Pueden ser marido y mujer, como Charles y Ray Eames; primos, como Le Corbusier y Pierre Jeanneret, o hermanos, como los Castiglioni. Hay tantas combinaciones como ejemplos de sinergias que han fructificado en maravillosos proyectos de diseño de interiores. Y es que en las relaciones personales, así como en el diseño, se alternan las armonías y los contrastes, las reglas y las emociones. Es el caso, también, de las gemelas Virginie y Nathalie Droulers, fundadoras del estudio Droulers Architecture, cuyos trabajos, que entrelazan visiones, sensaciones y experiencias, son la expresión de una fusión entre el estilo italiano clásico y la cultura neoyorquina de la segunda mitad de los años 90. Con un lenguaje sofisticado, no solo firman proyectos de alta gama en Milán, Londres o Manhattan, sino también en zonas de alta montaña como los Alpes.

La madera y la luz son protagonistas absolutos en los espacios diseñados por las gemelas.

La curiosidad de Virginie y Nathalie por el diseño germinó en el famoso hotel Villa d’Este, ubicado en el lago de Como y regentado por su padre, Jean-Marc. “Como es un hotel estacional, cuando cerraba ayudábamos a nuestra madre a vaciar, arreglar y redecorar las habitaciones. Nuestro trabajo comenzó probablemente en esos inviernos”, recuerda Nathalie. Ahora experimentan con nuevas formas de plantear en el interior de las viviendas todas aquellas actividades que antes se desarrollaban fuera, como el trabajo, la educación o el deporte. “Para introducir todas estas nuevas funciones, hemos tenido que replantearnos los espacios que habitamos”, explica Nathalie.

Con 615 metros cuadrados de superficie, la vivienda se construye sobre una acertada combinación de elementos naturales que transmiten calidez y elegancia.

También se interesan por las segundas viviendas, donde más que las necesidades del día a día la prioridad la representan los espacios en los que dar pie a las pasiones de cada uno. Muchos de esos proyectos son residencias de montaña. Añade Nathalie: “Allí, sobre todo en invierno, las temperaturas son frías y los días más cortos, por lo que la casa debe ser acogedora y debe transmitir calidez. En nuestros proyectos buscamos recrear un espacio en el que refugiarse”. Para ello, se decantan por texturas con un tacto agradable y colores cálidos, respetando siempre la arquitectura local. “Nos encanta combinar la piedra con la madera no tratada, o incluso el fieltro, pero no nos olvidamos de introducir también materiales que sorprendan, como el mármol, usado con mayor frecuencia en la ciudad”, explica Virginie. Esta combinación funciona, más que por contraste, por compensación, siempre en busca de un equilibrio que transmita naturalidad, autenticidad y esencialidad.

En el guardaesquís, cada cosa está en su sitio. Destaca el lavabo en piedra de la zona.

Sobre su estilo, dicen: “Nuestro diseño de interiores se basa en un espíritu zen, en un sentido del bienestar holístico y natural, siempre ligado al menos es más”, afirma Virginie. En cuanto a los objetos, prefieren aquellos hechos por artesanos y artistas desconocidos. “La artesanía italiana –dice Virginie– está en riesgo de extinción a causa del cambio generacional”. La suya es, también, una forma de apoyo gremial.

Los ambientes de la casa se definen por una esencia artesanal, donde la pureza se presenta tanto en los colores como en los materiales.

Las Droulers otorgan a la luz un papel fundamental en la construcción de atmósferas agradables. “Es mejor que la iluminación la compongan distintos puntos de luz a poca altura, por la calidez que dan al ambiente –dice Virginie–. Una lámpara de araña central, en cambio, puede anular las profundidades y aplanar la atmósfera”. La cocina y el salón son sus espacios favoritos, “ambientes con fuego –dice Nathalie– que, como las chimeneas del pasado, reúnen a la familia”.