiguos aplicados a prendas actuales…”, explica Susana Vela, directora de Polka Press Comunicación, agencia de comunicación y marketing especializada en sostenibilidad, y responsable, a su vez, de la pasarela Atelier Couture y del espacio Sustainable Experience de la feria MOMAD. “Algunas marcas de lujo llevan aplicando parámetros sostenibles desde sus orígenes sin saberlo y algunas marcas sostenibles producen lujo sin ser conscientes de ello”, remata.

La comunicación de los beneficios de un consumo diferente es, efectivamente, trascendental. Y las propias firmas la han incorporado a sus estrategias de marketing, liderando campañas de concienciación que consoliden la percepción de ese valor añadido de la prenda sostenible. “El comprador debe saber que cada vez que usa una camiseta de algodón orgánico, por ejemplo, está ayudando a capturar CO2 de la atmósfera, a enriquecer el humus del terreno y a crear redes de trabajo tan necesarias. Este es el tipo de modelos de negocio que necesitamos”, explica Gema Gómez, directora de Slow Fashion Next, una consultora para la industria de la moda en temas de sostenibilidad que lleva en el sector desde 2011.

Y la industria textil, especialmente en el lujo, solo mira en esa dirección. La investigación de nuevos tejidos es constante, desde la cáscara de manzana o del mango al mylo, un material que proviene de las raíces de un hongo de laboratorio y cuyo resultado es muy similar al cuero. En Suecia, algunas firmas ya están obteniendo seda, uno de los grandes tejidos de la moda, de los pétalos de un tipo de rosa de la India, evitando así el sacrificio de miles de gusanos. En Londres algunos diseñadores jóvenes han creado cristales procedentes del sudor humano y que pueden después acoplarse a sus prendas. Y el uso del cuero vegano, que sustituye el poliuretano clásico por otros materiales como la piña, el corcho, las cáscaras de manzana o el plástico reciclado, es cada vez más frecuente en todo tipo de productos.

Que no se siga lanzando al océano medio millón de toneladas de microfibras procedentes del sector textil cada año –el equivalente a 50.000 millones de botellas de plástico– es responsabilidad de las empresas del sector, pero también de los que nos vestimos con su ropa o calzado. “La trazabilidad en la creación de una prenda, de un producto o de una colección pueden ser propuestas de moda más sostenibles; si a eso se le añaden variantes y mejoras en todos los componentes y áreas que forman parte de la cadena de producción, distribución, buen uso, fin de vida de las prendas, buenas prácticas con los trabajadores, etc… el sector de la moda sería mucho más sostenible y pasaría a ser simplemente moda”, explica Susana Vela. El futuro es prometedor, y ya el 66% de los millennials están a favor de la moda sostenible y la consumen. El cambio es real.