En sus 16 años en A. Lange & Söhne, Anthony de Haas, responsable del departamento de desarrollo de producto, ha realizado notables incorporaciones al imaginario de la manufactura germana, siempre bajo la premisa irrenunciable de la calidad. Por eso, no duda en decir que “hay que volver a las raíces. Es fácil para mí decirlo –añade– porque tenemos nuestros propios movimientos y estamos en el segmento top de altos acabados. Pero hay que intentar sorprender al mundo con productos preciosos y bien hechos. Es lo importante”.

Una de las últimas demostraciones se halla en la edición tributo Ferdinand Adolph Lange. “Tres piezas muy diferentes, pero que comparten algo, y es que sus cajas las hemos realizado en nuestro oro Honeygold, que es el doble de duro que el oro normal. Además, los tres tienen una esfera muy especial. Me quiero detener en el Tourbograph Perpetual; teníamos un pequeño sueño y era el de tener la esfera muy parecida a una esfera 3D. Así que acudimos a un fabricante de esferas que pudiera hacer realidad nuestra idea, pero cuando nos la presentaron, comprobamos que no habían dado con nuestra idea. Empezamos a trabajar en nuestros departamentos de grabado y talleres y el resultado salta a la vista. Ahora ya pensamos en el futuro, habrá más experiencias en esa dirección”.
“Para mí –explica De Haas– es divertido trabajar con A. Lange & Söhne. Tenemos un enorme campo de acción, pero al mismo tiempo hay que ser fiel a nuestra identidad. Creo que eso es lo que reclaman también los coleccionistas. Sería una locura intentar ser la fusión de otros, y ese es sin duda también el desafío. Un buen ejemplo es el Odysseus, un reloj deportivo elegante que para mí ha sido el mayor reto desde que llegué a la compañía. Mantenernos fieles a la identidad de la marca, pero de forma sutil romper los límites… También tenemos claro que el éxito no nos cambiará, ni vamos a producir más relojes. Eso no va con nosotros”.

El valor de una marca

Uno de los puntos diferenciales de la compañía es el carácter que posee la manufactura. “Creo que todo el mundo que aprecia Lange, no busca presumir. De hecho, si quieres hacerlo no te compras un A. Lange & Söhne, porque casi nadie nos conoce. Solo los coleccionistas… Lo gracioso es que cuando juntamos a esos clientes sí se oyen frases como ‘¡oh, mira lo que lleva puesto aquel!’ o ‘¿cómo lo conseguiste?’. Y ves el brillo en sus ojos y piensas ‘esta es la razón por la que hago lo que hago’. Porque no necesitan demostrar que tienen dinero o éxito. Por ejemplo, tenemos una comunidad bastante grande de aficionados en Silicon Valley; todos llevan uno, comenzaron con el Zeitwerk, porque veían un reloj mecánico digital”.

Y cuando la conversación entra en el territorio de las complicaciones, Anthony de Haas no lo duda: “No soy muy objetivo en este caso, porque solía trabajar con relojes de gran sonería, creo que tienen otra dimensión; parece como si te hablaran, sin que tú toques nada. La mayor complicación para los relojeros es la gran sonería. E imagine cuando se le añade un cronógrafo rattrapante. Todo el mundo habla de complicaciones cuando posee cientos de componentes –añade de Haas–, y no es la cantidad de partes lo que lo dificulta, es la interacción de estas complicaciones, en cuanto al correcto cronometraje”.

Se habla y mucho del futuro de la alta relojería. Para Anthony de Haas “lo primero es intentar mantenerse creativos; sorprender con productos preciosos, bien hechos. Lo segundo, y no menos importante, es mantenerse fiel a uno mismo. Pero, por supuesto, en relación perfecta con la superación de límites. Se ha de estar abierto a la renovación, y al mismo tiempo hay que esforzarse para sorprender a la gente y ser creativo. A veces, se trata de establecer una relación correcta entre creatividad, producto y ventas. Y nadie hace eso así. Todo ha de estar en equilibrio porque lo primordial es la marca”.