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Atrio, la sencillez del lujo, el lujo de lo sencillo

Atrio, la sencillez del lujo, el lujo de lo sencillo
Atrio, la sencillez del lujo, el lujo de lo sencillo

Es complicado hablar de Atrio (Cáceres) como hotel o como restaurante. Uno no sabe muy bien si el hotel es una prolongación del restaurante o si es el restaurante lo que complementa al hotel. Seguramente ni lo uno, ni lo otro. Atrio, después de haberlo visitado, termina resultando una experiencia completa en sí misma, un único concepto, una forma de vida....

1.- Qué descansada vida la del que huye.... (S.J. de la Cruz)

La llegada a Atrio es ya una sutil preparación de lo que viene. Ubicado en la plaza de San Mateo, cerca del Aljibe y con vistas a la iglesia de San Mateo, el de Atrio es, probablemente, uno de los edificios más singulares de nuestra arquitectura actual. Proyectado por los arquitectos Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla (Premio Nacional de Arquitectura 2003 y Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea “Mies van der Rohe” 2007), está planteado en dos alturas, más un sótano donde se ubica la bodega, “la joya de la casa”, y un espectacular ático con dos pequeñas piscinas que ofrece una privilegiada panorámica de la ciudad monumental y, más allá, de la sierra de Gredos y el castillo de Montánchez.

ATRIO
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El tiempo se detiene y recorrer su arquitectura es quizá la mejor forma de acercarse al proyecto Atrio. En la decoración sobresalen las más de un centenar de pinturas originales de artistas de la talla de Andy Warhol, Antonio Saura, Antoni Tàpies, Georg Baselitz, Candida Höfer, Gerardo Rueda o Thomas Ruff que cuelgan de sus paredes, y el mobiliario, de diseño danés, con sillas de Nanna Ditzel y Hans Wegner, sofás de Erik Jorgensen o lámparas de Arne Jacobsen.

Posteriormente uno conoce en persona a Toño Pérez y a José Polo, padres de Atrio y comienza a entenderlo todo. Amantes del arte, de la ópera, cultivados, cercanos... con esa tranquilidad intrínseca que otorgan las ciudades pequeñas y que transmiten a la perfección. Es en ese momento cuando eres consciente de que esa forma de vida que es Atrio te ha atrapado.

2.- Y ascender, como tú, vuelto en cristales... (Gerardo Diego)

Pasillos de granito negro y paredes de roble lacado en blanco dibujan a su antojo las inigualables noches y los particulares días; celosías de madera que protegen cristales que iluminan Atrio de forma sugerente y otorgan al espacio esa austera elegancia solo al alcance de unos pocos, de quien asume su distinción con naturalidad, de quien no requiere de artificios para impactar. El hotel dispone de catorce habitaciones, nueve dobles y cinco suites, todas ellas con grandes ventanales (incluso en los baños) y equipadas con todo lo necesario para no querer salir: bañera gigante y ducha de efecto lluvia, climatización individual, pantalla Apple con televisión y ordenador integrados y, lo mejor, camas tamaño King Size, con cuatro almohadas de plumas y sintéticas, sábanas de 500 hilos de algodón peinado y colchones americanos de máximo confort. Las amenities, personalizadas para el hotel, son de la boutique italiana La Bottega dell'Albergo y las toallas y sábanas de la firma milanesa Frette (de los mismos dueños de La Perla).

ATRIO8
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3.- Quizá el amor es esto: entregar una mano a otras dos manos (A. Gala)

Pero la filosofía Atrio quedaría incompleta si solamente habláramos de un espacio, de un inigualable espacio en el que "descansar" (con mayúsculas). Y aquí llega el nudo gordiano de esa forma de vida. El restaurante Atrio es sencillez y lujo a partes iguales, es renovación y clasicismo, es una cocina de raíces y de evidentes signos extremeños con guiños internacionales.

El restaurante Atrio es sencillez y lujo a partes iguales, es renovación y clasicismo, es una cocina de raíces y de evidentes signos extremeños con guiños internacionales

Cocina inclasificable, arriesgada a veces, firme siempre; gastronomía hedonista que hace vibrar a quien la prueba. La cocina de Toño Pérez apunta directamente al corazón. Los platos de Atrio hay que sentirlos, hay que vivirlos como parte esencial de la experiencia.

Volviendo al lado humano -creo que empiezo a divagar- detrás de todo , están ellos. Toño y Jose, Jose y Toño son de esas personas de las que uno desearía que estuviera el mundo lleno. Pasión, dulzura, cercanía... Creo que nunca me he sentido tan cómodo en un restaurante de ese nivel. Y lo más curioso es que lógicamente Atrio mantiene toda la exigencia y el rigor inherentes a un restaurante de dos estrellas Michelin, pero es esa elegancia discreta que bien podría plasmarse en aquella frase de Giorgio Armani de que la elegancia consiste no en ser notado, sino en ser recordado.

Hacer referencia pormenorizada a cada uno de los platos del menú sería tan injusto como infructuoso. Atrio es una experiencia que hay que vivir y cada uno de los platos que allí se prueban son instantes de felicidad que conforman la experiencia final. Instantes que como ese ceviche en dos tiempos o como esa careta de cerdo ibérico con cigala y jugo de carne quedarán para siempre en ese catálogo de mejores platos que uno va escribiendo en su interior.

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4.- “El vino siembra poesía en los corazones.” Dante Alighieri

Calificada como una de las mejores del mundo, la bodega de Atrio se ha trasladado al sótano del hotel, a una estancia circular donde reposan, en cajas de roble, unas de 35.000 botellas de 3.400 referencias procedentes de 20 países distintos. Entre ellas, auténticos tesoros de la enología como las verticales de Chateau Latour desde 1945, Chateau Margaux desde 1938, de Romanee Conti (incluyendo su Montrachet, del que sólo hacen 2.000 botellas al año), de Petrus desde 1947, Dom Pérignon desde 1966, Pingus o Vega Sicilia desde 1918. Y por supuesto, en un habitáculo aparte concebido como una auténtica “capilla Sixtina”, la joya de la casa, la vertical de Chateau d´Yquem desde 1806 hasta la actualidad.

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5.- Pero mudo y absorto y de rodillas.... (Gustavo A. Bécquer)

No hay mucho más (ni nada menos) que todo eso. Atrio es una forma de vida que hay que probar al menos una vez en la vida. Parar el reloj, olvidarse de la cotidianeidad, recorrer las callejas de Cáceres y recalar en ese caserón donde el tiempo deja de ser minutos y segundos y donde el hedonismo discreto se convierte en palpable realidad. Dejaos atrapar por el "espíritu Atrio" y os aseguro que la experiencia simplemente será perfecta.



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