Contar con un vestidor propio es, seguramente, un sueño compartido entre los amantes de la elegancia. Al estilo del que exhibía Richard Gere en American gigolo, por ejemplo, o Barney Stinson interpretando al personaje obsesionado con los trajes de Cómo conocí a tu madre. Hace falta, por supuesto, espacio, y un distinguido vestuario con el que dotarle de contenido. Pero también una serie de pautas que ayudarán a que, además de un lugar sagrado, sea funcional.
La idea es tener la ropa en un único espacio, bien ordenada para ahorrar tiempo al vestirse y con hueco para cada tipo de prenda. Para ello, “el primer paso es tomar medidas y realizar un plano con las diferentes secciones”, explica Verónica Mimoun, decoradora interiorista de Barcelona, especialista en esta clase de clósets. Puede ser abierto, con puerta, con algún espacio cerrado con cristales y de muy diferentes materiales, colores y acabados. “La estética del vestidor es muy importante, pero su funcionalidad es fundamental –precisa Mimoun–. Siempre priorizo los espacios imprescindibles y, si el espacio lo permite, añado los de la ilusión”.

Los cajones para la ropa interior y accesorios como cinturones, guantes o relojes deben ser adaptados y ajustados a las medidas de lo que vayan a contener.

Al concebir su estructura, es importante crear un espacio a medida para cada tipo de prenda. Los trajes, por ejemplo, requieren perchas en raíles extraíbles. En otra sección, se guarda la ropa casual y las prendas de deporte. Los cajones para la ropa interior y los diferentes accesorios deben contar con espacios para gafas, gemelos, etc., de forma que cada cajón vaya customizado y con el tamaño adecuado para lo que vaya a contener.
La distinción está en los detalles. Todos estos espacios deben estar estratégicamente iluminados. Los cinturones y corbatas pueden ir enrolladas o colgadas en percheros diseñados especialmente, lo que ayuda a que mantengan la forma y no se arruguen. El zapatero se ubica en un estante ligeramente inclinado en la parte inferior del vestidor e iluminado con tiras de led o con fondo de pared iluminado. En la parte superior, lo ideal es dejar espacio para colocar cajas con ropa de otras temporadas, y maletas y bolsas de viaje.

Consejos y accesorios

Una vez definido el vestidor, solo resta seguir unas sencillas pautas para mantener la estética y el orden. “Los trajes que no se usen habitualmente o no sean de temporada deben guardarse en fundas traslúcidas de material poroso, para que queden protegidos pero a la vista”, recomienda Mimoun. Coloque siempre cada pantalón con su chaqueta. Organice la ropa por categoría y luego por colores, así será más fácil y rápido de localizar. Las perchas deben ser del mismo color y estilo: nada desluce más un vestidor que ver veinte tipos de perchas diferentes. Y, por último, deshágase de esas prendas que no utiliza y ocupan espacio.
Ciertas prendas y accesorios pueden, además, aportar el elemento de lujo que eleve el vestidor a otra dimensión. La firma de sastrería Charvet, en París –creadores de arte más que sastres, según el novelista Marcel Proust–, fundada en 1838, es la primera tienda de camisas del mundo. En ella podemos encontrar también una colorida gama de calcetines y un detalle imprescindible para un look impecable: refuerzos para los cuellos de camisa.

Los espacios amplios y los tonos oscuros ayudan a definir ambientes elegantes donde el orden y la comodidad sean los auténticos protagonistas.

En Santa Maria Novella, en Madrid, cuentan con esencias para los armarios, tabletas de cera, fundidas y acabadas a mano, con el característico perfume del Acqua di Colonia Fresia di Santa Maria Novella, realizadas con las antiguas recetas de los monjes. Decoradas con pétalos de girasol y hojas de melisa, proporcionan un estupendo aroma a hierbas, flores y almizcles. Unas hormas para conservar los zapatos de la firma japonesa Hender Scheme o una caja fuerte para relojes, como la creada por Doettling y Liberty Barcelona inspirada en la Silla Barcelona de Mies van der Rohe, pueden completar el conjunto.

Si el espacio lo permite, el centro del vestidor puede acoger desde una isla con cajones a una nevera con bebidas, un sillón descalzador, una lámpara decorativa, un espejo que otorgue amplitud a la estancia, colgadores donde colocar la ropa del día, un galán o varios enchufes para cargar los dispositivos electrónicos, todo ello sobre una alfombra que aporte calidez y estilo.