Los firmes compromisos de Clarins con la sostenibilidad para los próximos años podrían dar a entender que hablamos de una estrategia de futuro. Nada más lejos de la realidad en una firma que, desde su fundación en 1954, convirtió el amor por la naturaleza en uno de sus pilares –“porque inspira nuestra investigación, estimula la innovación y ofrece activos vegetales esenciales para cada una de las fórmulas desarrolladas por la marca”– y la belleza en su razón de ser –“solo tiene sentido si se acompaña de generosidad, benevolencia y humanidad”–.

La investigación para una belleza sostenible garantiza la utilización de materias primas de calidad, cultivadas a través de procesos responsables.

Otro ambicioso lema, “hacer la vida más bella, transmitir un mundo más bello”, inspira ahora la estrategia de responsabilidad social corporativa de Clarins. Por un lado, cuidando a las personas, con una política de recursos humanos que pretende ser ejemplar, y con los clientes en el foco de atención; y, por otro, cuidando el planeta. En este sentido, lo conseguido es mucho: Clarins ha alcanzado la neutralidad de carbono; utiliza un 70% de electricidad verde y un 65% de embalajes reciclables, y el 81% de los los activos de sus productos son de origen vegetal. Pero los compromisos futuros son aún más ambiciosos: en 2025, el 100% de sus compras a proveedores serán responsables; las emisiones de carbono se reducirán otro 25%; el 80% de ingredientes procederán de la agricultura biológica; las solares serán biodegradables; y cada lanzamiento será sometido a pruebas de respeto al medioambiente de dos programas propios: Pack Score, para los embalajes, y Green Score, para las fórmulas.

El compromiso de Clarins va más allá, con programas de apoyo a proyectos de comercio justo, a la fundación Arthritis contra la poliartritis reumatoide, o a acciones de cuidados a la infancia en todo el mundo.